5 de Octubre, 2006
Las novatadas estudiantiles, a la vuelta de la esquina
Llegó octubre, se abrió el curso universitario en Badajoz y los
estudiantes veteranos que ya están preparando las pruebas de "ingreso"
en la respectiva Facultad a los novatos, a los de primer curso. Como
los de Medicina, que la otra noche estaban reunidos en claustro
informal en la terraza del Bar La Aldaba --había, por lo menos,
cincuenta--, preparando las putadas que les harán pasar a los nuevos. A
los sin bata, que la bata es el elemento diferenciador por antonomasia
de la carrera de Medicina. Así que los veteranos, de tercero en
adelante, encantado de haberse conocido preparando las "pruebas".
Pruebas que harán en el campus
--en la sede de las Facultades no lo permiten-- y, al acabar, vendrán
en procesión callejera hasta algunos sitios céntricos de Badajoz, como
el paseo de San Francisco, la avenida de Huelva y la plaza de Santa
María de la Cabeza, entre otros. Y, tras dos o tres días de fiesta y
cachondeo por todo lo alto, celebrarán al final una sonada fiesta de
confraternidad, donde los novatos serán "recibidos" como miembros de
pleno derecho en el estudiantío universitario pacense. Estaremos al
tanto, que los novatos no duermen. Y los veteranos, menos, pensando en
las putadas que van a darles. Como vemos, el rito de paso, el ritual de
entrada se repite año tras año, les guste --que no les gusta-- o no a
los rectores y a las altas instancias de la Universidad.
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Joseph Enmanuel, cetrero de Al-Mossassa
Una de las figuras emblemáticas en toda fiesta medieval que se precie
es la del cetrero. Oficio antiquísimo, originario de las estepas
asiáticas, propio de príncipes y reyes y que está siendo recuperado
para disfrute de la ciudadanía. Y por eso tengo que traer aquí al
cetrero de Al-Mossassa, José Manuel Carrascal, uno de Jerez de los
Caballeros que ama apasionadamente a sus pequeñas aves de presa.
Durante su estancia en Badajoz, se trajo un buen lote de hermosos
cazadores alados, como serían los azores, los halcones (peregrinos,
sudamericanos y noruegos), los búhos (reales y nivales), etc. Y con
algunos de ellos haría diversas demostraciones al pie de la Puerta del
Capitel, con sus aves sembrando el pánico entre las grajillas y
cornejas de las alturas de nuestra Alcazaba. Y cómo las mima. Y cómo
las pone a la sombra. Y cómo las acaricia. Y cómo le siguen sólo con
mencionar sus exóticos nombres: --¡Aquí, Tirana! ¡Vamos, Benedict! ¡Pikachu, eh! ¡Goku! ¡Sátwa! ¡Venga, Min! ¡Graven, aquí! Y allá que las aladas cazadoras se posaban en su brazo, protegido con gruesos guantes protectores. Y
el caso es que, en manos de otros, a modo de prueba, que sólo con
hablar, sus aves se iban tras él. ¡Cómo conocen su voz! ¡Cómo le siguen! ¡Cómo saben quién es su amo! Y
José Manuel te cuenta y no acaba, todo un tratado ambulante de
cetrería. Que lleva en estos menesteres desde los 6-7 años, que ésta es
su segunda Al-Mossassa, que lleva hechos siete mercados medievales en
Extremadura sólo este año, que está muy ilusionado porque puede criar
halcones en cautividad dentro de nada, que sigue siendo
vicepresidente-secretario de la Asociación de Cetreros de Extremadura
(ACEEX), que, además, es taxidermista en su Jerez del alma, que allí
tiene una casa en el campo con un amplísimo jardín arbolado, donde prueba a sus
queridas aves... Y que se confiesa deudor de Félix Rodríguez de la
Fuente, el naturalista, ya desaparecido, que recuperó en España el arte
de la cetrería, olvidado hasta entonces. ¡Joseph Enmanuel, cetrero de Al-Mossassa, ha sido un placer verte por Batalyaws!
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F. R., el último trapero de Badajoz
Cuando me pongo mis gafas antropológicas, con sus lentes etnográficas,
a la hora de observar y registrar el comportamiento y la cultura de
nuestras gentes siempre dirijo mi mirada a los múltiples y variados
colectivos que conforman la vida ciudadana: sus grupos de edad, de
género, sociales, festivos, religiosos, vecinales, deportivos, étnicos,
etc. Pero, a su vez, no dejo de pasar por alto determinados
individuos, ejemplares atípicos y llamativos, que son la excepción que
marcan la regla. Y en esta ocasión tengo que manifestar mi debilidad
por los que están fuera o al borde del sistema, por los que llamamos
"locos", majaras, marginados, raritos siempre. Por lo general, personas
dotadas con una viveza extraordinaria para sobrevivir, que muchos
llamamos picaresca. Como es el caso de Francisco Rivero, F. R., el
último trapero de Badajoz. Tipo genialoide, delgado, de baja estatura,
de 55 años de edad, cuarenta como trapero. --Y trapero sigo, que nací el 16 de mayo de
1951 y vivo en la calle Las Peñas... ¡Alcatraz! --te dice de un tirón el menda. F.
R., con su piel ennegrecida de mil trabajos humildísimos, siempre va
vestido como un señorito, con su chaleco de cuero, camisa blanca
desabrochada, sus cadenas al cuello y sus colgantes de oro macizo, sus
anillos también de oro, sus gafas oscuras y su bastón de empuñadura de
plata. Y fumando Camel, tabaco de los caros, tal como un marqués venido
a menos. Y siempre rodeado de una camarilla que le rie sus gracias y
sus frases restallantes, todas ingeniosas y aceradas. Porque a la menor
excusa, como cuando pasa algún conocido, que le interpela a voz en
grito: --¡Viva la República! ¡Abajo el Gobierno! Y te cuenta que
empezó de pequeño con su padre, recogiendo cartones por el centro de
Badajoz en un carro, en burro y en una carretilla, pasando más tarde a
recoger chatarra en una furgoneta y luego en camiones. --¡Salud, libertad y compañerismo! --le espeta a otro amigo con quien se
cruza en la plaza Alta. Y
me sigue diciendo que los hermanos Rivero tienen un desguace en el
kilómetro 8 de la carretera de Cáceres, antes de Aprosuba-3. Y me da
una preciosa tarjeta, con el rostro de El Chico, de las películas de
Charlot, y estos datos: "Hermanos Rivero. Comprador de chatarra y
metales. Villa del Rey, s/n", con sus dos teléfonos y tres móviles,
tres. --¡Viva la República zapatista y abajo el Gobierno! ¡Viva la
Revolución! --sigue erre que erre saludando con vítores a quienes le
rodean al paso. Y cuando le digo que entre los colgantes lleva la cabeza de un toro bravo, no me deja terminar: --¡Es que soy el trapero de los cuernos de oro! ¡El único que lo dice! Y las risas se apoderan de sus contertulios, en especial entre los que van a sacarle un cigarrillo Camel.
RODRÍGUEZ IBARRA, MURALLERO --Pues
con tantos colgantes de oro, que veo otro del Ché Guevara aquí, esto es
una pasta --le meto los dedos-- ¿Y qué haces con tanto dinero? --¡Pues gastarlo, mira éste! ¡Viva la República! ¡Abajo el Gobierno! Pero, sin tiempo para sonreir, que va el tío y me dice: --¡Pues tú no sabías una cosa! --me espeta. --¿Qué? --¡Que Rodríguez Ibarra es un murallero como nosotros! --¿Cómo dices? --Sí,
uno del barrio, que él vivió por aquí cerca, dentro de la muralla,
donde vivimos tós nosotros --te explica a su manera--. Y ahora no sabes
otra cosa. --¿Cuál? --Que tengo 160 gatos. ¿Quieres algunos?, te los regalo. Pero
lo bueno viene cuando se acerca a otro grupo de amiguetes y les suelta
una de sus retahílas, sin parar. Como saco mis papeles para tomar nota,
que les dice a los demás: --¡Cucha éste, los papeles que tiene y lo deprisa que escribe, parece del Gobierno! Con que anoto la primera:
Sopitas de caracoles, la ollita sin hondón, nos haremos los compadres y ¡viva la Revolución!
--¿Quieres otra? --Venga.
Accionista, capitalista, terrateniente, cacique, rompeesquinas y tragaleches, y como comas una madalena, ¡un pescozón, que te
jodo!
Por hoy, basta. Así que cogemos el hato para irnos y nos para. --Vamos, que me has caído bien, que tú sabes mucho, ¡te invito a una cerveza! Y
allá que nos vamos y al final tengo que pagar yo la ronda. Y entonces
llegan otros marteses y le llaman la atención, momento que aprovechamos
para salir discretamente del lugar. Esto parece el martesado de Badajoz. ¡F. R., el rey de los marteses, el último trapero de Badajoz!
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Juan José Bajo manda un escrito al Avisador
Juan José Bajo Morales, Juanjo para los entendidos del arbitraje en el balonmano extremeño, me escribe la carta adjunta dándome las gracias por mi reseña Juanjo y Alberto. No hay de qué, Juanjo, que os tenéis merecida la medalla desde hace un montón de años, pitando a las yogurines, a los mozuelos y a los tios de pelo en pecho en Extremadura. Que había que llevar el trabuco preparado por si las moscas y los moscardones, antes de entrar en alguna que otra cancha. Que eso sí es tener afición. Mi enhorabuena y, ¡ale! a entrenar, que tenéis partido este fin de semana, tíos. Por la transcripción. __________________________________________
Estimado amigo:
Ya veo que eres el primer cronista oficial de nuestra ciudad, tan atento a todos los detalles que nos acontecen haciendo gala y dando muestras de cortesías. Fuistes la primera persona que nos felicitó de puño y letra por nuestro ascenso de categoría, así como otras muestras y presentes a lo largo de tu vida balonmanística que para las personas detallistas valoramos mucho. Por todo ello quiero darte las gracias una vez más por tus molestias en hablar bien de unas personas que desinteresadamente realizan las labores de "embajadores" de nuestra ciudad y a pesar de ir de "Quijotes" el nombre de Badajoz siempre está en nuestra boca intentando representar profesionalmente de la mejor forma posible la parcela que nos corresponde de nuestro bello deporte de balonmano. Es un honor para nosotros la insignia que vamos a recibir y una prueba más de que nuestra labor se es tomada en serio y reconocida. Gracias Pedro de corazón, espero verte pronto en nuestras canchas para darte Un fuerte abrazo.
JUAN JOSÉ BAJO MORALES
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