Juanjo y Alberto, Alberto y Juanjo, no son la última pareja de
cantantes de moda del pop internacional. Ni tampoco los últimos
fichajes del Club Deportivo Badajoz para recomponer su delantera, que
no le mete un gol últimamente ni al arco iris. No. Juanjo y Alberto,
Alberto y Juanjo son dos grandes árbitros de balonmano, por si no lo
sabéis. Y están de actualidad en Extremadura, y en Badajoz, su patria
chica, porque la Federación Extremeña de Balonmano les acaba de
conceder la medalla de plata al Mérito deportivo. Que llevan cinco años
tan pimpantes en la División de Honor B del balonmano español, una
categoría que está sólo un escalón por bajo de la ASOBAL, la mejor Liga del
mundo. Cinco años representando al balonmano extremeño por todas las
Españas, pitando como Dios manda tanto a los mozos como a las mozas.
Repartiendo justicia a todos por igual, fueran grandes y poderosos,
pequeños y humildes. Una pareja que lleva al arbitraje en las venas
desde que tienen uso de razón y a quienes conozco en Badajoz desde hace
la intemerata. Una pareja fetén que cuando sabías que pitaba a tu
equipo sentías la tranquilidad de que lo hacían los mejores. Y con
ellos en la cancha, hemos ganado --y perdido-- partidos importantes. Y,
al final, tutti contenti. Que, a veces, cuando terminaba el encuentro, decías:
--¡Ah!, ¿pero había árbitros?
Y
cuando las cosas se ponían feas, exhibían sus corteses modales de
gentleman a la primera y a la segunda, para sacar a la tercera el
pasaporte a la puta calle al que hiciera falta, por muy de ringorrango
que fuera su equipo.
Juanjo y Alberto, Alberto y Juanjo, son hoy el
espejo donde se mira toda la chavalería andante del arbitraje
extremeño. Por eso me he alegrado que a Juan José Bajo y a Alberto Jesús Benegas,
dos deportistas que se visten por los pies, dos amigos míos del
balonmano, la Federación les haya hecho justicia. ¡Va por vosotros,
Juanjo y Alberto, Alberto y Juanjo!