Conocida frase que se dice a modo de corolario o sentencia cuando algún
personaje o personajillo de la vida pública, del asociacionismo
cultural, deportivo o ciudadano, de la enseñanza y la sanidad en todos
sus ámbitos, de cualquier otro colectivo que se precie, decide
marcharse por su propia mano antes de que termine su mandato. O que no
se presente a la reelección, como es el caso reciente del presidente de
la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que hace unos
días dió el paso firme de irse a casa, después de 24 años ocupando el
máximo poder político en la Región, al final de su mandato, dentro de
unos meses. Retiradas, adioses que suelen causar sentimientos
contradictorios, según los bandos donde se perciban. Si es el de sus
amigos y correligionarios, serán de pena y tristeza. A pesar de que le
hayan cantado mil veces la sevillana del adiós, la sevillana que dice: "Algo se muere en el alma cuando un amigo se va, no te vayas todavía, no te vayas, por favor, no te vayas todavía...".
Pero seguro que el propio interesado, en su fuero interno, al sopesar
las razones de su marcha, se habrá acordado de la famosa sentencia:
--Nadie es imprescindible, todos somos importantes.
Y
en el caso de los rivales --políticos, personales, profesionales...--,
seguro que se habrán alegrado, encantados de haberse conocido, por lo
que supone de que alguno de ellos suba en el escalafón y ocupe el sitio
que deja el que dice adiós. "El que fue a Sevilla, perdió su silla",
que decíamos los niños en nuestros juegos. "Y el que fue a Badajoz, la
encontró", decían los más listos, los que se hacían dueños del mejor
sitio, la "silla" de marras. Y también dirán los rivales, los de dentro
y los de fuera, pero hipócritamente, con la boca chica:
--Nadie es imprescindible, todos somos importantes.
Las dos caras de la misma moneda, tan cierto es lo que dicen unos como
lo que manifiestan otros. Que cada uno ve las cosas según el color de los
cristales de sus gafas. La vida misma, colegas. Por eso, recordemos siempre:
--Nadie es imprescindible, todos somos importantes.