Mi amigo Cipri, por si no lo sabéis, es maestro de escuela. Aunque en
los últimos tiempos está dando clase a los zagales y yogurines del
Instituto Bárbara de Braganza, en Pardaleras. Y lo suyo son las
Matemáticas desde que hace casi tres décadas concidimos, con otros
excelentes compañeros, en el colegio Juventud.
Mi amigo Cipri
trata de meter las Mates entre ceja y ceja de nuestros muchachinos,
pero de manera divertida y original. Que lo suyo es contar, medir y
pesar todo lo que ve a su alrededor, el mundo y la vida tal cual. Que
dice el profe que las Matemáticas están en la vida misma. Que son la
vida misma. Que sólo hay que mirar y prestar atención.
Mi amigo
Cipri anda liado últimamente, parece que con la cuadratura del círculo.
No sé si le darán el Premio Nobel de Matemáticas, pero todo se andará.
Mi amigo Cipri, sacando tiempo de no se sabe dónde, se preocupa de
enseñar a otros profesores las cosas de las Matemáticas y forma parte
de la Federación Española de Sociedades de Profesores de Matemáticas y
de su Servicio de Publicaciones, del que es secretario, además, claro,
de la Sociedad Extremeña de Educación Matemática "Ventura Reyes
Prósper". Hombre inquieto, siempre ha estado metido en proyectos e
investigaciones sobre la materia, como una que recuerdo gratamente,
titulada Instrumentos y unidades de medida tradicionales en Extremadura,
en el que tuve el honor de colaborar. Tuvo un éxito extraordinario, con
premios y distinciones por un tubo, y la Exposición que se montó al
final recorrería media España y algunos lugares de Europa.
Mi amigo
Cipri, por si fuera poco, es un manitas y un hacha en Aeromodelismo.
Que le dan unas tablillas, una sierra de marquetería y un bote de cola
y te saca un avión a escala, haciéndolo volar y todo, con motor o sin
él. Y todo esto lo viene enseñando a sus alumnos desde que lo conozco,
de cuando los tiempos de Adolfo Suárez y "Libertad sin ira", que ya ha
llovido, ya.
Mi amigo Cipri, además, siempre me ha caido bien desde que nos
conocemos: me llama siempre Peter y cada vez que sacan un libro de los
suyos, lo primero que hace es enviarme un ejemplar. Siguiendo una nueva
obra de misericordia laica que está arraigando por estos lares: Dar un
libro al que lo ha de menester. Como el que me ha llegado esta mañana
por correo, recién salido del horno: ¿Es posible viajar con las Matemáticas?, del Grupo Vilatzara (Badajoz, 2006). Y antes de leerlo ya digo que sí, para sacar nota.
Pero
mi amigo Cipri tiene un defecto, sólo uno. Y es que, de vez en cuando
desaparece del mapa, se pierde por esas carreteras de Dios y no está ni
se le espera. Y es que es de Helechosa de los Montes, en la Siberia
extremeña, haciendo esquina con las provincias de Cáceres, Toledo y
Ciudad Real y rodeado por el fantástico embalse del Cíjara. Y allá que
se va con la parienta y, si pueden, con sus dos buenos mozos. Dice que
va a airear su casa solariega, pero a mí me da que se va a descansar
del mundanal ruido y, de paso y según las épocas, a ponerse tupío de
vino de pitarra con morcillas "del cura", chorizos "malditos" y
pestorejos en adobo. Y de salmorejo de peces de río asados a la brasa y
guisados con cebolla y vinagre. Y, si el cuerpo aguanta, que aguanta,
de "trabado" con pringue y torreznos y de gazpacho de la tierra, el ajo
blanco, "rico" o "pobre" según lleve nalgas de conejo asado, ancas de
rana o peces asados.
Mi amigo Cipri es Cipriano Sánchez Pesquero.