Llegó el Otoño a Badajoz y, como si estuviera todo predeterminado, las
hojas de los árboles de nuestros parques y jardines, plazas y avenidas,
que están empezando a quedarse sin hojas. Se está cerrando el ciclo
biológico de los vegetales por estos pagos y las hojas de nuestros
árboles, resecas y amarillentas, están alfombrando los bulevares y los
paseos, las calles y las plazas de la ciudad. Y ya hay movimiento en el
Servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento pacense, con operarios
y máquinas recogiendo la hojarasca del suelo. Este mediodía, al pasar
por San Francisco, que me veo a una cuadrilla de diez operarios de la
concejala verde, Cristina Suárez-Bárcenas, al lado de un camión y una
furgoneta, barriendo y echando las hojas caídas en unos enormes canastos
y de ahí, a los vehículos. La estampa parecía sacada de la vendimia en
las viñas colindantes a Badajoz, así como en la comarca vinícola por
excelencia de Extremadura, Tierra de Barros. Lástima que no estuviera
ningún pintor o fotógrafo local para reflejar la escena, que también
tiene su encanto. Pero había algunos matices que comentar. A un lado de
los vehículos los currantes verdes, barre que te barre, llenando cestos
y echándolos a los camiones. Eso sí, sudando la gota gorda y con las
camisolas empapadas de sudor. Y al otro, cuatro operarios de edad,
entrados en carnes, y alguno con un bastón, de palique y compadreo. Y
nada de camisas sudadas ni sucias, relucientes. ¡Tate, los jefes y
jefecillos del Servicio!
UNA LIMUSINA CON ATAUD
Pero es que reinicio mi marcha y al final de la calle Larga, en las
traseras de Zara, pero junto al paso de peatones que da a Hacienda, que
me veo como aparca una limusina azul, una imponente Mercedes Benz, ¡con
un ataúd de pino dentro, pero sin fiambre ni coronas! Toco madera y veo que es de la
Funeraria Correa, uno de cuyos conductores había aparcado allí tranquilamente para recoger
la documentación en la oficina de la empresa, con entrada por la calle
Menacho. Y me olvido de las hojas caídas, de los operarios verdes, de
sus jefes y jefecillos y de la madre que los parió. Y mis recuerdos se
van para un paisano o paisana que acaba de decir adiós a este valle de
lágrimas, un convecino al que se le han caído, por cierto, todas las
hojas en este comienzo de Otoño del año del Señor de 2006.Que la tierra te sea leve, hermano.