24 de Septiembre, 2006
El Guadiana, según Lorenzo Jota Blanco
Mi buen amigo Lorenzo Jota Blanco, inquieto profesor de Matemáticas de la UEx y
concejal socialista en el Ayuntamiento de Badajoz, al hilo de la fiesta
Mira al Guadiana, me manda uno de sus interesantes artículos, en esta ocasión sobre el
río y sus posibilidades en Badajoz. Dado su interés, con mucho gusto lo
publicamos. Aquellos que queráis seguir la trayectoria comprometida de Lorenzo Jota con Badajoz y leer sus ponderados trabajos, no en balde es matemático, podéis visitar su página web: www.lorenzoblanco.com. Gracias, colega, por el detalle. Sabía que eras bueno, pero no tanto. De nada. A mandar. Por la transcripción. __________________________________
Y, en el Guadiana, ¿por qué no?
Lorenzo J. Blanco Nieto (*)
Las
vacaciones brindan oportunidades para pensar, viajar lo que nos permite
admirar la evolución de las ciudades. Así, este verano he tenido la
ocasión de visitar tres ciudades que se caracterizan, entre otras
cuestiones, por tener un río que las atraviesa. Valencia, ligada al
Turia, Berlín al Spree y Valladolid atravesada por el Pisuerga, al que
está unida hasta por un dicho popular. Las tres ciudades han conseguido
integrar el cauce del río en el desarrollo de la ciudad dándoles, en
cada caso, soluciones diferentes. Pero el resultado en todas ellas es
el aprovechamiento del espacio para disfrute de los ciudadanos y sana
envidia de algunos de sus visitantes, al menos éste era mi caso.
Cada
solución es diferente porque los contextos y la historia de cada ciudad
así lo sugieren. Por ello, no se trata de transplantar ninguna de las
propuestas a nuestra ciudad de una manera lineal, pero si de asumir la
necesidad de aprovechar las enormes posibilidades que tenemos al contar
con tres ríos en Badajoz, uno de los cuales, el Guadiana está, además,
ligado al origen de nuestra ciudad y a la historia personal de muchos
de nosotros.
En
el primer caso, optaron por desviar el cauce del Turia y aprovechar
toda la enorme extensión que se generaba para diseñar un espacio que ha
sido ocupado por parques, paseos, carriles bici, auditorios, pistas
deportivas y dotaciones diversas, . . . dando a los ciudadanos de
Valencia un lugar donde disfrutar de su ciudad posibilitando realizar
diferentes aficiones según su edad o situación personal.
El
agua que corre por la ciudad de Berlín fluye por diferentes canales que
posibilitan recorridos en barco y, así, disfrutar de las vistas
maravillosas que esta moderna ciudad nos muestra. La canalización de
sus aguas permite la ocupación de sus orillas con espacios públicos y
privados que pueden ser disfrutados en diferentes épocas del año.
Pueden disfrutar incluso de playas artificiales para tomar el sol en
verano y disfrutar de espacios similares a los deseados chiringuitos.
El
tercer ejemplo, probablemente sea el que más se nos puede asimilar por
la similitud del cauce del Pisuerga, a su paso por Valladolid, con el
Guadiana, a su paso por Badajoz. El río está totalmente integrado en la
ciudad y la solución propuesta ha sido ambiciosa y su resultado
extraordinario. Como consecuencia de la actuación realizada los
ciudadanos de Valladolid pueden hoy disfrutar de parques y paseos
tranquilos, de una maravillosa playa en el centro de su ciudad
realizada con arena blanca importada, de espacios deportivos al aire
libre, de carriles bici que pueden ser disfrutados también por los
visitantes que se atrevan a alquilar las bicicletas en los sitios
especializados para ello, etc.
La
comparación con Badajoz era inmediata ya que nuestro deseo es construir
una ciudad mejor cada día. Y de la comparación surge la envidia sana
puesto que muchas de las soluciones que se han dado en estas ciudades
son posibles en la nuestra. Además, las actuaciones llevadas a cabo no
requieren, en la mayoría de los casos, inversiones altas. Estoy
convencido que se necesita voluntad, y también mucho sentimiento.
Probablemente, sea al revés, y lo primero que se requiera sea mucho
sentimiento, como elemento para provocar la voluntad.
Para
aquellos que jugamos durante mucho tiempo junto y en el Guadiana, que
nos permitió aprender a nadar en nuestra infancia, o que nos enamoramos
en sus orillas, el Guadiana tiene un valor
incalculable. Pero, además, como paraje natural extraordinario no debe
ser ajeno al desarrollo de nuestra ciudad ni a las diferentes
actividades lúdicas, culturales o económicas que los pacenses
desarrollemos en el futuro. Es indudable que el gran espacio libre que
supone el cauce del Río Guadiana debe ser aprovechado a modo de Calle
Mayor que permita una propuesta armónica y coherente con todo tipo de
actividades necesarias para crecer de manera integral. Es necesario
recordar que de la prolongación de esa calle mayor surgirían dos
avenidas llamadas Rivilla y Calamón que, a su vez, deberían tener
dotaciones necesarias para cumplir funciones similares a las
mencionadas.
La
recuperación de estros tres ríos debe implicar además de su
adecentamiento para el desarrollo de las actividades como las
mencionadas anterioremente, un intento de recuperar especies vegetales
autóctonas, elementos históricos como el Molino de la Tarasca, que nos
permitan identificarnos con nuestro pasado.
Son
pocas las ciudades que tienen el lujo de ser cruzadas por un río amplio
como el Guadiana. Por ello, considero que la ciudad no puede vivir de
espaldas a su río, porque eso es tanto como olvidar la historia de la
ciudad y nuestra propia historia personal.
Es
evidente que las costumbres actuales no son las mismas que teníamos
hace 30 ó 40 años. Por lo tanto, la nostalgia de nuestra infancia en
relación a los baños y juegos en el río debe llevarnos a plantearnos
como objetivo su recuperación, pero desarrollando actividades propias
de la época actual que puedan ser atractivas a los ciudadanos del siglo
XXI, como lo son las soluciones propuestas en esas tres ciudades
visitadas, y que se dan también en otras ciudades que tienen una
situación similar a la nuestra.
Dado
que en nuestra ciudad disfrutamos de sol y buen clima la mayor parte
del año, consideramos que el gran espacio que nos abre el cauce del río
podría convertirse en: un gran parque que facilite disfrutar de su
panorámica y de su entorno, pasear andando o en bici; espacios
específicos para la práctica deportiva diversa (fútbol sala,
baloncesto, patinaje, . . . ); espacios específicamente diseñados para
actividades lúdicas y culturales y finalmente, admitir la posibilidad
de servicios dotacionales integrados en su paraje.
Los
ciudadanos de Badajoz hemos demostrado que existe una repuesta masiva a
cualquier iniciativa que se plantea en el entorno del río, y creo que
no me equivoco cuando digo que la recuperación de nuestros ríos,
especialmente, el Guadiana es una de las necesidades más sentidas de
todos los pacenses. ____________________
(*) Es profesor de la Universidad de Extremadura y concejal del Grupo Socialista en el Ayuntamiento de Badajoz
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Mira al Guadiana, hoy en el Paseo Fluvial
Hoy,
domingo, si el tiempo se comporta, serán miles los pacenses que vuelvan
sus ojos y sus pasos al río. Es la IX edición de la fiesta Mira al Guadiana,
con un sinfín de actos lúdicos y culturales desde las 10 de la mañana
hasta el ocaso, este año con el eje vertebrador de los juegos, los
tradicionales y los modernos, los de nuestra infancia y los de diseño,
en especial, los de mesa. Una fiesta que arrancara el 1 de mayo de 2002
y que tiene la particularidad de celebrarse dos veces al año, una en primavera y otra en otoño. Desde ese
año sólo se ha suspendido en una ocasión, precisamente por el mal
tiempo y fue en otoño de 2005. El lugar será el de costumbre, el
Paseo Fluvial, en la zona comprendida entre el Embarcadero y el Puente
de la Universidad. Llevarse a los más pequeños de la casa y a los
abuelinos. Y la máquina, además de pasta para tomarse unos pinchos
morunos, unos tacos de tortilla y unas cervezas a mediodía, claro. Pero
vamos a ver, ¿qué sabemos del Guadiana? ¿Os acordáis?, que no os
acordaréis, que hace la intemerata que dejásteis el cole... Pues aquí
os repaso una descripción sucinta del río. Haced que se la aprendan
vuestros zagales entre juego y juego, anda.
El
río Guadiana, el cuarto más largo de España, nace en las lagunas de
Ruidera (Ciudad Real) para desaparecer y aparecer más adelante en los
llamados “Ojos del Guadiana”, atraviesa
la submeseta Sur entre los Montes de Toledo y Sierra Morena, pasa por
Mérida y Badajoz, formando frontera con Portugal, y desemboca, tras 818
Km. de recorrido, en el Océano Atlántico por Ayamonte (Huelva). El
curso del Guadiana, un río de aguas tranquilas, salvo cuando se sale de
madre, discurre parsimoniosamente por tener poca pendiente, lo que hace
que el río inunde en algunas zonas terrenos llamados "tablas", de gran
interés ecológico. Sus principales afluentes son, por la derecha, el
Záncara, el Cigüela y el Gévora, y por la izquierda, el Jabalón, el
Zújar y el Matachel. A destacar los embalses que coronan su curso alto,
el Cíjara, el García de Sola y el de Orellana, así como las presas del
Zújar y de La Serena, estas últimas regulando el curso del Zújar, su
principal afluente por la izquierda.
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Antonia, la pedigüeña de los papeles
El paisanaje de Badajoz, en su diario devenir por calles, plazas y
rincones, se ve interpelado frecuentemente por gente de lo más
variopinta. Gente marginal, drogata o extranjera que, a la búsqueda de unas
monedas para sobrevivir o pegarse un chute, no cejan en su empeño de
buscarse la vida como sea, y si los paganos son otros, mejor. Y entre
estos personajes hay una mujer que me llama la atención porque, erre
que erre, lleva la intemerata --veinte años pueden ser-- pidiendo en la calle, y con papeles
por medio. No como otros, que te piden "a pelo", sin justificar ni
nada, por la cara. Y me estoy refiriendo a Antonia, una gitana mayor,
entrada en carnes, descuidada en el vestir, que, con un manojo de
papeles en las manos asalta a cuantas personas encuentra a su paso en
las zonas más céntricas de Badajoz. Y la conocemos desde que pedía a la
entrada de la iglesia de Santo Domingo. Años y años duró allí, siempre
con sus papeles en la mano, interpelando con cara de lástima a los que
entraban o salían de misa. Y estos papeles son de lo más variopinto: un
montón de recetas que le ha prescrito el médico del Seguro de
Enfermedad, facturas del Servicio de Aguas, otras de la Compañía del
suministro eléctrico, recibos de algunas pequeñas obras en su casa, facturas de esto y facturas de lo otro. Y siempre
pidiendo algunos euros para pagar las recetas médicas, cuando son
gratuitas, o, en su defecto, presentándote un envase vacío de un
medicamento y pidiéndote ayuda porque el médico le ha prescrito esas
pastillas o ese jarabe y tiene que comprarlo. Que es mentira, claro.
Fue a la farmacia a por la receta, se la despacharon, quitó el frasco o
el tubo y se fue por ahí a sacar algo con el envase. De cartilla de
colegio para pedigüeños. Y se nos ha dado el caso de que en alguna
ocasión hemos picado, le hemos dado un buen puñado de euros para ayudarle a
pagar un recibo de la luz, que se la cortaban, que la cosa era angustiosa, y a las pocas
semanas que nos ha vuelto a pedir... ¡con el mismo recibo! ¿Se lo
habían pasado dos veces? Otro rollo macabeo más. Y el problema es que no
vale que le digas ve a Cáritas, que ahí te ayudan, ni al comedor de
indigentes de Ntra. Sra. de la Acogida, en Martín Cansado, por ver si
le echan una mano y le dan de comer caliente, ropa limpia, etc. Pues nada de nada. Que lo suyo es
pedir y pedir contando trolas, que ya no se las cree ni un niño de teta. Y
es una desgracia lo de Antonia, porque nos ha contado en alguna ocasión
que el sida se llevó a uno de sus hijos, lo que aprovechaba para darnos
un repaso de todas sus males y dolencias. Unas veces es el estómago,
otras, el corazón y otras, las piernas. --Pues aquí tiene lo que me
ha mandado el médico --te dice siempre la gitana pedigüeña,
enarbolando sus papeles y sus envases vacíos. Y, claro, como remate
de los tomates, que si le damos algo. Y siempre nos mira con mala cara
cuando la patronal, que la conoce de cuando sus niños pequeños iban al
colegio de San Pedro Alcántara, le dice que por qué no se pone a
trabajar, a limpiar por horas por las casas.
¡Antonia, hija, nadie tiene culpa de tus problemas, pero ponte a trabajar de
una puñetera vez, que el trabajo no perjudica a la salud y no nos
cuentes más trolas con tus papeles!
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El encanto de los chascarrillos populares
El
lenguaje cotidiano del pueblo llano, el que usan las clases modestas
e iletradas, junto con las medias, el opuesto al que emplean las cultas
y académicas, propio de los sectores burgueses y adinerados, está repleto de
frases y expresiones populares que se vienen transmitiendo de
generación en generación por tradición oral. Y, como consecuencia de su
vitalidad, estos dichos, refranes, poesías, chistes y sentencias
populares, con
el paso del tiempo, se vienen recreando, adaptándose a las
circunstancias
de cada momento, aportando nuevos vocablos y giros, cambiándolos por
otros, retocándolos, suprimiéndolos, etc. Y como toda producción
popular que se precie, no tiene autoría conocida. Es anónima, viajando en el espacio y en el tiempo. Contándose y volviéndose a contar infinidad de veces aquí, allí y más allá, con las peculiaridades personales que aportan sus narradores. Como es el caso de
un jocoso chascarrillo que
he recogido en dos versiones, referidos a los jefes de Gobierno que ha
tenido España desde Franco, que, desde luego, provocará la sonrisa. La
primera viene grabada en una placa de
cerámica decorada del Bar-Restaurante Jaraque --que está repleta de
ellas, por cierto--, establecimiento especializado en carnes a la
brasa, propiedad de Augusto Flores y sito en el nº 13 de la carretera
del Rincón de Caya. Recogida hace unas fechas, dice así:
Cuando mandaba Franco, todos teníamos dinero en el banco. Cuando mandaba Suárez, letras a pares. Cuando mandaba Calvo Sotelo, todos al suelo. Y con Felipe, todos a pique.
Y la segunda la he tomado de viva voz de mi
amigo el pintor bohemio pacense Paco Morán, aficionado a sazonar sus
conversaciones con este tipo de sentencias y dichos populares, y anotada poco
tiempo después de la primera. Y dice así:
Cuando Franco vivía, siempre llovía. Vino Suárez y tragaperras en los bares. Con Calvo Sotelo, todos al suelo. Vino Felipe y todos a pique. Llegó Aznar y todo sigue igual. Y vino Zapatero, y de nuevo al agujero.
Posiblemente muchos de vosotros conozcáis tropecientas versiones
similares que amplían, recortan o modifican las dos que anoto aquí. Lo
que
vendría a confirmar la vitalidad y el encanto de estos materiales de la
tradición oral española, recogidos aquí, en Badajoz, tierra de Dios,
donde se acuesta uno y amanecen dos, y si tarda en amanecer, tres.
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