8 de Septiembre, 2006
Día de Extremadura en Badajoz
Hoy, día de Extremadura, en Badajoz, al igual que en todos los pueblos
y ciudades de la Región, ha habido actos conmemorativos de la
efeméride. Y, como viene ocurriendo desde 1993, el Ayuntamiento pacense
ha programado diversos actos entre hoy y mañana. Y este mediodía ha
habido dos actos de impronta musical en el paseo de San Francisco, con
la actuaciones del Grupo de Bailes y Danzas tradicionales Nuestra
Señora de la Soledad, de Aceuchal, a las doce, y la Banda municipal de
Música de Badajoz, al mando de su director, don José Calatayud, una
hora más tarde. El grupo de Aceuchal interpretó divinamente diversas
canciones del rico folklore extremeño y la Banda pacense, distintas
composiciones populares, sobresaliendo la Jota de la Siberia extremeña,
de Bonifacio Gil, conocido folklorista y director que fue de nuestra
Banda, y un par de ellas del que también fuera prestigioso director de
la misma, José Albero Francés. El acto, que fue dirigido por nuestro
ínclito Emilio González Barroso, concluyó con la interpretación del
Himno de Extremadura. Muchísimo
calor, sofocante y húmedo en esta ocasión, con presencia de muy poco
público. La mayoría había desertado de la ciudad, camino de las
cercanas playas mediterráneas y atlánticas. Los veladores de los dos
kioscos, sin embargo, ocupados hasta las trancas. Como representante
del Ayuntamiento sólo vimos a la concejala de la cosa festiva, Consuelo
Rodríguez Píriz. Y del resto, si te he visto no me acuerdo. Eché en
falta sillas para el público, por lo que mucha gente se tuvo que quedar
de pie, bajo los árboles, o sentados en los arreates y bancos del
paseo, como el abajo firmante y la patronal. Si esto no se remedia,
para el próximo año, como en mi pueblo cuando era chico, me llevo un
par de sillas de casa. También eché en falta una gran bandera extremeña
decorando el palacete de la Música, lugar donde actuaron las dos
agrupaciones. Y, por faltar, el himno sólo lo cantamos cuatro gatos.
Nuestro Emilio, desde el micro, y tres que estábamos bajo un árbol. Y
es que el himno de Extremadura, ese tan bonito quer arranca con Nuestras voces se alzan,/ nuestros cielos se llernan,/ de banderas, de banderas,/ verde, blanca y negra, pues, como decía, me parece a mí que no se lo sabe nadie. Corrijo, sólo cuatro gatos.
CONCURSO DE PINTURA, EL 9 Y,
mañana, más, con el esperado Concurso de pintura, donde se espera una
nutrida concurrencia de pintores, aficionados y profesionales, además
de locales, de allende nuestras fronteras. Se iniciará a las 9 de la
mañana y concluirá a las 20,30 horas en el paseo de San Francisco. Los
lugares elegidos para pintar serán diversas plazas y rincones del Casco
Antiguo de Badajoz, como las plazas Alta y de San José, además de las
de España, Minayo y San Paco. Y para animar el cotarro, habrá
actuaciones en los intermedios. A las 12,30 horas, la de José Mateus y
Pedro Martínez, y a las 20, la del grupo A noite da dávida, con música brasileira. Todo, en el palacete de la Música.
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¡Las marismas de Badajoz!
Badajoz, la capital del SO peninsular, tierra adentro, no tiene mar ni
playa. Aunque todo se andará, tiene marismas. ¡Si es que lo que pasa en
Badajoz no pasa en el resto del mundo mundial! Unas marismas donde la
gente lo pasa divina de la muerte, refrescantemente bien por la mañana,
a mediodía y por la noche. Y se trata, sencillamente, del Bar-café La
Marisma, en el pasaje que une la avenida de Fernando Calzadilla con las
calles Zaragoza y Fuerte. En un pasadizo con escalinatas, con la gente
sentada ricamente en los veladores, tomando el fresco, el desayuno, las
tapas del mediodía o la cervecita de por la noche. Con desayunos
mañaneros de todo tipo y condición, a base de tostadas con aceite y
ajo, cachuela, paté, lacon, roquefort y catalanas varias. Y con tapas a
mediodía de las más variopintas y a precios para todos los bolsillos.
Un bar marismeño, eminentemente urbano, rodeado de cemento armado por
todas partes, pero, por lo que parece, la gente se apalanca allí todos
los días, encantada de haberse conocido. Para los que quieren darse un
garbeo, está entre Sonido Rubio y la zapatería Roberto, en la misma
avenida. ¡Ah!, se me olvidaba, se permite fumar en el local.
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¡Gasolandia!
Mientras media España celebra con fiestas y regocijos el triunfo de
nuestra selección absoluta de baloncesto en el reciente Mundial de
Japón, cuando los premios y los títulos honoríficos van engrosando la
cosecha triunfal de nuestros nuevos héroes deportivos, quiero exponer
algunas reflexiones sobre el particular. Porque, por encima de este
resultado histórico --70-47 frente a Grecia, por la medalla de oro--,
con España en la élite deportiva codeándose con las grandes potencias
del mundo mundial, este triunfo viene a revalidar la imagen de un país
culto, avanzado, moderno y capacitado para las grandes empresas. En
este caso, las deportivas. En el último cuarto de siglo, coincidiendo
con los años de la democracia, España ha dado un cambio abismal en
materia deportiva. No la conoce ni la madre que la parió. Nada más que
comparar las instalaciones que había hace 25 años con las que hay
ahora, a los números de licencias de practicantes y a las modalidades
deportivas en ejercicio. Fruto, en mi opinión, de la conjunción de
acertadas políticas sociales, educativas, saludables y culturales. Y
nuestros deportistas, salvo las excepciones que confirman la regla, han
ganado en todo: peso, talla, volumen y, lo que es mejor, en valores. Y
es que, si miramos el panorama deportivo en nuestro derredor, España
cuenta con grandes éxitos mundiales, olímpicos y europeos en las más
variadas disciplinas: además del baloncesto, el balonmano, la gimnasia
rítmica, el waterpolo, el hockey sobre patines, el paralímpico, el
atletismo, el motociclismo, el automovilismo F-1 y el tenis, entre
otros deportes populares. El deporte de antaño, basado en las gestas
deportivas de grandes individualidades --Federico Martín Bahamontes,
Guillermo Timoner, Manolo Santana, Seve Ballesteros y Ángel Nieto, por
poner unos ejemplos--, ha dado paso al triunfo de la colectividad, al
éxito del conjunto. Nuestra asignatura pendiente, el juego colectivo,
el juego en equipo, está dando sus frutos, con triunfos sonados en
hockey sobre patines, tenis, fútbol-sala, balonmano y, ahora, en
baloncesto. Caso contrario del fútbol, el deporte de masas por
excelencia en España, con grandes resultados en las selecciones
inferiores, pero con un equipo nacional absoluto sin rumbo y con unos
jugadores a los que el dinero, la fama y las pamplinas se les han
subido a la cabeza. El fútbol en nuestro país, un gigante desnortado,
un deporte con una grandísima base pero sin un referente claro que
seguir, tiene en el baloncesto de Gasol y compañía donde mirarse. Los
triunfos del hockey, del fútbol-sala, del balonmano y del baloncesto,
por otra parte, no son más que la punta del iceberg de unas
organizaciones que agrupan a miles de deportistas y practicantes de
todas las edades, sexo y condición, especialmente entre nuestros niños
y jóvenes. Por lo que el éxito lo tendrán asegurado siempre.
GRACIAS Gracias,
Gasol, Calderón, Navarro, Garbajosa, Pepu Hernández y compañía por el
ejemplo que habéis dado de equipo, de compañerismo, de amor propio, de
capacidad técnica, de superación ante la adversidad, de sencillez, de
humildad... Habéis enganchado a millones de españoles al baloncesto, ¡y
de qué manera! Habéis hecho de España Gasolandia. ¡Estamos orgullosos
de vosotros, muchachos!
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