He dicho bien. El Gordo de Navidad, disfrazado de orondo Papá Noel, con
sus botorras y tal, paseándose por Badajoz, a la vista de la
concurrencia en muchas marquesinas de las paradas de nuestros autobuses
urbanos. Con la caló que está haciendo --los hemos visto a finales de
agosto, oiga--, ya tiene bemoles ver carteles enormes del Gordo --he
dicho del Gordo, no del Calvo--, con su ropaje rojo, ribeteado de
armiño, repartidos por media ciudad. ¡Si es que dan ganas de salir
corriendo y emigrar a Sebastopol! Pues ahí los tenéis, con sus mensajes
y todo:
¿Y SI CAE AQUÍ
EL GORDO DE NAVIDAD?
Y un pelín más abajo:
Ya hay Lotería de Navidad.
Y bajando un poquito más:
Lotería Nacional.
Que la suerte te acompañe.
Y ya el remate de los tomates:
No te vayas sin tu décimo
¿Para salir corriendo o no? ¡Y a cuatro meses del sorteo, el 22 de diciembre!
Cuando
digo salir corriendo quiero decir echarnos al monte, trabuco en mano,
por si aparece el Gordo de marras por allí. En legítima defensa de la
propia salud mental. Pues ya hay gentes en Badajoz corriendo y haciendo
colas en las administraciones de Loterías y Juegos de azar. Y en los
quioscos de la ONCE. ¡Y en las tiendas de pollos asados, pimientos y
patatas fritas, a mediodía! ¡Que la andorga hay que llenarla cada día,
oiga!
EL "ISISMO"
¡Nos
están tomando el pelo otra vez con la famosa filosofía consumista del "isismo"! ¡Y la gente, cayendo como ciquitraques! ¿Y si cae el Gordo aquí? ¿Y si me toca la Lotería del Niño? ¿Y si me toca el cuponazo y la Primitiva? ¿Y si echo una quiniela y acierto? ¿Y si llamo a ese 902 y me regalan un coche? ¿Y si
le compro a ese señor que no está en sus cabales su caja llena de
billetes y me hago rico, riquísimo? Y la gente, erre que erre,
dejándose comer el coco, esperando milagros... sin dar un palo al agua.
Pues yo, de milagros, sólo conozco el trabajo y el esfuerzo de cada
día. Que ya lo dice el sabio refranero: "La mejor lotería, el trabajo
de cada día".