4 de Septiembre, 2006
¡Así está la plaza en mi barrio!
Este mediodía salí a los recados de cerca al "centro comercial abierto"
de Santa Marina alta, el comprendido entre las calles San Isidro,
Rafael Lucenqui, Francisco Luján y aledaños. Había que proveerse de las
frutas y hortalizas necesarias para la dieta mediterránea en esta época
veraniega que todavía se alarga, base de ensaladas, gazpachos y demás.
Por lo que, provisto de mi carrito de dos ruedas a tracción manual
--nada de segway ni otras mariconadas--, me metí en dos de mis
fruterías de referencia, la de Pepe, en la calle San Isidro, y La Pera,
en Rafael Lucenqui. Y, mirando aquí, preguntando allá y cogiendo en
bolsas acullá, fui llenando mi morral ambulante con un poco de todo. Y
me hice el avío para una semana, pero hay que llevar pasta por un tubo
si quieres llenar el frigorífico. Y es que te puedes quedar allí un ojo
de la cara y parte del otro. Por lo que os cuento cómo está la plaza en
mi barrio:
Tomates medianos, 0,49 euros el kilo (no está mal) Tomates de pera, 0,69 (caros, que son de las Vegas del Guadiana que se cogen en Talavera, Montijo y alrededores) Tomates grandes, 1,25 (te entran por los ojos, pero tienes que pagar derechos de imagen) Cebollas añejas, 0,69 (las frescas, un disparate) Pimientos italianos, 0,99 (los otros, los españoles, a... ¡2,25!, prohibitivo) Lechugas, dos, 1,99 (otro disparate) Melones piel de sapo, 0,49 (bien) Sandías de rayas en La Pera, 0,39 (en Pepe, 0,45) (buenos precios) Naranjas, 0,99 Manzanas, 0,99 Melocotones rojos, 0,99 también (muy buenos, se comen sólo con verlos; lo del 0,99 es el truco del almendruco de no ponerte 1 euro y creas que te ahorras algo)
Pues así está el patio en mi barrio, que no es particular, que, cuando llueve, se moja como los demás.
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Chema Corrales escribe al Avisador
Chema Corrales, Director general de
Acción Cultural de la Junta de Extremadura, me manda el correo adjunto,
en respuesta a mi panfleto del 11 de agosto pasado, en que hacía
relación al menda. Y, como se puede comprobar, que el tío se sabe las
cosas del Avisador, y uno sin saberlo. ¡Gracias, don Chema! ¿Para
cuándo has dicho lo del "tranquilo vino"?
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Querido Pedro agradezco que hayas sido capaz de animar el primer día de mi vuelta al trabajo.
Soy
conocedor de tu blog y lo visito con cierta frecuencia, me resulta
interesante ver la forma en la que tu reflejas la vida de esa ciudad (
Reino de Badajoz) y esta región, que tan magníficamente conoces y
defiendes.
Espero que en mi próxima visita a Badajoz podamos sustituir "el fugaz saludo" por un mas tranquilo vino.
Un abrazo
Chema Corrales
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Comenzó el curso con escándalo
¿Qué curso va a ser? ¿El escolar? ¿El universitario? ¿El judicial?
¿El religioso? ¿El de los Hogares de Pensionistas? ¿El de la caza y
pesca? ¡El político! ¡Si es que no falla! ¡Un año sí y al otro,
también! ¡Si es que nuestros políticos se comportan como niños! Resulta
que la Academia de Jóvenes Líderes locales estaba reunida uno de estos
días atrás en Mérida, con asistencia de un buen número de
representantes de todos los pueblos y ciudades de Extremadura. Y se
había organizado una trifulca de padre y muy señor mío entre los
presentes. A la izquierda estaban los mozarrones que llevaban el jersey
rojo del PSOE, todos muy majos, guardando la compostura, con caras de
no haber roto un plato y tal. A la derecha, los mozuelos y las
mozuelas del PP, con sus jerseys azulados, descompuestos, tirando
bolitas y chinatos y haciendo cortes de mangas a los rojillos. Y al
fondo, donde apenas se veían, se situaban los cuatro gatos de IU, más
gritones e informales que nadie, vistiendo jerseys distintos cada uno.
Y alguno, ni eso, descamisado, como Manolín Sosa. Los profes, don
Ignacio Sánchez, doña Dolores Pallero, don Manuel Amigo, don Francisco
Muñoz, don Luis Vázquez de Miguel, don Guillermo Fernández y don José
Luis Quintana, entre otros, se desgañitaban para poner orden en la
clase. Algunos jovenzuelos de la derecha, como Miguelín Celdrán, de
Badajoz, Pedrito Acedo, de Mérida, Pepe Luis Díaz, de Plasencia, Cristi
Herrera, de Badajoz, Fernandito Molina, de Mérida, Andresín Nevado, de
Cáceres, Pepito Monago y Antoñito Ávila, los dos de Badajoz, no paraban
de tirar bolitas y aviones de papel, además de hacerles burla con la
lengua, a los que se sentaban en los bancos de la izquierda, como
Ramoncín Rocha, de Olivenza, Josemari Ramírez, de Almendralejo, Manolín
Pizarro, de Zafra, Carmencita Heras, de Cáceres, Pepe Ramón Suárez, de
Badajoz, Angelito Calle, de Mérida, Pepito Santiago, de Los Santos de
Maimona, y Ramoncín Ropero, de Villafranca de los Barros. Éstos, que no
eran mancos, les hacían los cuernos con los dedos y se llevaban el
índice de sus manos a las sienes. La algarabía y el griterío aumentaban
sin cesar, ante la desesperación de los profes, que se veían
desbordados. Por lo que decidieron llamar urgentemente al señor
director, a don Juan Carlos R. Ibarra. Llegar éste, lo primero que hizo fue dar un palmetazo reglamentario en la mesa que tembló el misterio, dando una orden tajante: --¡¡Se callen y se sienten, coño!! Y
los alumnos, al ver la autoridad que emanaba de este profesor de pelo
canoso y barba blanquecina, cerraron el pico, dejaron las perrerías que
estaban haciéndose y se sentaron en sus pupitres. --A ver, señoritas
y señoritos, compañeras y compañeros, vamos a hablar del trabajo que
les mandé para las vacaciones. Los de la izquierda no hace falta que lo
presenten, están todos aprobados, en virtud del artículo 5º de la Ley
de Chanchullos, Triquiñuelas y Martingalas de esta Comunidad. Una atronadora ovación y gritos de
¡Viva el señor director!, ¡Illa, illa, illa, el dire, maravilla! y ¡Se
nota, se siente, el dire está presente" salieron unánimemente de ese
sector. --Y los de la derecha, a ver, ¿quién lo ha hecho? --inquirió el preboste, mirando a este tendido. Tras un silencio sepulcral, en el que no se oía una mosca, que va uno de los azulines y alza tímidamernte la mano. --A ver, señorito Josemari Saponi, ¿ha hecho usted algo?, enséñemelo --intervino el jefazo. --Verá
usted, señor director, aquí le traigo un trabajo sobre Cáceres 2016, mi
pueblo, que queremos ser ese año la capital cultural de
Europa --contestó el pequeñajo casi sin salirle las palabras del cuerpo. --¡Ah!
¡Muy bien! ¡Muy bueno lo suyo! --dijo el baranda, mientras hojeaba un
tocho de 2016 páginas, con 2016 ilustraciones y con el apoyo económico
de 2016 empresas, precisamente-- ¡Le felicito! Así que en premio por su
trabajo, al ser el único que ha presentado un trabajo como Dios manda,
los festejos de este año por el Día de Extremadura lo haremos en su
pueblo. Lo he consultado conmigo mismo y, después de la oportuna
deliberación, así lo he decidido. Y dejamos Mérida, que ya
estamos cansados de ver siempre los mismos caretos.
--¡Cuánto honor, señor director! ¡Encantado y agradecido! --repuso el Josemari, emocionado y casi sin habla. --¡¡¡Pues
yo no estoy de acuerdo!!! --restalló la voz de Pedrito Acedo entre los
de la derecha--. ¡¡¡Que siempre se han hecho las celebraciones y los
fiestorros del Día de la Región en Mérida, mi pueblo!!! --¡¡Pues
este año vamos a cambiar de aires y ya está decidido, chaval, que será
en Cáceres!! --remachó con autoridad el señor director. --¡Pues yo ese día hago monta, ale! --amenazó Pedrito, que salió de la clase farfullando y diciendo cosas en arameo.
--¡Pues si
falta, le pondremos un cero en conducta y mandaremos una nota a sus papás! --le replicó sin amilanarse el dire. --¡Y
cuando llegue a Mérida montaré una fiesta para mí solo y yo voy a ser
el que presente la gala, que para eso soy el que manda y tiene las
perras, ea! ¡Y, además, voy a chivarme a mi primo de Zumosol! --se le
oyó decir en la lejanía. Y allá que se fue el representante de Mérida, consolado por una corte de jóvenes correligionarios.
UNO DE PERALEDA DE SAN ROMÁN Y
en esto que se ve a alguien del fondo que levanta su mano. Es la de un
tal Evelio Carbonero, un tipo al que no conoce nadie, salvo en su casa
y en su pueblo, Peraleda de San Román, en la provincia de Cáceres. --Pues
si no se ponen ustedes de acuerdo, yo ofrezco mi pueblo para el Día de
Extremadura. No tenemos monumentos, sólo la iglesia parroquial, está un
poco lejos, sí, en la comarca de La Jara, cerquita de Guadalupe, y
podemos montar una carpa para los actos en las Erillas, a las afueras
del pueblo tirando para Garvín --propuso con seguridad el mandamás
peraleo. --¿Y los alojamientos de tanta gente importante que viene ese día? --intervino por curiosidad uno de los profes. --Pues
como no tenemos hostales, pensiones ni fondas, que se alojen de 4 en 4
en las casas, que la gente de mi pueblo es muy hospitalaria. Y si no
cabemos todos, pues nos vamos los del pueblo a dormir a las eras, que
es lo que venimos haciendo siempre cuando llega el tiempo de recoger
las mieses del campo. ¿Qué tal? --¿Y de comer? --pidió más datos otro de los profes. --Sin
problemas. Matamos cuatro chivos y dos borregos y hacemos caldereta y
guiso de patatas con carne pa tós en la plaza del pueblo, que le
pedimos prestás las sillas, las mesas, los platos y los cubiertos a los
bares de al lado --replicó con seguridad el mentado Evelio, que parecía
tenerlo todo bajo control. --¿Y los vinos, los tenéis con denominación de origen? --saltó
otro. --¿Mande?,
no, allí tiramos de los vinos de pitarra que tiene la gente en su casa
y ya está. Un poquito altos de grados sí que son, entre los 18 y los
20, y el que coge la mona le queda mu resalá, pero lo refrescamos
enseguida tirándolo al pilón --acertó a explicar el buen mozo peraleo. --Bueeeenooo...,
estoooo..., tomamos nota y lo estudiaremos para otra ocasión, señorito
Evelio, pero este año nos vamos con todo el equipo a Cáceres.
¿Clarito? ¡Y el que no esté de acuerdo, pues ajo y agua! --remachó con
vehemencia el señor director, dando otro palmetazo de la hostia sobre
la mesa y cerrando la sesión, ante los aplausos y los vítores del
sector de la izquierda y los abucheos y silbidos del resto.
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