Como se temía, el desahuciado Club Deportivo Badajoz dio su postrer
suspiro el pasado lunes, último día del mes de julio, tras conocerse
que nadie quería hacerse con las miserias de este cadáver andante para
continuar, una temporada más, en la Segunda División B del fútbol
español. Así que, ahora, de momento, a la puñetera Tercera. Pozo
negrísimo, donde se sabe cuando entras pero nunca cuando sales. O
séase, el infierno puro y duro. Pero con todas las papeletas para
desaparecer del mapa, que no hay gente que quiera tocar a este club
apestado.
Murió
por inanición y por falta de los cuidados debidos de la gente que le
rodeaba, desde muchos de sus jugadores --esos que besaban
hipócritamente el escudo blanquinegro cuando metían un gol, de cara a
la galería, para denunciar y dejar tirado al Club después-- hasta el
Ayuntamiento de su ciudad --que podría haber auspiciado la entrada de
algunos buenos empresarios--, pasando por los propios gestores --los de
ahora y los de antes, una calamidad-- y los que dicen ser hinchas del
Club de sus amores. Esos que alardean de "pico" en los bares pero que,
revestidos de blanco o de azulgrana --nunca de blanquinegro--, suelen
acompañar entusiásticamente las celebraciones de una Liga o una Copa de
Europa en la pacense fuente de la Constitución cada poco tiempo.
Así
que, como dice la sentencia, "entre todos lo mataron y él solo se
murió". Porque, a partir de ahora, iremos leyendo y oyendo en los
medios de comunicación una serie de declaraciones lacrimosas en la que
todo el mundo --directivos, aficionados, jugadores, ediles,
empresarios...--, después de lavarse las manos, intentarán lavar sus
conciencias para quedar bien con el respetable, que, de respetable,
nada de nada.
Y, ahora, a enterrarlo dignamente como se merece una
entidad, aunque venida a menos, de 101 años. Cuanto antes. Que hay
buitres alrededor, con sonrisa maquiavélica, esperando su parte de
carroña. Así que los que tengáis sangre pacense en las venas, los que
recordéis vuestros años mozos queriendo ser futbolista del Badajoz, los
que lleváis grabadas en vuestros corazones sus venturas y desventuras,
los que habéis derramado, al menos, una lágrima en este su último
adiós, gritad conmigo:

¡El C. D. Badajoz ha muerto!
¡Viva el C. D. Badajoz!