El pasado domingo, Badajoz estaba semidesierta. Sólo cuatro gatos. Un
sol de justicia caía inclemente y la gente se había desparramado por
todas partes. Unas, de vacaciones. Otras, recogidas en sus casas de
campo y chalés del extrarradio. Otras, dándose un baño en las piscinas
públicas y en el cercano pantano de Campomayor. Las calles y las plazas
a mediodía, casi vacías. Y los que se quedaban en sus hogares, con el
aire acondicionado a toda pastilla. Así que había que esperar al
atardecer, con la fresca, para salir a la calle.
Y
eso es lo que hicimos la patronal y el abajo firmante, que hasta las
nueve de la noche no se nos ocurrió salir. Había que cumplir con el
precepto dominical y nos fuimos a la última del día, a la iglesia de la
Concepción, que empezaba media hora más tarde. De salida, por la zona
de la plaza de Conquistadores, la del Ancla, un anuncio gigantesco pero
refrescante, de El Corte Inglés, a dos tintas --rojas y azules-- nos
alegra la vista: "Rebajas a toda vela". Pero llegas a la zona de la
Fuente de la Rana y el termómetro que marca 32º. Un poco más allá, en
dirección centro, el "tubo" de La Marina aparece ocupado por gente
sentada en los veladores recuperando el resuello. En esto que una
trompeta lejana nos trae los acordes de "Cumpleaños feliz" y "Paquito
el Chocolatero". El omnipresente Jacinto, el trompetista pordiosero, no
deberá andar muy lejos. Vamos camino de la plaza de Minayo cuando otro
pedazo de anuncio nos da otro repaso visual. Es del Banco
Santander-Central-Hispano y nos dice bien clarito que "Queremos ser su
banco". ¡Qué manía de organizarnos la vida! Menos mal que nos topamos
con gente amiga. Se trata del maestro y colega, Ángel Lerma, que va
acompañado de su señora madre, doña Aurora Pajares, viuda del
popularísimo maestro Modesto Lerma, director que fue de la banda
municipal de música de Badajoz. Doña Aurora, a quien presentamos
nuestros respetos, cuenta con... ¡93 años! A pesar de algunos achaques,
doña Aurora presenta un aspecto envidiable. Y como feliz pero
involuntario homenaje al maestro Lerma, que va el ínclito Jacinto, que
acaba de llegar, y se pone a tocar un conocido bolero: "La historia de
un amor". Y uno, ensimismado, que se puso a tatarear mentalmente la
canción. Canción melosa y retro que se ponía en los guateques de los
60, alternándose con las melódicas, los rocks y los twists del momento,
para que las parejas iniciaran uno de sus interminables bailes
"agarrados".
Ya no estás más a mi lado, corazón,
en el alma sólo tengo soledad,
y si ya no puedo verte,
por qué Dios me hizo quererte,
para hacerme sufrir más.
Siempre fuiste la razón de mí existir,
adorarte para mí fue religión,
y en tus besos yo encontraba,
el calor que me brindaban
el amor y la
pasión...
Es la historia de un amor
como no hay otro igual,
que me hizo comprender
todo el bien y todo el mal,
que le dio luz a mi vida
apagándola después.
Ay, qué vida tan oscura,
sin tu amor no viviré.
¡LAS CIGÜEÑAS, DE VACACIONES!
Un
empellón de la parienta me hizo bajar de las nubes. Había que marchar a
escape, que eran casi las nueve y media. Y el nuevo reloj del lugar,
una pantalla gigantesca en negro con números amarillos, ideal para
jubilatas cegatos, que se ha parado de la impresión este mediodía,
marcando... ¡41º a las 14:08 horas! ¡La maquinaria, a hacer puñetas con
la caló! ¡Bien empezamos, macho! Y subiendo por la calle del Obispo,
que baja otro personajillo del Casco antiguo de Badajoz, el pedigüeño
más plasta del mundo mundial, El Chiringui. ¡Y venía leyendo una
revista del colorín y todo! ¡Y no pidió nada cuando pasamos a su lado!
¡Milagro! ¡Lo que está haciendo la lectura de la prensa rosa!
Tras
la misa en la espaciosa y bella iglesia de la Concepción, del siglo
XVIII --que va a ser cerrada dos o tres semanas para pintar el altísimo
techo del presbiterio, lleno de desconchones--, como iba diciendo, al
regreso por la plaza de España, pasadas las diez de la noche, vemos
algo que nos llamó la atención. ¡No había cigüeñas en la Catedral de
Badajoz! ¿Habrían emigrado? ¿Se habrían ido también de vacaciones? El
caso que en otras épocas --por ejemplo, en Semana Santa-- siempre las
veíamos descansando, al llegar la noche, subidas a una pata en los
pináculos de los muros y de la torre catedralicia. Ahora, nuestras
señoriales zancudas blanquinegras, de rojizos y alargados picos,
deberán estar vagando por los campos cercanos, atiborrándose de
langostas e insectos en los rastrojales. O metidas en las charcas y
arroyos lejanos, incluido el pantano de Campomayor, refrescándose y
dándose un festín de peces, ranas y otros animalillos. Y, claro, al
hilo de estas cigüeñas volanderas, tal vez ejemplares jóvenes recién
salidos del nido, no podía faltar el recuerdo de un juego de nuestra
infancia, con una cancioncilla que decía así:
Cigüeña paterna
los hijos se te van
a la Raya Portugal.
Esperemos que, cuando termine la temporada de avituallamiento, vuelvan
a descansar do solían. Que las echamos de menos.