¡Si es que ya no puedes ni andar por las aceras por Badajoz! ¡Y es que
las motos de pequeña cilindrada nos están quitando el sitio a los
confiados peatones, con peligro de rompernos la crisma! Motoristas a
lomos de esos ciclomotores de menos de 50 cm. cúbicos de volumen, de
diseños aerodinámicos y con aspecto de motos de competición, y que por estas razones son los vehículos favoritos de nuestros niñatos y
yogurines para ligar y fardar delante de los amiguetes. Pero que
también los usan los adultos para moverse por Badajoz, y nada mejor que
hacer atajos metiéndose por las aceras.
Y
eso es lo que me ocurrió esta mañana en mi calle cuando iba a comprar
el periódico, por una acera que tiene más de tres metros de ancha, que
voy tan tranquilo cuando oigo un enérgico pitido de moto por detrás.
Extrañado, me vuelvo y, si no me aparto, un tiarrón, montado en uno de
esos ciclomotores, que me atropella in situ. ¡Y, además, en el día de mi
santo! ¡Manda huevos!
Así
que me encaro con el conductor, un tipo tamaño armario, con casco,
gafas oscuras, aguerrido cual Terminator peliculero, a quien no es
bueno llevarle la contraria:
--¡Pero oiga...! ¡Una moto por la acera...!
--¡Tiene usted razón! ¡Usted perdone, nada más lejos de faltarle el respeto a nadie!
--¡Pero si es que me ha podido atropellar!
--Si es que iba aquí al lado...
Efectivamente,
el maromo iba a la tienda de limpieza de alfombras de por bajo de mi
casa y quería entrar hasta el mismísimo portal, sin bajarse ni nada.
Esta vez pude contarlo. ¿Y la próxima? Y los guardias, ¿dónde andarán?
Así
que ya lo sabéis, colegas, cuando salgáis a la calle tened preparado el
testamento, por si las moscas y los moscardones. Y cuando oigáis una
moto de éstas, haced la señal de la cruz, como los toreros, y que sea
lo que Dios quiera. He dicho.