
¡Sí,
como os lo cuento! ¡Libros en el contenedor de papeles y cartones de mi
calle! Que el otro día, al salir a media mañana, que me llevo un hato
de revistas y periódicos viejos para tirarlos. Y, cuál es mi sorpresa,
que cuando voy a meterlos en el contenedor no se puede. Está atrancado
de tantos papeles, cartones y... ¡libros! ¡No me lo podía creer! Y voy
a meter los papelotes que llevaba y me resultó imposible. Y la otra
sorpresa es que la "culpa" la tenía un librazo de 5 kilos, más o menos,
que impedía meter nada desde fuera. Con que, con curiosidad, tiro del
tocho y resulta que era... ¡un libro de Medicina digestiva, con
encuadernación lujosa, en imitación de piel, con el lomo y la cubierta
grabados en oro! ¡Casi nuevito y flamante! Así que voy y lo cojo con
cuidado y me lo llevo a casa, como si fuera un Moisés recién nacido y
salvado de la basura. Y ya restablecido de la emoción, que voy y lo
abro y leo su título: El médico frente al diagnóstico en Patología digestiva,
de VVAA, coordinado por la Dra. María Villagrasa Serrano, del Hospital
Germán Trías i Pujol, de Badalona, Barcelona, Ed. Áncora, S. A., 1986,
editado con la colaboración científica de los Laboratorios Glaxo, de
Aranda del Duero. Y en su interior, que era un libro-estuche, con 5
tomos en pastas duras --algunos sin quitar el plástico-- conteniendo
abundantes trabajos, todos ellos documentados e ilustrados con
innumerables fotografías, radiografías, ecografías, colangiografías,
gammagrafías, pHmetrías, esofagogramas, esquemas, gráficos, fichas,
etc. Todo un tratado científico de cómo diagnosticar las enfermedades
del aparato digestivo humano de hace dos décadas. ¡Y en la basura! Pues
todo parece indicar --había más libros, librillos, revistas, etc.-- que
un médico de las cercanías, agobiado por los problemas de espacio y con
la biblioteca hogareña hasta las trancas, decidió tirar por la calle de
enmedio y quiso actualizar su biblioteca médica echando al contenedor
más próximo los libros antiguos.
Una
desgracia, porque estos libros, con 20 años de antigüedad, forman parte
de la Historia de la Medicina española, en la rama digestiva, y
estarían mejor, a disposición de los estudiosos del futuro en una
Biblioteca de la ciudad, como bien pudieran ser las de la Univetsidad,
La Económica, la Bartolomé J. Gallardo o la General de Extremadura.
Pero, ¿cuántos libros habrán tenido este triste e ignominioso final?
¿No podrían los médicos --al igual que otros profesionales de las
Ciencias-- donar sus colecciones de libros "inservibles", "pasados de
moda", a Instituciones serias de la ciudad, para que puedan ponerlas al
servicio de los investigadores? Y si la cosa no funciona, ¿por qué no se
pone un contenedor nuevo, junto a los ya existentes --blancos, grises,
verdes, amarillos...--, indicando "Libros, aquí"? Ya se buscaría la
fórmula para recogerlos. Las librerías de viejo y algunas bibliotecas,
seguro que estarían encantadas del chollo. Pero los libros serían
puestos a salvo, que es de lo que se trata.
Pues
yo voy a dar ejemplo y este Moisés..., digo, este tocho del Aparato
digestivo lo voy a donar a la Biblioteca de La Económica, que sé que
allí le darán carrete. Y como donante, que pongan El Avisador de
Badajoz. ¡Qué menos!, ¿no?