¡Vaya tormenta la que cayó en Badajoz el pasado 14 de junio,
día de San Eliseo! ¡Agua a mares, diluviando! ¡Y rayos y truenos a discreción!
¡El cielo, enfurecido! Que a eso de las cinco de la madrugada, cuando la gente
estaba en su penúltimo sueño, una tormenta de padre y muy señor mío cayó sobre
la ciudad, sobresaltando al personal. Lluvia torrencial, viento racheado y
miles de rayos, truenos y centellas. Una tormenta como hacía tiempo no veían
los más viejos del lugar. Que se acordaron de Santa Bárbara como nunca lo
habían hecho. Menos mal que la cosa amainaría horas más tarde y Badajoz
amaneció nuevita y flamante, como salida de un gigantesco túnel de lavado. Con
los parques y jardines de la ciudad exultantes de agua y con los bomberos
haciendo horas extra para desatascar imbornales y eliminar charcos por todas
partes.