De "tornajubilaciones" con maese Campañón, mesonero mayor de Badajoz
El pasado miércoles, una treintena larga de maestros y maestras del
colegio Juventud nos reuníamos a mesa y mantel en el
restaurante-cortijo-chalé Campañón, en la carretera del viejo Vivero,
por donde pasa la cañada real de Sancha Brava, en el número 6 de la hoy
conocida por el nombre de Manuel Saavedra Martínez. El motivo se las
traía, que era la "tornajubilación" de cinco maestros del colegio.
Convite que los que se jubilaban hogaño --Mari Carmen Barroso, Antonio
Béjar, Manolo Gallardo, Ángel Lerma y Mercedes Reina--, daban al resto
de sus compañeros, que, previamente, se habían volcado con ellos en el
día de su jubilación, el pasado 27 de Mayo. Todo un señor detalle,
costumbre esta de la "tornajubilación" en el Juventud, que da fe del
señorío de sus maestros y maestras. Así
que nos aposentamos en el palacete del Vivero y maese Campañón que
acude presto a recibirnos con la mejor de sus sonrisas, su chaqueta
veraniega y su corbata a rayas. Un pincel. Marcas de la casa de este
apuesto, amable y servicial mesonero, santo y seña de la restauración
en Badajoz, de 52 tacos --uno menos en Canarias--, con 40 años entre
barras y fogones, tres y medio en este lugar y desde Adán y Eva, por lo
menos, en el Tiro de Pichón, en la carretera de Cáceres, siempre al
lado de su Andrea del alma y de su hija, y con el concurso impagable de
dos cocineros de alto estanding, Emilio y Sixto. Y
lo primero que llama la atención son sus vinos. Que maese Campañón
siempre nos guarda alguna sorpresa. Esta vez, el tinto, un rioja Marqués de la Concordia, uva tempranillo, crianza 2002, de Alfaro, con 18 meses de crianza. Extraordinario. Y un blanco Enate,
de Somontano (Huesca), uva gewürztraminer, repito, que no he dicho
ninguna picardía, gewürztraminer, alemana por más señas, añada 2004,
afrutado y tal, delicioso. Yo me quedé con el tinto, que el menú se las
traía. Y fue éste:
Entrantes Tacos de lomos de salmón, con habitas baby salteadas Jamón ibérico D. O. El Encinar Lomo ibérico D. O. El Encinar Terrina de foie y setas Gambas con gabardina.
Plato (a elegir) Merluza en salsa verde Lubina en salsa de almendra Solomillo de retinto con su guarnición Medallones de Ibérico a la fruta del bosque Presa ibérica a la pimienta
Postre Tarta seducción, tres chocolates Café y bebidas de todas las clases
El
jamón ibérico, superior, con procedencia de la tierra, concretamente de
Burguillos del Cerro. Y el solomillo de retinto con su guarnición que
me metí entre pecho y espalda, ni en las bodas reales. Pero lo bueno
de la jornada es que el tal Campañón giraba visita de forma regular por
donde me sentaba y, al oído, me repasaba algunas de sus sabrosas y
autorizadas opiniones: --Mira, sobre el Marqués de la Concordia, no
me había pasado nunca en mis 40 años que llevo en el oficio. Que puse
este vino en una boda y, desde entonces, todo el mundo encantado de
haberse conocido y felicitándome por todas partes. Y, pasando a otro tema, sobre el jamón de la tierra, que va y te dice: --Mira,
hace una semana que estuvo comiendo aquí el dueño de Codorníu,
Raventós, y se comió cuatro platos del jamón que os he puesto, el de
Burguillos, y va el tío que dice: "Es que el jamón extremeño es el
mejor del mundo". Y
a todo esto, maese Campañón sirviendo, poniendo los vinos, descorchando
nuevas botellas, atendiendo los detalles mínimos, hablando con todos
los conocidos y los que no lo eran. --Sabes que estás en tu casa. ¡Y
tanto! Como que cuando le digo que se ha acabado el tinto, que me trae
otra botella del Marqués de la Concordia, y estaba mejor que el
primero. ¡Del año 2001! ¡Como en las bodas de Caná, que al final
pusieron vino mejor! --Pues veo que tienes aquí una pinacoteca,
cuántos cuadros, esto parece un Museo, con sus paisajes, bodegones y
tal --le digo y se le ensancha la sonrisa. --Pues sí, tengo una
veintena, unos comprados y otros en pago a cambio de algún servicio,
pero "buenos", "buenos", tres: de Ripollés, Camacho y Manolo Parra. Habrá
que repasarle la información al baranda del Museo de Bellas Artes,
Román Hernández Nieves, por si quiere ampliar el Museo con esta sala
extramuros de Campañón y familia. No es que sean para llevarlos al
Museo del Prado, pero algo tendrán, ¿no? --Pues
sabrás que los cocineros son el 60 % de cualquier negocio hostelero que
se precie --te dice al oído en otra de sus pasadas. --¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ --¡Pues ahora te los presento! Y,
ni corto ni perezoso, que se va a la cocina y que me trae a Sixto y
Emilio, Emilio y Sixto, tanto monta, monta tanto, con sus impolutos
gorros y uniformes blancos, de diez botones, cocineros en jefe con
mando en plaza, que llevan con maese Campañón la intemerata, y allí que
les damos la enhorabuena y nos hacemos unas fotos de recuerdo.
ASOCIACIÓN DE "REFORMADOS" Y
en este fenomenal ambiente, que llegan las sorpresas. Que empiezan a
repartir unos sobres misteriosos a todos los jubilados presentes. ¿Una
nueva extra del Ibarra, nuestro bellotari? ¿Unas entradas para los
toros de San Juan, de nuestro ínclito director, Luis García? Total que,
con todo el nerviosismo del mundo, lo abrimos y nos encontramos con
un... ¡carné de "reformado"! Palabra sinónima de jubilado, pero en
portugués. ¿Nos estaremos volviendo portugueses cuando nos jubilamos? Y
el carné, que dice:
ASOCIACIÓN DE REFORMADOS DEL C. P.JUVENTUD (AREJU) Socio numerario D. Pedro Montero Montero
Y
todo, con su escudo, su imperdible y su R bien grande arriba. Lo de
"reformados" parece que viene mejor que jubilados, porque entonces la
Asociación debería haberse llamado AJUJU, y eso es como meter miedo a
los niños. Lo que pasa que, cuando pedí cuáles eran nuestros derechos,
nuestras prebendas y tal como "reformados", que cuándo organizaban
viajes y fiestorros para nosotros y demás, me dijeron que, de momento,
se lo están pensando. ¡A reclamar al maestro armero! Y
a la hora del postre no tengo más remedio que repasar el mío a los
comensales de mi derecha, que acabo de salir de un catarrazo. Y que me
ve maese Campañón con el sitial en blanco y me dice: --¿Y tu postre? --No puedo con la tarta. --¡No te preocupes, que ahora te traigo otro! ¿Y qué hace el baranda? Pues ponerme de inmediato un milhojas relleno de crema de vainilla y frambuesa, para chuparse los dedos. Y
los de al lado, con toda la razón del mundo, "quejándose" de este trato
de favor. ¡Un "reformado" con enchufe, que siempre ha habido clases! ¿Y
la gente? Pues hablando de la escuela, de los niños, de las
actividades, de los controles que faltan, de las notas, de las
evaluciones, de los PA y los NM, del claustro del día 30, de los días
que faltan para coger las vacaciones... Y, entre tanto, los abuelos y
las abuelas primerizos, enseñando fajos de fotos en colorines de sus
nietecillos a diestro y siniestro. --Pues
el 60 % de tus compañeros se han sentado en los mismos sitios que en la
comida del pasado año --me dice por lo bajini, con visión de águila
real y memoria de elefante el tal Campañón.
LA DESPEDIDA Pasadas
las cinco de la tarde había que recoger el hato y despedirse.
Afortunadamente, no hubo discursos, ni aplausos, ni vivas al señor
director ni otros rollos macabeos. La comida, excelente, el servicio de
los tres mozos camareros, discreto y atento, el ambiente, de lujo,
rodeados de cuadros de pintura, los cinco que invitaban hoy, los de la
"tornajubilación", cabales, en su sitio, y maese Campañón, en el suyo.
Al que le damos un 9,75 de puntuación. Que le hubiéramos dado el 10 si
el aire acondicionado hubiera estado en su punto, que parecía que
estábamos cerca del Circulo Polar Ártico. Claro, que como algunos
éramos de la Tercera, Cuarta y Quinta Edades, a lo mejor es que lo puso
para que nos "conserváramos" mejor. ¡Don Campañón, que somos mayores
pero no tanto! Lo dicho, igual pudiéramos haber estado, pero mejor, imposible.
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