De "tornajubilaciones" con maese Campañón, mesonero mayor de Badajoz

Por El Avisador - 9 de Junio, 2006, 18:52, Categoría: General

El pasado miércoles, una treintena larga de maestros y maestras del colegio Juventud nos reuníamos a mesa y mantel en el restaurante-cortijo-chalé Campañón, en la carretera del viejo Vivero, por donde pasa la cañada real de Sancha Brava, en el número 6 de la hoy conocida por el nombre de Manuel Saavedra Martínez. El motivo se las traía, que era la "tornajubilación" de cinco maestros del colegio. Convite que los que se jubilaban hogaño --Mari Carmen Barroso, Antonio Béjar, Manolo Gallardo, Ángel Lerma y Mercedes Reina--, daban al resto de sus compañeros, que, previamente, se habían volcado con ellos en el día de su jubilación, el pasado 27 de Mayo. Todo un señor detalle, costumbre esta de la "tornajubilación" en el Juventud, que da fe del señorío de sus maestros y maestras.
Así que nos aposentamos en el palacete del Vivero y maese Campañón que acude presto a recibirnos con la mejor de sus sonrisas, su chaqueta veraniega y su corbata a rayas. Un pincel. Marcas de la casa de este apuesto, amable y servicial mesonero, santo y seña de la restauración en Badajoz, de 52 tacos --uno menos en Canarias--, con 40 años entre barras y fogones, tres y medio en este lugar y desde Adán y Eva, por lo menos, en el Tiro de Pichón, en la carretera de Cáceres, siempre al lado de su Andrea del alma y de su hija, y con el concurso impagable de dos cocineros de alto estanding, Emilio y Sixto.
Y lo primero que llama la atención son sus vinos. Que maese Campañón siempre nos guarda alguna sorpresa. Esta vez, el tinto, un rioja Marqués de la Concordia, uva tempranillo, crianza 2002, de Alfaro, con 18 meses de crianza. Extraordinario. Y un blanco Enate, de Somontano (Huesca), uva gewürztraminer, repito, que no he dicho ninguna picardía, gewürztraminer, alemana por más señas, añada 2004, afrutado y tal, delicioso. Yo me quedé con el tinto, que el menú se las traía. Y fue éste:

Entrantes
Tacos de lomos de salmón, con habitas baby salteadas
Jamón ibérico D. O. El Encinar
Lomo ibérico D. O. El Encinar
Terrina de foie y setas
Gambas con gabardina.

Plato (a elegir)
Merluza en salsa verde
Lubina en salsa de almendra
Solomillo de retinto con su guarnición
Medallones de Ibérico a la fruta del bosque
Presa ibérica a la pimienta

Postre
Tarta seducción, tres chocolates
Café y bebidas de todas las clases

El jamón ibérico, superior, con procedencia de la tierra, concretamente de Burguillos del Cerro. Y el solomillo de retinto con su guarnición que me metí entre pecho y espalda, ni en las bodas reales.
Pero lo bueno de la jornada es que el tal Campañón giraba visita de forma regular por donde me sentaba y, al oído, me repasaba algunas de sus sabrosas y autorizadas opiniones:
--Mira, sobre el Marqués de la Concordia, no me había pasado nunca en mis 40 años que llevo en el oficio. Que puse este vino en una boda y, desde entonces, todo el mundo encantado de haberse conocido y felicitándome por todas partes.
Y, pasando a otro tema, sobre el jamón de la tierra, que va y te dice:
--Mira, hace una semana que estuvo comiendo aquí el dueño de Codorníu, Raventós, y se comió cuatro platos del jamón que os he puesto, el de Burguillos, y va el tío que dice: "Es que el jamón extremeño es el mejor del mundo".
Y a todo esto, maese Campañón sirviendo, poniendo los vinos, descorchando nuevas botellas, atendiendo los detalles mínimos, hablando con todos los conocidos y los que no lo eran.
--Sabes que estás en tu casa.
¡Y tanto! Como que cuando le digo que se ha acabado el tinto, que me trae otra botella del Marqués de la Concordia, y estaba mejor que el primero. ¡Del año 2001! ¡Como en las bodas de Caná, que al final pusieron vino mejor!
--Pues veo que tienes aquí una pinacoteca, cuántos cuadros, esto parece un Museo, con sus paisajes, bodegones y tal --le digo y se le ensancha la sonrisa.
--Pues sí, tengo una veintena, unos comprados y otros en pago a cambio de algún servicio, pero "buenos", "buenos", tres: de Ripollés, Camacho y Manolo Parra.
Habrá que repasarle la información al baranda del Museo de Bellas Artes, Román Hernández Nieves, por si quiere ampliar el Museo con esta sala extramuros de Campañón y familia. No es que sean para llevarlos al Museo del Prado, pero algo tendrán, ¿no?
--Pues sabrás que los cocineros son el 60 % de cualquier negocio hostelero que se precie --te dice al oído en otra de sus pasadas.
--¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
--¡Pues ahora te los presento!
Y, ni corto ni perezoso, que se va a la cocina y que me trae a Sixto y Emilio, Emilio y Sixto, tanto monta, monta tanto, con sus impolutos gorros y uniformes blancos, de diez botones, cocineros en jefe con mando en plaza, que llevan con maese Campañón la intemerata, y allí que les damos la enhorabuena y nos hacemos unas fotos de recuerdo.

ASOCIACIÓN DE "REFORMADOS"
Y en este fenomenal ambiente, que llegan las sorpresas. Que empiezan a repartir unos sobres misteriosos a todos los jubilados presentes. ¿Una nueva extra del Ibarra, nuestro bellotari? ¿Unas entradas para los toros de San Juan, de nuestro ínclito director, Luis García? Total que, con todo el nerviosismo del mundo, lo abrimos y nos encontramos con un... ¡carné de "reformado"! Palabra sinónima de jubilado, pero en portugués. ¿Nos estaremos volviendo portugueses cuando nos jubilamos? Y el carné, que dice:

ASOCIACIÓN DE REFORMADOS DEL C. P.JUVENTUD
(AREJU)
Socio numerario D. Pedro Montero Montero

Y todo, con su escudo, su imperdible y su R bien grande arriba. Lo de "reformados" parece que viene mejor que jubilados, porque entonces la Asociación debería haberse llamado AJUJU, y eso es como meter miedo a los niños. Lo que pasa que, cuando pedí cuáles eran nuestros derechos, nuestras prebendas y tal como "reformados", que cuándo organizaban viajes y fiestorros para nosotros y demás, me dijeron que, de momento, se lo están pensando. ¡A reclamar al maestro armero!
Y a la hora del postre no tengo más remedio que repasar el mío a los comensales de mi derecha, que acabo de salir de un catarrazo. Y que me ve maese Campañón con el sitial en blanco y me dice:
--¿Y tu postre?
--No puedo con la tarta.
--¡No te preocupes, que ahora te traigo otro!
¿Y qué hace el baranda? Pues ponerme de inmediato un milhojas relleno de crema de vainilla y frambuesa, para chuparse los dedos.
Y los de al lado, con toda la razón del mundo, "quejándose" de este trato de favor. ¡Un "reformado" con enchufe, que siempre ha habido clases!
¿Y la gente? Pues hablando de la escuela, de los niños, de las actividades, de los controles que faltan, de las notas, de las evaluciones, de los PA y los NM, del claustro del día 30, de los días que faltan para coger las vacaciones... Y, entre tanto, los abuelos y las abuelas primerizos, enseñando fajos de fotos en colorines de sus nietecillos a diestro y siniestro.
--Pues el 60 % de tus compañeros se han sentado en los mismos sitios que en la comida del pasado año --me dice por lo bajini, con visión de águila real y memoria de elefante el tal Campañón.

LA DESPEDIDA
Pasadas las cinco de la tarde había que recoger el hato y despedirse. Afortunadamente, no hubo discursos, ni aplausos, ni vivas al señor director ni otros rollos macabeos. La comida, excelente, el servicio de los tres mozos camareros, discreto y atento, el ambiente, de lujo, rodeados de cuadros de pintura, los cinco que invitaban hoy, los de la "tornajubilación", cabales, en su sitio, y maese Campañón, en el suyo. Al que le damos un 9,75 de puntuación. Que le hubiéramos dado el 10 si el aire acondicionado hubiera estado en su punto, que parecía que estábamos cerca del Circulo Polar Ártico. Claro, que como algunos éramos de la Tercera, Cuarta y Quinta Edades, a lo mejor es que lo puso para que nos "conserváramos" mejor. ¡Don Campañón, que somos mayores pero no tanto!
Lo dicho, igual pudiéramos haber estado, pero mejor, imposible.

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