5 de Junio, 2006
¡Blanca y radiante va la novia!

¿Os acordáis de esta pegadiza canción de los 60, de Antonio Prieto, titulada La novia?
Esa que los carrozas y retablos de ahora recordarán de sus años mozos,
en disco de vinilo y tocadiscos prestado, que arrancaba así:
Blanca y radiante va la novia le sigue atrás un novio amante y que al unir sus corazones harán morir mis ilusiones.
Y
es que Junio es el mes de las bodas en Badajoz, con sus ricos rituales,
sacros y profanos, serios y grotescos, sociales y familiares. Hoy día
la gente celebra las bodas por lo civil (Ayuntamiento) o por lo
religioso, en todas las iglesias de la ciudad, especialmente en la
Catedral metropolitana de San Juan, el Patrón, y en la Ermita de Ntra.
Sra. de la Soledad, ante la Patrona. Y
fotos al término, cientos de fotos: los novios, con la familia de él,
con la de ella, con los amigotes de él, con las amigas de ella, etc.
Que la ocasión bien lo merece, para el recuerdo. Y Antonio Prieto, dale que dale:
Ante el altar está llorando todos dirán que de alegría dentro su alma está gritando Ave María.
Las bodas, hoy día, comienzan con unos rituales previos, indispensables:
petición
de mano, intercambio de regalos: anillo de pedida, relojes, pulseras,
etc. La realización de los consabidos cursillos prematrimoniales en las
parroquias, las listas de boda, con la compra de regalos en
establecimientos previamente convenidos, etc.
¡Y
cómo no!, las ruidosas y esperpénticas despedidas de soltero y de
soltera. Fiestas privadas, entre amigos del mismo sexo, donde abunda la
desinhibición, el erotismo y el descaro a partes iguales. Que vas a un
restaurante y, cuando menos lo esperas, te sale una pandilla de mozos o
mozas ---cada uno por separado, faltaría más--, disfrazada con prendas
y adminículos eróticos y llamativos. ¡Como si estuviéramos en Carnaval!
Fiesta que seguirá toda la noche entre cánticos, bromas de todos los
gustos, comidas y bebidas hasta que el cuerpo aguante. La ocasión lo
merece. Ahí es nada, es el rito de paso que marca un cambio de estado
fundamental en la vida: de solteros a casados, la célula inicial de la
familia. Y el Antonio Prieto que no para, el tío:
Mentirá también al decir que sí y al besar la cruz pedirá perdón y yo sé que olvidar nunca podría y que era yo, aquel al quería.
Y,
llegada la hora, blanca y radiante va la novia, con el maromo vestido
de tiros largos o con uniforme de gala, con marcha nupcial de entrada,
la ceremonia religiosa o civil, con sus sermones respectivos. El
intercambio de anillos, la entrega de las arras (la dote de las mujeres
cuando se casaban) y el rito del beso final. Y, según manda la
tradición, en su indumentaria blanquísima nuestras mozas deben portar
una prenda nueva (de estreno), otra vieja (usada) y otra prestada (de
una amiga). Y, omnipresentes, las flores de azahar, símbolo por
antonomasia de la pureza. Y, a la salida, otro ritual nupcial
imprescindible, el del lanzamiento de kilos de arroz a los recién
casados, símbolo de fertilidad y felicidad. Que los asistentes más
jóvenes y gamberros aprovechan para tirar chorros de espuma concentrada
y aquello al final se convierte en una selva blanca, blanquísima.
Asimismo, al final puedes encontrarte con orquestinas, bandas de
amigos, tambores de comparsas, militares haciendo el pasillo de honor...
Después,
la gran fiesta en los mejores restaurantes de Badajoz y alrededores,
con comidas pantagruélicas, bebidas, verbenas, discotecas, barras
libres, chocolate con churros de madrugada, etc., etc. Con un ritual de
entrada, donde los camareros dan la bienvenida a los recién casados,
dándoles unas copas de cava para brindar. Y con la retahíla incansable
de vítores habituales, según avanzan la fiesta: a los novios, a los
padrinos, a los padres, etc.
Al final,
viene el ritual del corte de la tarta nupcial y el del inicio del baile
comunitario, con la pareja en primerísimo lugar. Con la presencia,
incluso, de la Tuna, con la que los asistentes se hacen mil fotos.
Sin
olvidarnos del ritual del “sobre”, donde los invitados, de forma
discreta, dan un sobre con dinero a los padrinos o a los padres de los
novios que les invitaron. Una ayuda económica, solidaria, del grupo
social del que forman parte los contrayentes para los muchos gastos que
se les avecina a la joven pareja. Y el Prieto, dale que te pego, que parece un disco rayado:
Ante el altar está llorando todos dirán que de alegría dentro su alma está gritando Ave María Ave María Ave María
Ave
María.
Antes
del ágape, tiempo para la interminable sesión de fotos, desplazándose
la pareja a cualquiera de los bonitos parques y jardines de Badajoz.
Con
otra costumbre que se sigue manteniendo: el ramo de la novia es llevado
a los pies de la Patrona de Badajoz, Ntra. Sra. de la Soledad. O, como
ocurre en otros casos, a la tumba del cementerio donde reposan los
seres más queridos.
Y,
como epílogo, tras la noche de bodas, otro ritual no menos esperado: la
luna de miel. Los viajes. Que recuerde, nuestros padres y abuelos iban
a los Madriles en tren o en autobús de línea, y, tal vez, a Barcelona.
Nosotros, en los 60, íbamos a la Costa del Sol y a Mallorca, en seínas,
ochocientoscincuenta, doscaballos, renaultcuatroeles, simcas, vespas,
lambrettas y barcos. Ahora se va a Canarias y al Caribe, a las
paradisíacas playas de Cancún, en flamantes aviones. Y, pasado mañana,
nuestros nietos ¿adónde irán? ¿A la luna, tal vez?
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¡Los gatos de San José!
 Todos
los que se acercan a la parroquia pacense de San José, en la calle Isabel de
Aguilar, en Santa Marina baja, pueden contemplar una estampa cotidiana,
la de una familia de gatos merodeando por sus alrededores o tomando el
sol ricamente en su jardincillo intramuros. Y al verlos que se recogen
a pasar la noche plácidamente en su interior, cualquiera puede pensar
que es una colonia de gatos adoptada por los tres curas --Carlos, el
párroco, y Demetrio y Paco, los vicarios-- o por su encargado, el
servicial Paco. ¡Pero qué va! Que resulta que son gatos callejeros, sin
pedigrí alguno, que van a la
parroquia --no a misa, precisamente--, a comer ricamente y a dormir. ¿Y
quién les da de comer, si puede saberse? Pues tres señoras de la
ciudad, que se alternan para tenerlos bien alimentados, gordos y
lustrosos. Se trata de Carmen, que les lleva sus "tapes" de lentejas y
garbanzos, con sus presas y todo, sobre las 3 de la tarde, y siempre
con puntualidad gatuna Y otras dos señoras más, de las que no conocemos
sus nombres, hermanas ellas, que se presentan con sus víveres
--arroces, patatas cocidas, higadillos...--, cada una por su lado, a
eso de las 12,30 de la mañana y a las 6 de la tarde, más o menos. Y,
claro, la gatolandia josefina, encantada de haberse conocido con estas
tres émulas de San Francisco, esperando la hora de la comida, la
siesta, la merienda, la cena y la hora de acostarse. No os extrañe,
pues, que ya se va diciendo por el barrio eso de que "vives mejor que
los gatos de San José". Aunque, eso sí, quedando las aceras hechas un
asco. Y eso que cada vez el grupo de "okupas" va mermando, que los
minimos más tiernos se los llevan algunos viandantes desconocidos a sus
casas para hacerles compañía, tenerlos como "adoptados".
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Aquí paro
Ayer a media tarde, por la zona de Valdepasillas, al pasar por la
avenida del Obispo José María Alcaraz y Alenda, justo enfrente del
circuito municipal de BMX, de la Fundación M. de Deportes, que vemos un
bar nuevo, de esquina, con un nombre poco común que nos llama la
atención: Aquí paro.
Qué raro, un adverbio y un verbo en los nombres de los establecimientos
hosteleros de Badajoz. Con que al llegar a casa tiro del Tocho autorizado de bares, tabernas, tascas, mesones, cafés concierto y demás,
del Casco antiguo pacense, y veo que todos llevan su artículo y su
nombre, como Dios manda: La Ría, El Farol, Los Navegantes, La
Patagonia, El Almirez, El Refugio, Los Monteros, La Fresquita, La
Casona, El Anzuelo de Oro, La Muralla, etc. O tienen un nombre sólo,
como Victoria, Pepe Jerez, Fátima, Lisboa, Zeus, Espantaperros,
Cantarrana, Tristana, Lisboa, Ibn Marwan, etc., etc. Pero no encuentro
ninguno con un adverbio y un verbo: Aquí paro. Así que, curioso que es
uno, entro en el lugar a tomarme un café y pregunto por el dueño, José,
un camarero joven que está atendiendo a la clientela antes de cerrar. Y
en la cocinilla, su santa esposa, que es la cocinera, claro. Y me dice
que es del gremio, que llevan dos meses abiertos y se sonríe cuando le
digo que el nombrecito se las trae. Y además de desayunos, bocatas,
raciones y tentempiés, a mediodía te sirven unas buenas tapas y todas a
un euro, que lo pone en un cartel bien a la vista:
Tapas 1 € Jamón Lomo Queso Chorizo Morcón Chorizo picante Vegetal Lacon
¡Ah!, y cierran los lunes por descanso. Pues como cunda el ejemplo con los Aquí..., de ahora en adelante podremos ver rótulos parecidos a éstos:
Aquí hay tomate Aquí te espero Aquí me tomo una copa Aquí aparco Aquí estamos en la gloria Aquí canto y toco las palmas Somos de aquí De aquí a la eternidad Dakipakasa Dakípalakama Dakípalcielo Dakínomemuevo Dakínomechan
¿Qué tal? ¿No están mal, verdad?
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