Una visita a la embajada de Galicia en Badajoz
Escudo de la Casa de Galicia en Badajoz
La
pasada semana tuve ocasión de cumplir un viejo deseo: visitar la sede
de la Casa de Galicia en Badajoz y saludar a su presidente, mi buen
amigo y gallego de pro, Luis Vilela. Hacía tiempo que me había dicho
que me pasara por la sede para recoger algunos ejemplares atrasados de
su revista Arumes,
de la que tenía solo un número. Y eso hice el pasado jueves, que la
Casa está en el número 14 de la céntrica plazuela de Portugal, a un
tiro de piedra del parque de Castelar. Y nada más llamar, que sale el
mismísimo embajador..., digo, el presidente, a abrirme. Tras los
abrazos de rigor, me hace pasar al interior de la Casa --tres plantas y
azotea, bien aprovechados todos los espacios--, que quiere enseñármelo
todo. Y, nada más entrar, al fondo, en un rincón del hall de entrada,
veo que aguarda una figura sospechosa, vestida extrañamente, con
bastón, sayal y sombrero antiguos, color pardo. ¡Parece un guarda de
seguridad, pero no, que es un peregrino de Santiago, seguro que
tratando algunas cosas en la Casa, a su paso por Badajoz! ¡Pero, tate,
tampoco, que era un maniquí vestido a la usanza jacobea, y daba el pego
perfectamente, con su bordón de punta de hierro para el camino, la
calabaza con agua y la concha colgando del cuello! Tras el primer golpe
de efecto --habría algunos más--, el simpar embajador me lleva por
todas las dependencias y lo primero que observo es el tremendo cariño,
el exquisito trato que en este lugar se tiene con los símbolos patrios.
Y en el rincón más noble de la Casa, juntas, las enseñas nacionales de
España, Extremadura y Galicia. Y, claro, por todas partes, láminas,
mapas en relieve, fotografías y posters de Galicia. Omnipresente
Galicia. Y en otro rincón destacado, el escudo de Galicia y una talla
en madera decorada de Santiago Apóstol, el Patrón de todas las Galicias
del mundo, además de España. Y, ya en su despacho, parece que estoy
ante un consejero de la Xunta de Galicia, libros, revistas, dossieres
por todos lados, su teléfono, la agenda, el ordenador y demás, con una
foto del sonriente presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño,
dominando la estancia. Tiempo
para preguntar y conocer más cosas de los gallegos que viven y laboran
en Badajoz. Que la colonia de gallegos residentes en nuestra ciudad se
acerca a las 350 familias. Mixtas, claro está. De gallegos y gallegas
que aterrizaron por estos pagos y aquí entroncaron con pacenses de
rompe y rasga, parece que para los restos, porque todavía siguen. Con
gentes trabajando como funcionarios en la Universidad, en Justicia,
Sanidad, Hacienda, la Seguridad Social, la Base militar de Bótoa, etc.
Con nombres reconocibles, como el médico ejemplar Ángel Quintanilla
Ulla, el magistrado Ramiro Valiña Mediavilla, presidente que fue de la
Audiencia Provincial, José Cid Conde, administrador de los Salesianos,
etc. Eso sí, añorando su Galicia del alma, haciendo viajes y matando su
morriña con los muchos actos que organiza periódicamente su Casa de
Badajoz. Como el propio Luis Vilela Camiño, gallego de profesión y de
La Coruña, por más señas, que vino a la capital pacense hace la
intemerata para un año, que tenía contrato firme a la vuelta, y aquí
sigue, con su Luisa, gallega como él, de Monforte, sus cuatro hijos y
sus nietos, nacidos todos ellos en Badajoz. Fundador y presidente de la
Casa desde el mismo momento de su creación, en 1998. --¿Pero qué les daremos a estos intrépidos gallegos y
gallegas, que, al llegar a estas tierras extremas y duras, cortan su
vuelo y aquí enraizan? --me pregunto y no me respondo.
LA CASA La
Casa gallega es la única que tienen abierta las regiones españolas en
la ciudad, aunque ahora me acuerde de la antigua CAREVA (Casa Regional
de Valencia), en la calle Arco Agüero, ya desaparecida. Y cuenta con
cien socios, de todas las procedencias sociales y profesionales. Con un
increíble número de actividades al cabo del año, como sus afamadas
Jornadas gastronómicas (celebradas hace unas fechas), la fiesta del
Nadal (Navidad), la de los Roscos (a primeros de año), la del Magosto
(por Todos los Santos y Difuntos), la del Patrón, Santiago (25 de
Julio), el Día de las Letras gallegas, día festivo también en Galicia,
que festejaron el pasado 13, trayendo al escritor Federico Pomar de la
Iglesia, sus Cursos de gallego, de Informática, las Reuniones de
convivencia, las Excursiones por toda Extremadura, etc., etc. Pero con
especial cariño me cuenta y no acaba de los Cursos para hijos y nietos
de gallegos, para que puedan visitar la tierra de sus padres, la de sus
abuelos. ¡Gratis total! Eso sí, con ayudas puntuales de la Xunta, de la
Secretaría de Emigración. O con las Vacaciones para los gallegos de
edad y de escasos posibles, a quienes se les invita a pasar quince días
en su terruño natal, en residencias de tiempo libre. ¡También gratis!
¡Cómo les atrae la patria chica! ¡Qué relación materno-filial más
amorosa! ¡Con ayudas y facilidades por todas partes! ¡Qué envidia más
sana, y de la otra, me da! ¡Y nosotros los extremeños, con la nuestra,
que más que a una madre, muchos la tratamos como a una madrastra! --Y
hacemos visitas a los paisanos gallegos que están en la cárcel de
Badajoz, para ayudarles en todo lo que podemos, una experiencia única
de todas las Casas de Galicia del mundo --sigue erre que erre este
gallego fuera de lo normal. ¿Pero ésto qué es, una Casa gallega, a secas, una Embajada o una Consejería de Asuntos gallegos en Badajoz? --Y tendréis Casas de Galicia por todas partes, ¿no? --meto baza para saber adónde llega el Imperio. Y, sin pestañear, tirando de la memoria, que el baranda gallego me larga de corrido: --Pues,
mira, Pedro. En Europa tenemos Casas en todas las capitales
importantes, en América, lo mismo --donde a los españoles se les llama
"gallegos"--, Cuba, Argentina, etc., en África, en Kenia y Sudáfrica,
en Australia, en Sydney y Melbourne, en el Polo Sur hay una colonia de
científicos gallegos que tienen allí también su Casa, y en Asia, en
Asia... No se acordaba, es igual. Seguro que las hay. Y es que estos
gallegos emigrantes, tipos valientes y emprendedores que tienen
colonizado medio mundo, se ponen a montar una Casa en cuantito se
juntan cuatro.
LA BIBLIOTECA Rendidito, a punto del desmayo por tanta efusión regionalista, que va el tal Vilela y me dice: --Pero, espera, que te vas a llevar una sorpresa. --¿Otraaaaaa? Y
me lleva a la Biblioteca de la sede. Con más de tres mil volúmenes,
perfectamente catalogados, muchos de ellos escritos en la lengua
vernácula, estaría bueno. --Es de lo que estoy más orgulloso --te dice el menda, con su amplia sonrisa de gallego ejerciente. --Y mira ésto. ¿Y
qué es lo que veo? ¡Que me saca dos tochos enormes, El Quijote y La
Divina Comedia en gallego, la hermosa y cadenciosa lengua de Rosalía de
Castro! --¿Y esos montones de periódicos y revistas, de qué son? De
qué van a ser: los Diarios Oficiales de Galicia, que reciben todos los
días, periódicos de Galicia, revistas de las tropecientas mil Casas que
hay repartidas por esos mundos de Dios, folletos turísticos de Galicia
y del Camino de Santiago por un tubo, además de decenas de dossieres de
la Casa pacense, con sus actividades, asambleas y demás. --Anda, Pedro, toma, son para tí. Y
me da un lote de publicaciones turísticas para hacer una decena de
Caminos de Santiago diferentes: el Primitivo, el Francés en bicicleta,
el Francés a la pata la llana, el Portugués, el Inglés, el del Norte,
el Fisterre-Muxía, el Camino del Sudeste-Vía de la Plata, la ruta del
mar de Arousa y río Ulla, etc., etc. Y otro llamado Consejos para hacer
el Camino. ¿Me habrá visto cara de peregrino jubilata? ¿Y cómo me voy a
meter más kilómetros que El Fugitivo por todos esos caminos si uno pasa
de los sesenta y sus garbeos diarios son por los alrededores de El
Corte Inglés? ¿Y si me salgo del mapa y me pierdo, don Luis? ¿No podían
hacer un Caminito adaptado para jubilatas y pensionistas? Aún no
repuesto del susto, que me trae otro fajo de revistas. ¡Más marcha!, me
digo. --Toma, Pedro, que son de nuestra revista Arumes. ¡Y
me da la colección completa, 7 ejemplares, correspondientes a cada año,
desde 1999, en que salió su número 0! Que la sacan por Diciembre,
contando mil y una cosas de la Casa gallega en Badajoz, además de traer
noticias frescas de la Galicia de sus entretelas. --¿Y éstos trofeos? --señalo una decena y de los buenos. --Son de nuestro equipo de fútbol sala, campeón de la Liga del Ayuntamiento, que hemos ascendido a 1ª División... A punto de la derrota total por goleada, me lleva a otras dependencias. --Mira, Pedro, nuestra Sala de Informática, tenemos cuatro ordenadores, todos con ADSL. Y ahí que me veo al embajador..., digo, al presidente, metiéndose en harina. --Acércate, Pedro, te enseño nuestra página web. Toma nota, que es ésta: http://casagaliciabadajoz.iespana.es/casagaliciabadajoz/index.htm. Y coge también nuestra dirección de correo: casadegaliciabadajoz@iespana.es. Que estoy al tanto de lo que pasa y me paso mucho tiempo en Internet. Y
allí que el gallego me la abre y me enseña todas sus secciones, sus
fotos, sus artículos, sus actividades, sus discursos de entrada... --Y fíjate en el puntero, que le salen dos banderitas juntas cuando lo movemos, la de Extremadura y la de Galicia... ¿Para cuándo la Medalla a la Fraternidad Extremeño-Gallega? ¡Que yo ya tengo un candidato!
EL CRUCEIRO Y
no acaba de terminar, cuando me empalma con el cruceiro gallego de
Badajoz, ése tan bien plantao en la glorieta de Galicia, en la
intersección de las calles Doroteo Morales Benítez, Tomás Romero de
Castilla y avenida del Perú, en la barriada de La Paz. Levantado el 21
de Enero del año 2000, por cierto, con una rica simbología y un texto
en una placa de granito que dice:
Lembranza y amistad de la Casa de Galicia y los gallegos a la ciudad de Badajoz. Año Santo Compostelano 1999.
--¿Y sabes cuándo es Año Santo Jacobeo? --me hace una pregunta elemental. --Yo, como no soy gallego... --me disculpo. --Muy fácil, cuando el día de Santiago, el 25 de Julio, cae en domingo. Y,
volviendo al cruceiro, tras el crucifijo de remate lleva la imagen de
la Virgen de la Soledad, patrona de Badajoz. Y, en el pilar, las
figuras de San Juan Bautista, patrón de Badajoz, y el Señor Santiago,
patrono de Galicia. Y, en la base, tres escudos señoriales: los de
Badajoz, Galicia y de la Casa de Galicia. Lo dicho. ¿Pedimos ya para este hombre, por la vía de urgencia, la susodicha Medalla, pero la de oro, plata y platino? Pero,
¿y de Badajoz, Extremadura, qué dice? ¡Pero si no para de hablar,
orgullosísimo, de su "tercera patria"! ¡Que ya sabemos cuáles son las
otras dos, y por este orden: España y Galicia! --Somos gente
agradecida y donde vamos aportamos lo que tenemos, nuestro
conocimiento, nuestro trabajo... --te dice con seriedad gallega. ¡Qué
gente más noble, leal y agradecida! ¡Cuánto cariño desbordante por la
tierra que los acoge, la tierra de sus hijos, la de sus nietos! ¿Y este
gallego, va o viene? ¡Viene, y derechito, que se le ven hasta los
pensamientos!
ÁGAPE GALLEGO-EXTREMEÑO En esas estábamos, cuando veo que un par de socios ha entrado en la Casa y está brujuleando por la cocina. --Pedro, que
nos vamos a tomar algo abajo --dice el todoterrenal Vilela. Abajo
está la cocina y, en ella, Manuel Vilariño, vicepresidente, y José
Ferreiro, vocal de Relaciones Públicas. El primero, de Lalín, y el
segundo de Puerto Marín. Casi ná. Están preparando una merendola que,
por las trazas que veo, suena a confraternización gastronómica
galaico-extremeña. Y que me preparan una mesa, con su mantel y todo. --Siéntate, Pedro --ordena y manda su Excelencia. Y
de manjares, un chorizo y un salchichón ibéricos, el "marisco"
extremeño por estos pagos, de puta madre, especialmente el primero,
acompañado de pan de pueblo, que se comía solo. Y por parte "oriunda"
--tierra de buenos vinos, con cinco denominaciones de origen, cinco--,
un excelente y fresquísimo albariño Viña de Cova, D. O. Rias Baixas,
cosecha 2004, de Ribadumia (Pontevedra), la tierra del albariño
mismamente. Y allí que nos damos un homenaje a mayor gloria de la
amistad galaico-pacense. Y a punto estoy de pedir la nacionalidad
gallega, cuando nuestro ínclito presidente, que dice eso tan típico: --Esto se ha acabado, traed otra botella. Y
sus fieles Manoliño y Pepiño que nos traen otro albariño, pero
mejorando lo presente: un excelente Corona de Galicia, cosecha 2002, de
Creciente, también de Pontevedra, el reino de la D. O. Rias Baixas.
Superior. En tanto te sueltan que albariño es una variedad de uva, por
si no lo sabía, que no. Y el mandamás, pendiente de todo: --Estás en tu casa, Pedro. Coge de ésto, Pedro. Toma, Pedro. Bebe que te llene, Pedro. Así,
una hora larga. Y mi nombre de pila, a punto de fundirse. Y los tres
gallegos hablando maravillas de sus respectivos lugares de origen, y de
esta Extremadura adonde vinieron llorando tiempo ha, pero que, si
tuvieran que irse --que me parece que no-- lo harían en medio de un
océano de lágrimas. Y el que suscribe, arrobadito, escuchándolos sin
perder ripio. Acabada la merendola patriótica, había que recogerse.
Tiempo que aprovecho para hacer fotos y llenar mi morral, que va
repleto esta vez de revistas y folletos varios. Tres horas había durado
mi visita a la embajada de Galicia en Badajoz. Tiempo en que pude darme
cuenta de la función aglutinadora e identitaria de este centro pacense
con los gallegos de la diáspora, especialmente de su embajador, el tal
Vilela, gallego y pacense de pro. Un jubilata modélico, tipo especial,
generoso y abierto, con una capacidad organizativa fuera de lo común,
uno que surca a todas horas los mares de Internet, un encanto de
criatura, además de amigo, para quien voy a pedir la Medalla de la
Fraternidad Extremeño-Gallega un día de éstos.
|