Badajoz, tierra de entrañables capellanes --recuérdese a don Rafael
García, "don Rafaelito", del desaparecido Hospital Provincial--, ha
visto como moría uno de los últimos: don Manuel Mantrana Díaz, capellán
que fue del obispo de Badajoz don Doroteo Fernández y canónigo
beneficiario de la Catedral de Badajoz desde mediados de los 60 del
pasado siglo, hasta su jubilación en 1987. Y, como muchos pacenses
recordarán, capellán del antiguo Sanatorio de la Cruz Roja --hoy,
Clínica Los Naranjos--, donde los recién nacidos eran bautizados días
después por el mismísimo don Manuel. Como hizo con mi segundo hijo,
Pedro Javier.
Don
Manuel era un dechado de humanidad, un "cacho de pan", y a todo el
mundo atendía con la mejor de sus sonrisas, embutido en su bata blanca
y con esos ojos vivillos detrás de sus gafas de gruesa montura. Y
cuando nos veíamos, que me llevaba a su estrechísimo despacho y allí me
preguntaba por la familia, por los hijos, el trabajo, etc., dándote
siempre consejos de los buenos.
Y cuando estabas internado, pues lo mismo,
que se pasaba varias veces por tu habitación para hablar contigo, de la
salud, de la familia, los hijos, el trabajo... Además de dar misa,
confesar y llevar la comunión a los que no podían levantarse.
Ha muerto don Manuel Mantrana, un hombre bueno que hizo el bien a manos llenas. ¡Que Dios se lo pague con creces!