22 de Mayo, 2006

Isidros en Tres Arroyos, 50 años después

Por El Avisador - 22 de Mayo, 2006, 21:42, Categoría: General

El pasado domingo se celebró en Badajoz, aunque con una semana de retraso, la romería en honor de San Isidro Labrador, patrón de los campos españoles y de las gentes con oficios y profesiones ligados al campo y la cabaña. Todo un acontecimiento en la menuda historia local, teniendo en cuenta que se cumplían 50 años justos de la primera romería en los predios de Tres Arroyos (1956). Así que había que estar presentes para celebrarlo festivamente y, de paso, contarlo. Con que, en una mañana calurosa pero fresca a un tiempo, cogimos el morral y la cámara y nos plantamos en un santiamén, carretera de Corte de Peleas adelante, después de recorrer plácidamente los cinco kilómetros que nos separaban de la Ermita. Poquísima circulación antes de las doce, sólo caminantes llevando a cuestas macutos y bolsas, aparatos de música, etc. Incluso vimos a un mozuelo llevando a rastras... ¡una nevera portátil sobre un patinete!
Y lo primero que vemos es que los terrenos que circundan a la Ermita están vallados. Que se ha delimitado la propiedad municipal de la del resto de propietarios y de la cañada real (¡) que corre a su vera. La pequeña Ermita, tras los últimos arreglos, aparece más atractiva y rústica que nunca. Todo brillante, recién pintada, con paneles explicativos y las enseñas de España y de Extremadura ondeando a la entrada, y en el campanario una enorme cartela, con una enorme efigie del Santo en el centro, con una leyenda que dice: "Romería de San Isidro Labrador (1956-2006). 50º Aniversario". Y, como remate, los escudos de la Hermandad y del Ayuntamiento de Badajoz. Son las doce de la mañana e, incomprensiblemente, la misa mayor no ha empezado. Y en el atrio vemos al alcalde de la ciudad, Miguel Celdrán, y al arzobispo, Santiago García Aracil, hablando tranquilamente. Y gente en su derredor, con sus típicos lazos al cuello, pañuelos verdes, gorras camperas y pamelas, bastantes de ellas acopladas bajo las cinco carpas blancas dispuestas para las autoridades, hermanos e invitados en general. Entre los que pude divisar a los concejales Alejandro del Molino y Cristina Herrera, el hermano mayor, Rafael Crespo, el capitán de la Guardia Civil y otras representaciones. El frescor del día va a ser determinante para que la jornada transcurra sin estos agobios preveraniegos. Y lo primero que me llama la atención, cuando a las 12,15 horas da comienzo la misa, es que hay menos gente que de costumbre. No con los agobios de años atrás, en que no se cabía en el atrio y sus alrededores. ¡Y el ambiente tranquilo y silencioso que se respiraba! ¡Qué paz, qué tranquilidad! ¿Pero qué pasa aquí hoy? Y, claro, oteando en la lejanía, en dirección al Parque, más allá de la carretera, encuentro el motivo: ¡no había ferias ni cacharritos, mercadillos ni discotecas ambulantes! ¡Que los más viejos del lugar ya no se acordaban de una misa tan mística!
Que me lo dice muy clarito Domingo, uno de los veteranos vocales de la Hermandad:
--¿No es ésto una Romería? ¡Pues eso!
--Lo que usted diga, don Domingo.
La misa, oficiada por el señor arzobispo, auxiliado por los sacerdotes Pedro Fernández Amo, su secretario particular, y José Carracedo, párroco de San Pedro de Alcántara, parroquia pacense de quien dependen los predios de San Isidro, estuvo cantada en extremeño. Y de ello se encargarían los animosos componentes de los Coros y Danzas Extremadura, de Badajoz, que marcarían el ambiente típicamente regionalista de la jornada. Con sus guitarras, laúdes, acordeones, tamboriles, almireces y castañuelas.Y en este punto es de justicia destacar la formidable actuación del Grupo, donde eran visibles tres generaciones de mozos y mozas. La mayor, formada por gentes con veinte años de experiencia en estos menesteres, divulgando los bailes, las danzas, las músicas y los cantos extremeños por todo el mundo, como Andrés Lope, incansable con su cámara, Rafina García del Amo, con su inseparable bota de vino de Feria, Rosalina Alonso, con sus voces, y Ángel Galea, el director de la agrupación, con sus letras y sus partituras. Que luego había dos secciones más, una de jóvenes y otra de adolescentes. Y todos bailando y cantando divinamente.
Terminada la función, que vemos como un poeta de San Roque, Andrés Vázquez Rosales le llaman, con 76 tacos, agarra el micro y empieza a largar una poesía de las suyas al Santo:

Todos estamos celebrando
al cumplir el medio siglo
fundándose en su Hermandad
el patrón de San Isidro.
Queremos estar junto a ti,
queremos estar contigo,
en la misa y procesión,
todos juntos en el cortijo.
Alrededor de la Ermita
y por todo el encinar
beben y bailan los mozos
alegres en el lugar.
.....................
Iba a seguir el poeta, que tenía otra larga poesía más que recitar, cuando el hermano mayor le tiene que quitar el micro --de buenas maneras, claro--, porque se iba a organizar la procesión y no había tiempo que perder. Lo que aprovecho para hablar con don Andrés, felicitarle y pedirle una copia de sus cantares.

LA PROCESIÓN
Con un fresco que se agradecía, iniciaban el cortejo nueve caballistas, a los que seguía el espléndido estandarte --también con 50 años de historia--, rodeado de media docena de chiquininos y chiquininas vestidos al estilo tradicional. Y como la jornada era para recordarla, que tomo los nombres de la chavalería y allí estaban las más pequeñines, Silvia, de un año y medio y Lydia..., ¡una chinita de dos! ¡Qué monadas de criaturas, si no abultaban un palmo las dos! Y, claro, mis dos nieteceillas, Laura y Clara, que su abuela, la señá Pili, les había buscado en el arcón los antiguos trajes de fiesta que conserva la familia.
Y, a continuación, en filas y en grupos, los de los Coros y Danzas, que no dejaron de cantar y bailar por el camino aires tan conocidos como El Fandango extremeño, La uva, El redoble, El triángulo, la Jota de Guadalupe, la Jota de la Siberia, Los piquitos, el Fandango de Alburquerque y tantas otras. Y, tras ellos, San Isidro, en su trono de espigas y flores, llevado en andas por 12 porteadores fornidos. Talla en madera de nogal, de autor desconocido, que preside su altar y que pesa lo que no está escrito. Y vengan vivas al Santo y aplausos a su paso.
La procesión, concentrada en toda su extensión, en la carretera, era digna de verse. Y mi máquina, sin descanso. Que las vistas eran extraordinarias, en plena dehesa extremeña, rodeados como estábamos de encinas, alcornoques y matorral. Y allí tiene lugar un cambio en los porteadores: entran 16 mujeres, gentes de la Hermandad y otras por libre, como mi santa esposa, que, como viene haciendo en los últimos años, siempre arrima el hombro en este tramo llano. Y los de Coros y Danzas, que montan unas estampas extremeñas por delante, siendo muy aplaudidas por el respetable.
Detrás de San isidro vienen las autoridades, encabezadas por el Alcalde y el párroco. Que el señor Arzobispo, con una lesión en la pierna, se ha quedado a la espera en sus reales. Y girando a la izquierda, donde se halla el portón del camino que sube a la Ermita, la Imagen descansa para cambiar a las mujeres por los hombres de nuevo. El camino que se avecina es duro y hay que echarle reaños. José Antonio Serrano, el capataz, hace lo que le dicen por todas partes, en tanto que José Crespo, con su walki-talqui, se coordina con otro que va en la delantera, junto al estandarte. Y aquí que me veo echando una mano, arrimando el hombro también, para llevar al Santo por este camino infernal. Como todos los años. Después de varias paradas, con la gente dando vivas al santo y a los costaleros (¡), regresamos por donde salimos y colocamos al Santo dando cara al pueblo. Momento que los mozos y las mozas del Grupo folklórico montan otra memorable actuación, esta de despedida, echando humo los aplausos, mientras inclinan la cabeza con respeto ante el Patrón de nuestros campos.
Son las dos de la tarde y hay que entrar al Santo en sus andas. Tarea ardua, porque hay que hacerla a pulso y echándole riñones, que la puerta es justa y la Imagen más grande de lo normal. Así que hacemos virguerías y, en medio de atronadores aplausos y vivas por la maniobras, quedamos al bueno de Isidro de nuevo en su hogar, sobre unos borriquetes. El reparto de espigas benditas, la recogida de algunas flores de su trono y la compra de algunos recuerdos en la caseta de la Hermandad, rematarían los actos religiosos y devotos. Con tiempo para leer unos carteles improvisados de cartón, con avisos que dicen: "Ojo. Peligro de incendio. Cuidado con los cigarros".

RESTO DE LA JORNADA
Y luego, las autoridades e invitados serían agasajados por la Hermandad en un anexo de la propia Ermita, celebrándose a continuación, ausentes ya el Alcalde, el Arzobispo y el capitán de los guardias civiles, con sus respectivos séquitos, una opípara comida de hermandad, con la participación de los hermanos, hermanas y allegados. Y el resto del mundo mundial, a buscarse la vida por las casetas y chiringuitos del lugar. Y en la más cercana a la Ermita --conocida por Melanie-- tendríamos tiempo de saborear los sabrosos choricitos, pancetas, chuletitas, sardinas y demás platos camperos por San Isidro. Muy cerca, por cierto, de un chiringuito que habían montado los de "Custodia compartida, ya", inasequibles al desaliento, con pancartas alusivas y todo.
Lo que aprovecharían numerosos romeros y domingueros para desparramarse por el lugar, visitar otras casetas en la zona baja y perderse por los hermosos parajes del Parque municipal Tres Arroyos --inmenso, de 243 hectáreas--, también llamado de "Antonio Cuéllar Casalduero", alcalde que fue de Badajoz, recentísimamente restaurado después de año y medio de obras, con sus caminos y sendas forestales, miradores, mesas y barbacoas ad hoc, zonas infantiles de juegos, pasarelas, circuito deportivo, etc. Todo un lujo para los pacenses que habrá que mantener y conservar.
Eran las cuatro y media de la tarde, después del helado y del café, que invitaba la casa, cuando cogíamos el macuto y los ramos de espigas, y regresábamos felices y contentos a casa.

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¡La "capilla sixtina" del graffiterío pacense!

Por El Avisador - 22 de Mayo, 2006, 16:49, Categoría: General

En Santa Marina alta, junto a los aparcamientos de la avenida del Gral. Saavedra Palmeiro, a un tiro de piedra de El Corte Inglés, los mejores graffiteros de la ciudad han tomado las paredes del cerramiento y la han convertido en la "capilla sixtina" de su arte urbano. Casi toda la pared aparece dibujada y coloreada con espléndidas muestras de ese arte tan peculiar que en inglés se llama graffiti y en español, pintada, sin más ringorrangos. Y han plantado una decena de coloristas "murales", con sus clásicas figuras, rótulos y expresiones que sólo entienden un puñado de iniciados. El caso es que estas paredes, en otro tiempo sucias y llenas de  carteles pegados y rotos, ofrecen ahora una estampa hasta atractiva, no la que vemos por muchas partes de la ciudad, llenas de pintadas y brochazos a diestro y siniestro, todas ellas, además, de pésimo gusto. Especialmente aquellas que aparecen en los edificios y lugares más nobles de la ciudad, lo que hacía que nos acordáramos de la madre que les parió a más de uno y a más de dos. En esta ocasión, aconsejable su visita y quedarse con una de ellas, de las primeras, junto al kiosco de prensa, donde aparece una gigantesca figura de un disc-jockey moderno, a punto de estallar de tanto ruido que le llegan por los cascos, conectados al mundo mundial, con su cuadro de mandos, ordenadores, etc. Y con una frase significativa, en letras mayúsculas, que no me resisto a publicar:

POR MUCHO MÁS KE GRITO... SÓLO ME ESCUCHO YO!

Una acertada autocrítica de la incomunicación moderna, donde todo el mundo, especialmente la juventud, pretende comunicarse de mil y una maneras --la botellomanía, la música, los bailes espasmódicos, las nuevas tecnologías, los móviles, Internet, los MP3, las videoconsolas...-- y, al final, nadie parece escucharles. Búscate a tí mismo, parece deducirse del eslogan.
Tomo nota también de la firma del autor. Y no pone Manolo Pérez ni Juana García ni otros nombres corrientes y por el estilo. ¡Qué va! Que viene también su nombre en clave. Y lo pongo: Jave.crak.sak.06. ¿Lo habéis entendido? ¡Pues anda que yo...!
Si podéis, no dejéis de echar un vistazo a esta nueva "capilla sixtina" del graffiterío pacense.

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50 años del Capitán Trueno

Por El Avisador - 22 de Mayo, 2006, 7:52, Categoría: General

http://www.20minutos.es/data/img/2006/03/24/387101.jpgHace muy poco, el pasado domingo, uno de los héroes de nuestra infancia, el inolvidable Capitán Trueno, nacido en 1956, cumplía los 50 años de vida. Paladín de la justicia, defensor de los débiles contra opresores y tiranos, siempre luchó contra el sectarismo, la falta de razón, la ambición desmedida, la tiranía, la venganza, la injusticia, la muerte, la esclavitud, la hechicería y la lujuria, acompañado de sus inseparables Goliath, el gigantesco y tuerto comilón, apodado "El Cascanueces" por su destreza en repartir mamporros entre los "malos", Crispín, su juvenil y bromista escudero, y su eterna novia Sigrid, reina de la isla de Thule, con la que nunca llegó a casarse, deseada por todos los malvados, raptada una y mil veces para ser rescatada por el héroe en un alarde de fuerza, habilidad y valor, para así poder brillar con luz propia.
Los creadores de El Capitán Trueno fueron Víctor Mora y Ambrós. El primero se ocupó de los guiones y el segundo de los lápices. Posteriormente, debido a la cantidad de trabajo, ambos tuvieron que buscar colaboradores. El primer número, titulado "¡A sangre y fuego!", de la recordadísima editorial Bruguera, saldría un 14 de mayo de 1956, costando 1,25 pesetas de las de antes.
El Capitán Trueno se alternaría con otros héroes del cómic español no menos apasionantes en la década de los 50 del pasado siglo, como El Guerrero del Antifaz, Roberto Alcázar y Pedrín, el Inspector Dan, El Jabato, El espadachín enmascarado, Apache, El Cachorro, Sigur el Vikingo y los soldados de Hazañas Bélicas, cuyas lecturas ocuparon una parte importante en nuestras vidas cuando éramos unas criaturitas.
Así, pues, cuando nuestro héroe de papel ha cumplido 50 años de vida, vaya nuestro gratísimo recuerdo a sus creadores por tantos ratos de ocio y entretenimiento como nos regalaron. He dicho.

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