Mayo está resultando un mes prolífico para la cultura en Badajoz. Con
la organización de incontables actos, ya institucionales
--Ayuntamiento, Junta de Extremadura y Diputación Provincial--, ya de
asociaciones, entidades y organismos privados, que en Badajoz son
legión los que se preocupan por organizar conferencias, exposiciones,
muestras antológicas, conciertos, pregones, presentaciones de libros,
veladas poéticas, funciones dramáticas, degustaciones de platos y
tapas, mercadillos de antigüedades, fiestas y regocijos, festivales
folkóricos, etc., etc. Con lo que los ciudadanos salimos ganando,
porque tenemos mil y un sitios donde disfrutar y gozar de la pintura y
la escultura, la literatura, la bibliofilia, el cine y el teatro, la
gastronomía, la música y la fotografía, el coleccionismo, las fiestas
populares, el folklore, etc., etc. Y dentro de este festival
enriquecedor, tengo que reseñar los actos que se organizaron los
pasados 10 y 11 de Mayo bajo el epígrafe de I Encuentro internacional de cultura del MediterráneoPensamiento, Poesía, Narrativa, Música, Teatro, Cine, Diálogos).
Y el primer acto, que tuvo lugar en un marco sugestivo --el patio
ajardinado de la Biblioteca de Extremadura, antiguo Hospital Militar,
en La Alcazaba badajocense-- llevaba por título Del agua a la luz. El Mediterráneo. La memoria vital del ser humano (Símbolos, Claves y Propuestas), con un diálogo entre Juan Goytisolo y José María Rodao, el día 10, y un concierto de música medieval con Luis Delgado y el Quarteto de Ureña
(Tres músicas, tres culturas), el 11. Unas 200 personas non sentamos
plácidamente en el jardín a presenciar el "mano a mano" dialéctico
Goytisolo-Ridao, el primero muy conocido en los ambientes intelectuales
del país, conocedor como pocos del mundo árabe, "exiliado" en Marrakech
y reciente premio Extremadura a la Creación, que destacaría "nuestra
aportación árabe y mudéjar a la cultura", y el segundo, embajador de
España en la UNESCO, que habló sobre "la condición normal o no de la
Historia de España", por lo que tenía de fracaso europeo, "una historia
repleta de fracasos, pero no de valores como la tolerancia, el
progreso, el secularismo". Que en el pasado, en España no hubo Reforma,
ni Ilustración, ni Liberalismo, ni Democracia. Los españoles expulsamos
a los moriscos, a los judíos... Y que había que volver a la tradición
anterior, la de la tolerancia...
En
un ambiente bucólico, rodeados de naranjos y otros árboles frondosos,
pisando el césped del jardín, con las palomas enseñoreándose de las
almenas del patio y las golondrinas volando en bandadas, los dos
espadas que siguen alternándose en la palabra, con la tolerancia
siempre como telón de fondo, que me parece que estamos en la corte de
Alfonso X el Sabio, el Rey de las tres culturas --la cristiana, la
árabe y la judía--, cuando unos ojos verdes, que te quiero verdes,
parecen delatar la presencia de alguna hurí salida del palacio del rey
moro de Badajoz. Pero no era una hurí, que era una niñata de ojos
verdes de la tele local exhibiendo mil y un mohines y tonterías delante
nuestra, con otro coleguilla, que me hacen desviar la atención sobre lo
que se cuece en el estrado.
Y
Goytisolo, debelador de nacionalismos y ortodoxias, de las mitologías,
de los fanatismos y de las religiones --aquí se pasaría tres pueblos,
por intolerante, poniendo en almoneda algunas creencias básicas de
cristianos, judíos y musulmanes--, que coge la palabra y nos habla de
autores españoles permitidos y prohibidos, de ortodoxos y heterodoxos o
marginados. Y, claro, que él se decanta por estos últimos, varios de
cuyos nombres saca a la palestra: Américo Castro, Blanco White, Manuel
Azaña, Meléndez Pelayo, Cervantes, Velázquez, San Juan de la Cruz,
Jorge Manrique, Fernando de Rojas, el Arcipreste de Hita... ¡Cuánta
modernidad adivina en los Libros de Barcarrota, en La Celestina, en el
Libro del Buen Amor! Y allí que continúa con su lúcida reflexión a la
búsqueda de las raíces históricas, sociales, políticas y literarias de
la tolerancia, criticando "la cerrazón de la cultura española, nuestro
desconocimiento, la falta de curiosidad por las culturas y los idiomas
extranjeros". Especialmente, de la árabe. Y eso que "sólo nos separan
14 kilómetros entre Tarifa y Tánger". Y, como enamorado de la cultura
árabe que es, nos dice que "aprendiendo del árabe dialectal he
aprendido muchas cosas de la Lengua española que no conocía: giros,
fórmulas...".
Y
Ridao que vuelve a la carga para decirnos cómo debemos ver el
Mediterráneo, que sigue siendo zona de conflictos desde los tiempos del
Imperio romano, al que califica, muy acertadamente, "espacio de
cultura, de comunicación y de conflictos". Por lo que España --de ahí
su vena diplomática-- debe jugar un papel principal en la resolución de
los mismos.
Eran
las diez de la noche, ya con focos, cuando se dio por finalizado este
espléndido diálogo, al que seguiría un suculento convite al estilo
mediterráneo, con las mejores tapas y platos de los quesos, jamones y
embutidos extremeños, además de otras delicias de sartén, con
acompañamiento de cervezas, refrescos y un vino tinto Nasarat, un vinodelatierradeextremadura de las acreditadas Bodegas Gaspar Santos e Hijos, de Badajoz, Casa fundada en 1878. Pero
esta vez no pudimos tratar con el Real Intendente de Museos,
Bibliotecas y Palacios de Congresos de Badajoz y alrededores, el
superintendente de Catering 31, ilustrísimo señor don Gonzalo Guijarro
Merelles, que estaba en la Diputación a otros menesteres propios de su
altísimo cargo. Pero sus empleados cumplieron a la perfección, que
conste.
El acto estuvo
presidido por el consejero de Cultrura, Paco Muñoz, que intervino al
principio para situarlo en su contexto, acto que fue presentado por
Isabel Barceló, ideóloga y coordinadora de estas Jornadas. A la que
sólo hay que poner una pega: por falta de tiempo, las intervenciones
del público al final se limitaron a las preguntas que hizo sólo un
asistente. Poca cosa, Sinforosa. Habrá que recortales el tiempo a los
actores principales en la próxima, doña Isabel.
MÚSICA MEDIEVAL
Las
Jornadas tuvieron un epílogo extraordinario, con el concierto que
ofrecieron al día siguiente Luis Delgado y el Quarteto de Ureña en la
iglesia de Santa María la real (San Agustín), con los bancos repletos
de gente, aunque sin llenarse. Título de su actuación, muy
significativo: Tres músicas, tres culturas. Interpretarían 15 piezas
antiguas en las mejores tradiciones cristianas, árabes y sefardíes de
los siglos XI, XII y XIII. Con títulos salidos de las Cántigas de
Alfonso XIII y de la corte del mismísimo Reino de taifa de Badajoz.
Incluyendo otros recogidos de la tradición balcánica y el Magreb,
canciones de trovadores dirigidas al mundo árabe, música andalusí,
marroquí, etc. ¡Un lujo de concierto, amigos! Los cerradísimos
aplausos finales obligarían a los músicos a tener un par de actuaciones
más y los cuatro intérpretes --Luis Delgado, César Carazo, natural de
Badajoz, Jaime Muñoz y Felipe Sánchez--, que exhibieron una docena de
antiquísimos instrumentos, serían obligados a salir en tres
ocasiones... ¡como las grandes estrellas de la música clásica!
Y mi pregunta final: ¿para cuándo otra?