De cuentos eróticos y músicas celestiales

Por El Avisador - 19 de Mayo, 2006, 12:34, Categoría: General

Ayer, la tarde-noche en Badajoz dio para mucho. Como asistir a la presentación de un nuevo libro de Tomás Martín Tamayo en la Feria del Libro y, ya con la fresca, oir músicas celestiales en el Jardín del Museo de Bellas Artes. Primero fue la concurridísima presentación de Cuentos en verde aceituna (Badajoz, Carisma Libros, 2006), con la carpa a rebosar. La razón, además del libro, era la entidad literaria y política de TMT, registrándose la presencia de Enrique Sánchez de León, ministro que fue en tiempos de la extinta UCD, así como altísimos cargos del Partido Popular en la región y en la ciudad --Carlos Floriano, César Díez, José Antonio Monago, Cristina Herrera, etc.--, además del alcalde, Miguel Celdrán, amigos, paisanos de su Campillo de Llerena natal --campillejos los llaman--, gente de la cultura local, profesores, jubilatas y gente del común. Intervinieron Paco Huerto, su editor, Enrique Sánchez de León, su prologuista, que hizo no una presentación sino una conferencia, breve si se quiere, pero conferencia al fin y al cabo sobre el género de los cuentos eróticos --"no hay tradición de erotismo en la narrativa extremeña si se exceptúa a Felipe Trigo"--, la personalidad y el estilo del autor, al que dedicaría un montón de elogios: "sensible, vital, espiritual, tierno, sencillo, amoroso...". Al que seguiría el alcalde de Badajoz, que no ahorraría también sus elogios al autor del libro. Presentó, aseadamente y con soltura, la concejala de la cosa, Consuelo Rodríguez. El librito contiene 15 cuentos de todos los estilos, destacando los eróticos titulados La saeta, El secuestro, Feliz aniversario y Paso de la frontera, entre otros. Cuentos con diálogos fluidos, tensión in crescendo y finales sorprendentes, unas veces humorísticos y otros, crueles y sádicos. Como teníamos prisa, cogí un libro y me lo firmó el cuentista en un santiamén. Para el recuerdo del momento.

MÚSICAS CELESTIALES
Y a continuación, que nos vamos al Museo de Bellas Artes, que era el Día Mundial de los Museos. El coqueto jardín, lleno también, lugar sugestivo, rodeado de estatuas y bustos, además de placas de cerámica y el imponente portón del Parque de Ingenieros de Badajoz, el que estuvo en su tiempo donde hoy se alzan los almacenes Eroski. En un escenario estaba la mesa presidencial, interviniendo en primer lugar Inmaculada Martínez Bonilla, diputada de Cultura y Participación Ciudadana, que leyó la Declaración institucional. A la que seguiría Javier Bodas Larrayoz, director del Área de Cultura y P. C., que presentó la hermosa edición facsímil del libro Romances de Extremadura, ilustrado al estilo antiguo por Antonio Blanco Lon, haciendo una extensa y documentada reseña de este pintor, dibujante y grabador que, aunque nacido en Melilla, desarrolló en Badajoz, en el primer tercio del siglo XX, gran parte de su obra artística, entre ellas la decoración del Gobierno Militar, en la plazuela de López de Ayala. Libro que sólo tuve oportunidad de hojear, que sólo había ejemplares para las altas autoridades. Pero el resto podía adquirirlos a un precio de regalo, sólo 5 machacantes el ejemplar.
Y le seguirían el director del Museo, Román Hernández Nieves, autor del estudio introductorio de la obra presentada, y el presidente de la Asociación de Amigos del Museo, Antonio Martínez Olgado.
Por último, ya con la fresca en el ambiente y las golondrinas y los vencejos revoloteando en bandadas, a sus anchas, por los cielos del Museo y la cercana Ermita de la Patrona, Ntra. Sra. de la Soledad, tuvo lugar un estupendo concierto a cargo de jóvencísimos músicos de la Sociedad Filarmónica de Badajoz, que utilizarían sólo instrumentos de viento  y percusión. La última actuación, Playera, de Enrique Granados, con saxofón y marimba, levantaría al público de sus asientos, con una salva de aplausos imponente a la pareja de intérpretes. Música celestial, vamos.
Y entre los asistentes --unas 150 personas--, muchos diputados, concejales, amigos del Museo, profesores y alumnos del Conservatorio, gentes de la Asociación de vecinos del barrio, jubilatas de oro y gente del común, sin que pudiera faltar nuestro ínclito amigo Emilio González Barroso, el omnipresente coordinador de actividades del Conservatorio pacense, que se sentó a nuestro lado y actuó de informante del que suscribe. Al final, pasadas las 22,30 horas, tuvimos que bajarnos las mangas, sacar los jerseys, las pañoletas y las rebecas e irnos con la música a otra parte.

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