Ayer a media mañana, de paso para otros menesteres, decidí pasarme por
la calle Abril, calle de mi adolescencia y juventud, calle donde viví
muchos años en la abacería que tenía mi santa madre, la señá Sima, en
el número 6-A. Y al ver cómo estaba, con dos casa y media en pie y el
resto, desmochado, sólo solares a la vista, estuve a punto de caerme de
espaldas. Y me vino a la mente la pujanza vital de otras épocas, con
sus Escuelas de niños y niñas --recuerdo ahora a sus directores, a doña
Pura, de niñas, y a don Antonio Paredes, de niños, que en paz
descansen--, su Centro de Adultos, la sede primitiva de ASPACEBA, sus
pensiones y hostales, su casa de vecinos --al estilo de las corralas--,
con familias al completo enfrente de mi casa, incluida gente de etnia
gitana. Con la torerísima familia Alcón de vecinos, con los hermanos
Isidoro y Jacinto, los toreros que pudo tener Badajoz y que se
quedarían en el camino. Que ahora sólo queda en pie, pero cerrado, en
la acera de los pares, el bar Miño, que el resto... ¡ha desaparecido!
¡Incluida mi casa de adolescencia y mocedad! Una vieja casa con poca
fachada pero con un fondo larguísimo, incluyendo patio interior y
refugio subterráneo y todo, que era, a la vez, abacería, frutas,
comestibles y coloniales. Todo muy surtido y variado, donde se fiaba
siempre a los vecinos, a quienes se trataba como si fueran de casa. Y
donde yo actuaba de dependiente cuando no estaba mi madre. Pero tenía
un defecto, uno sólo: siempre despachaba "corrido", de más. Por lo que
me tuvieron que quitar de enmedio para no arruinar el negocio familiar.
Y
en la acera de enfrente, la de los impares, sólo queda la casona que
hace esquina con Vasco Núñez y, hacia Prim, media docena de casas más,
incluida la famosa de la familia Caballero, cerrada a cal y canto y a
punto de caerse también. El resto, destruido y convertido en solares.
¡Cuántos recuerdos se me vinieron a la mente! ¡Cuánta vida ha latido en
estas calles del Badajoz de toda la vida, incluyendo las cercanas de
Prim, Vasco Núñez, Espronceda, Dosma y las plazuelas encantadoras de
Portugal --con salida al parque de Castelar-- y de la Cruz, junto a la
histórica Puerta de Palmas! ¡Cuántos juegos infantiles en sus calles y
en las plazas y parque cercanos! Pero aquello ya pasó y sólo quedan los
recuerdos. Gratos todos, en un Badajoz provinciano, donde todos nos
conocíamos por la calle y la gente sacaba sus sillas a la puerta al
anochecer, en los días de calor, y quedaba siempre las puertas
entreabiertas, nunca cerradas. Por donde pasaban diariamente los
clásicos repartidores callejeros de pan, leche, barquillos, ajos,
limones y garbanzos tostados, estos últimos con sus inolvidables
pregones: ¡El panaderoooooooooooo!, ¡Niñaaaaaaaaaa, el pan! ¡Barquillos
de La Habana, los que se comen sin gana! ¡Los'aaaaaaaaaaaajo! ¡El
limoneroooooooooooo! ¡Tostoooooones, hay tostoooooones!