¡Mi calle Abril!

Por El Avisador - 17 de Mayo, 2006, 8:52, Categoría: General

Ayer a media mañana, de paso para otros menesteres, decidí pasarme por la calle Abril, calle de mi adolescencia y juventud, calle donde viví muchos años en la abacería que tenía mi santa madre, la señá Sima, en el número 6-A. Y al ver cómo estaba, con dos casa y media en pie y el resto, desmochado, sólo solares a la vista, estuve a punto de caerme de espaldas. Y me vino a la mente la pujanza vital de otras épocas, con sus Escuelas de niños y niñas --recuerdo ahora a sus directores, a doña Pura, de niñas, y a don Antonio Paredes, de niños, que en paz descansen--, su Centro de Adultos, la sede primitiva de ASPACEBA, sus pensiones y hostales, su casa de vecinos --al estilo de las corralas--, con familias al completo enfrente de mi casa, incluida gente de etnia gitana. Con la torerísima familia Alcón de vecinos, con los hermanos Isidoro y Jacinto, los toreros que pudo tener Badajoz y que se quedarían en el camino. Que ahora sólo queda en pie, pero cerrado, en la acera de los pares, el bar Miño, que el resto... ¡ha desaparecido! ¡Incluida mi casa de adolescencia y mocedad! Una vieja casa con poca fachada pero con un fondo larguísimo, incluyendo patio interior y refugio subterráneo y todo, que era, a la vez, abacería, frutas, comestibles y coloniales. Todo muy surtido y variado, donde se fiaba siempre a los vecinos, a quienes se trataba como si fueran de casa. Y donde yo actuaba de dependiente cuando no estaba mi madre. Pero tenía un defecto, uno sólo: siempre despachaba "corrido", de más. Por lo que me tuvieron que quitar de enmedio para no arruinar el negocio familiar.
Y en la acera de enfrente, la de los impares, sólo queda la casona que hace esquina con Vasco Núñez y, hacia Prim, media docena de casas más, incluida la famosa de la familia Caballero, cerrada a cal y canto y a punto de caerse también. El resto, destruido y convertido en solares. ¡Cuántos recuerdos se me vinieron a la mente! ¡Cuánta vida ha latido en estas calles del Badajoz de toda la vida, incluyendo las cercanas de Prim, Vasco Núñez, Espronceda, Dosma y las plazuelas encantadoras de Portugal --con salida al parque de Castelar-- y de la Cruz, junto a la histórica Puerta de Palmas! ¡Cuántos juegos infantiles en sus calles y en las plazas y parque cercanos! Pero aquello ya pasó y sólo quedan los recuerdos. Gratos todos, en un Badajoz provinciano, donde todos nos conocíamos por la calle y la gente sacaba sus sillas a la puerta al anochecer, en los días de calor, y quedaba siempre las puertas entreabiertas, nunca cerradas. Por donde pasaban diariamente los clásicos repartidores callejeros de pan, leche, barquillos, ajos, limones y garbanzos tostados, estos últimos con sus inolvidables pregones: ¡El panaderoooooooooooo!, ¡Niñaaaaaaaaaa, el pan! ¡Barquillos de La Habana, los que se comen sin gana! ¡Los'aaaaaaaaaaaajo! ¡El limoneroooooooooooo! ¡Tostoooooones, hay tostoooooones!

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