15 de Mayo, 2006
Mi amigo Paco Luján
Tiempos difíciles y convulsos para los pequeños ahorradores en España.
Que son legión, la inmensa mayoría se podría decir. Los que dependen
sólo, o casi, de sus sueldos. Invirtiendo unos puñados de euros aquí y
allá para el día de mañana, cuando la pensión no llegue. Y, ahora, con
la estafa filatélica Afinsa-Fórum Filatélico, su gozo en un pozo,
muchos de ellos se quedan sin sus ahorros de toda una vida. Y otros
más, arruinados. Sin porvenir, sin futuro. Por culpa de esa minoría de
directivos sin escrúpulos y amorales que se lleva la pasta y los deja
tirados. A los pies de los caballos. Igualito que cuando los asuntos
aquellos de la inmobiliaria PSV, la de UGT, la que iba a hacer
tropecientas mil viviendas para gente del común, y que quedó en un
fiasco y los aspirantes a ellas, con su dinerito adelantado, vilmente
engañados. Lo mismito que pasó con los sinvergüenzas de Gescartera, que
cogieron los maletines y salieron corriendo, aunque luego la policía
atraparía a los cabecillas, que, encima, eran insolventes y se lo
habían gastado todo. Y, aunque de ellos se habla poco, en todos estos affaires
los perjudicados fueron también muchos de los empleados y trabajadores
de estas "empresas", que allí invirtieron sus ahorros, para dar
ejemplo. Y digo esto porque me estoy acordando de un empleado ejemplar
de Fórum Filatélico en Badajoz, el responsable de su oficina, sita en
la plaza de España. Me estoy refiriendo a Paco Luján Villalba, amigo
entrañable desde hace la intemerata, tipo ejemplar y honesto donde los
haya, a través de cuya figura muchos amigos suscribirían contratos de
adhesión al negocio de los sellos y de las monedas. Como lo pude hacer
yo en su tiempo, pero luego me dediqué a invertir lo poco que tenía en
otras cosas. Pues me llegan noticias de que está hundido moralmente y
de que su patrimonio personal está tocado, si no hundido, que ha
perdido también sus dineros, como el resto de perjudicados. Y en la
dura calle, sin trabajo. Y el muchacho no se lo merece. Que él era un
mero empleado de su Empresa, leal y honrado como pocos. Ajeno a los
tejemanejes de los jetas de sus jefes. Y soy testigo, como tantos en
Badajoz, que lo que ganó en su vida laboral lo fue por su propio
esfuerzo, que nadie le regaló nada ni le tocaron millones en la Lotería. Y
ahora, en estos momentos en que los rumores, las insidias y la
maledicencia corren como caballo de Atila por todas las esquinas, es
cuando saco mi voz en defensa de la honorabilidad de Paco y familia,
entre cuyos amigos me honro en pertenecer. ¡Paco, amigo, estoy contigo!
¡Ánimo, familia, que de ésta saldréis pronto y bien!
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¡San Isidro, peregrino en Badajoz!
Hoy, San Isidro Labrador, la Villa y Corte arde en fiestas y regocijos
en honor del Patrón de los campos de España. Lo mismo que incontables
lugares, villas y pueblos de la Extremadura rural, que lo tienen como
abogado divino de sus campos y senaras. En tanto que en Badajoz, donde
fuera fiesta local hasta mediados de los años 80, lo festeja el domingo
21. Pero con unos prolegómenos extraordinarios: hoy se conmemoran los
primeros 50 años (1956-2006) de la creación de su Hermandad y de la
primera romería en el parque municipal de Tres Arroyos, en la carretera
de Corte de Peleas, donde se pondría la primera piedra de su Ermita.
Por lo que ayer, a media mañana y en medio del fervor de los suyos, San
Isidro Labrador peregrinaba, por vez primera en su historia, desde su
Ermita campera hasta Badajoz. Con
tal motivo, fue traído de forma parsimoniosa, subido en el remolque de
un tractor, hasta las cercanías de la plaza de toros, en Pardaleras,
para, desde allí, ser llevado a hombros de sus fieles y devotos, gentes
del Club del Caminante y miembros de su Hermandad. Y media hora antes
de la una de la tarde, hora de su llegada, ya le estábamos esperando un
buen número de fotógrafos, periodistas y curiosos en la plaza de
Cervantes, junto a la puerta de la parroquia de San Andrés, final de su
peregrinación. Y allí coincido con Enrique Vidarte, el fotógrafo de la
vespa colorá, y decidimos irnos a la Ronda del Pilar a la carrera, que
de cerca llegan los ecos de canciones folklóricas extremeñas. Y a la
altura del colegio de Los Pinos, el Lope de Vega, tenemos la suerte de
coger el cortejo que, también parsimoniosamente, se encamina hasta San
Andrés. Y lo iniciaban dos filas de jóvenes de la Agrupación de Música
y Danzas Extremadura, que interpretaban con donosura algunos aires
extremeños, acompañados de acordeones, guitarras, laúdes, panderos,
tamboriles y castañuelas. Con cancioncillas pegadizas de nuestro rico
folklore, harto conocidas por populares. Como ésta:
De la uva sale el vino, de la aceituna, el aceite, y de mi corazón sale, ¡ay! cariño para quererte.
En Olivenza se sueña
que nos queremos tú y yo,
niégalo tú, vida mía,
que también lo niego yo. Eres alta y buena moza,
pero no presumas tanto,
que también las buenas mozas, ¡ay!
se quedan p´a vestir santo.
A
continuación venía un "isidro" portando el extraordinario estandarte de
la Cofradía, también de 1956, pero restaurado con posterioridad. E,
inmediatamente después, la imagen de San Isidro, rodeado de flores y
espigas, llevada en volandas por macizos romeros, a quienes dirige con
sobriedad su capataz, José Antonio Gallego:
--¡Vamos, arriba! ¡A la izquierda! Todos
ellos, capataz y porteadores, tocados con gorras domingueras, luciendo
en el cuello las clásicas cintas y los pañuelos verdes del
Cincuentenario. Y alrededor del Santo, junto al hermano mayor, Rafael
Crespo González, una legión de romeros, devotas y caminantes, con sus
indumentarias ligeras, pamelas y cayados floridos. Muchos de ellos, sin
tener que ver con el campo. En estos tiempos modernos, muchos
funcionarios y jubilados. Que en la Hermandad son 75 miembros, unas 30
familias, incluidos los pequeñuelos, ataviados ex profeso
también para la ocasión. Sin que faltara el caminante mayor de Badajoz,
el entusiasta y veteranísimo Manolo Mayorga. Y, atentos a que todo
salga bien, miembros de la Policía local y de Protección Civil, con sus
camisolas color butano. En
el cruce con Madre de Dios, antes de adentrarnos en los aledaños de la
histórica parroquia de San Andrés, hay un alto, mientras se escucha:
Las chicas de Olivenza no son como las demás, ¿por qué? Porque son hijas de España, ¡ay! y nietas de Portugal. Tienen la serena belleza de la mujer lusitana, y la gracia y el salero ¡de las mujeres de España!
LLEGADA A SAN ANDRÉS Hay
problemas para cambiar a hombres por mujeres, el peso de la Imagen en
su paso es excesivo y se acuerda hacer el cambio más adelante, cerca de
la iglesia. Y vuelta a seguir por esta calle empinada y estrechísima,
que se acorta según se llega a la plaza.
En esto que las
campanas de la iglesia tocan a fiesta y el vecindario comienza a
asomarse por puertas, balcones y ventanas. En el cruce con Martín
Cansado, nueva parada para el cambio de los hombres por las mujeres,
mientras los vivas a San Isidro se suceden y los cánticos folklóricos
atruenan:
Redoble,
redoble, vuelve a redoblar, con este redoble me vas a matar. Me vas a matar, me voy a morir, con este redoble vuelvo a repetir. Las de la calle Caleros se lavan con aguardiente, las de Caminito Llano, con agüita de la fuente. Redoble,
redoble, vuelve a redoblar, con este redoble me vas a matar. Me vas a matar, me voy a morir,
con este redoble vuelvo a repetir.
Cuando
San Isidro aparece por la plaza, los allí presentes aplauden
enfervorizados, prorrumpiendo en vivas al Santo y, tímidamente, a Santa
María de la Cabeza, su santa esposa. El párroco, don Rafael Cubillo,
revestido con alba, hace tiempo que espera a la comitiva en el dintel
de la puerta y el Santo es colocado allí, dando cara al pueblo, en
tanto las campanas redoblan que da gloria. Antes de su definitiva
entrada, el grupo de Coros y Danzas de Extremadura hace una exhibición
de sus cánticos y de sus bailes delante de la Imagen. Para la ocasión,
los mozos y las mozas de Badajoz lucen hermosas y ricas indumentarias
de gala, destacando las de Montehermoso, con su singular gorrito,
Cáceres, Castuera, Don Benito y, naturalmente, Badajoz. Y en los bailes
hay un mozo bien puesto, a la castuerana, que sobresale por su brío: es
Andrés Lope Blanco, personaje popularísimo cuando llega el Carnaval
pacense, que siempre va disfrazado de San Pancracio, el santo del
perejil y la leyenda entre las manos. ¡Ahí es nada, un "santo" bailando
en honor de otro "colega", San Isidro! ¡Lo nunca visto en Badajoz! ¡Y
venga otra ronda!
Eres más chica que un huevo y ya te quieres casar anda, ve y dile a tu madre que te enseñe a trabajar.
Anda diciendo la gente,
que tienes un olivar,
y el olivar que tú tienes, ¡ay!
es que te quieres casar.
No te apures, mi serrana,
que ese novio llegará,
y aunque no tenga dinero,
contigo se casará. Terminado
los regocijos callejeros, el Santo es introducido en la iglesia de San
Andrés, siendo colocado en la capilla del Descendimiento y de la Virgen
de la Esperanza, las dos imágenes titulares de la Cofradía allí
radicada. En tanto, el hermano mayor va repartiendo estampitas del
Santo entre todos los presentes. Hechas a base de fotocopias, que la
humildad de la Hermandad no da para más, conteniendo en su reverso una
oración y una brevísima biografía. Una
vez llenos los bancos, el párroco dio la bienvenida al Santo y a sus
devotos, haciendo un panegírico del primer Santo salido del pueblo
llano, Isidro Merlo Quintana, un campesino madrileño que vivió en la
Villa y Corte en el siglo XIII, el primer laico llevado a las altares
después de haberse santificado en el mundo de donde procedía, el rural.
Que su mérito tenía, pues antes de ser elevado a los altares en 1622
sólo eran santificados Reyes y Papas, cardenales y arzobispos, abades y
abadesas, monjas y religiosos. Como si el trabajo y la dedicación de
los laicos no agradara también a Dios. Se leyó la oración y todo el mundo aplaudió al
final. ¡Caso insólito en esta iglesia, con un párroco tan rígido y
escrupuloso como don Rafael! Y, ya al final, la despedida, con la
gente saludándose, haciéndose fotos familiares delante del Santo y
quedando para el triduo, el regreso de San Isidro a su ermita y la
romería del próximo 21. Pero no me voy sin antes coger una espiga de su
trono, junto a sus pies. Espiga que me llevo a casa como recuerdo
simbólico de un día que pasará a los anales de la pequeña historia
local: ¡San Isidro, peregrino en Badajoz!
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