¡Llegó Mayo y, con él, el esplendor de la primavera! Mayo es el tiempo
en que el hombre y la naturaleza recobran su vigor; tiempo en que los
animales y la vegetación están en plena actividad. Mayo es el mes de
las flores, del amor y, desde tiempos inmemoriales, de fiestas y
regocijos. Fiestas donde las romerías, las fiestas campestres, las
cruces floridas, las "mayas", los "mayos", las "enramás", las verbenas,
las ofrendas y las representaciones religiosas --los autos de La Entrega o La Invención de la Santa Cruz--, además de las ruidosas primeras comuniones, constituyen algunos de sus rasgos más notorios.
Para que lo recordéis, nada mejor que reproducir el famosísimo y ancestral romance de El Prisionero, que todos, seguro que recordaréis haberlo leído en los libros escolares en vuestra infancia y adolescencia,
por lo que os lo sabréis de memoria. Y, si no, ahí va para refrescarla de nuevo.
Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor,
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión,
que ni sé cuándo es de día,
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.