Por tierras del alcalde más famoso de Extremadura

Por El Avisador - 30 de Abril, 2006, 16:50, Categoría: General

Pues no me estoy refiriendo al de Olivenza, Ramón Rocha, ni al de Mérida, Pedro Acedo. Como tampoco al de Cáceres, José María Saponi, ni al de mi queridísimo pueblo, Peraleda de San Román, en la comarca cacereña de La Jara, Evelio Carbonero, medio pariente mío, por cierto. Que me estoy refiriendo a Pedro Crespo. ¿Y quién es Pedro Crespo? ¿Pero no lo habéis cogido ya? Sí, hombre, sí, mujer, el famosísimo alcalde de Zalamea de la Serena, el que inmortalizara para los restos Calderón de la Barca en su inmortal drama El Alcalde de Zalamea. Que ayer sábado, con ocasión de una interesante jornada balonmanística por tierras de Zalamea y Castuera, con los mejores equipos juveniles de Extremadura, allá que nos fuimos Pili, Laura, mi nieta mayor --la que mantiene ahora la llama ardiente del balonmano en la familia-- y el abajo firmante acompañando a la expedición del APB juvenil. Con el consiguiente madrugón, pero eso no importaba. Por lo que cogimos carretera y manta --autobús de A. Blanco-- y, tras recoger a otra expedición de jóvenes y adolescentes de Tierra de Barros en Almendralejo, la ciudad de la cordialidad --Julio Luengo dixit ad kalendas graecas-- cogimos la N-630 para, a la altura de Torremejías, girar a la derecha e internarnos, ¡siguiendo la comarcal Olivenza-Don Benito!, por tierras de Alange, Guareña, Mengabril, Don Benito, La Haba, Quintana y, por fín, la Zalamea de don Pedro Crespo. ¡Oh, La Serena, tierra de amplísimos espacios, cielos límpidos, horizontes lejanísimos, tierra de pastos y rebaños de ovejas, con sus quesos, jamones, aceites y vinos con denominación de origen, sus dulces deliciosos, el trato amable de sus gentes...!
Y, ya en Zalamea, tras las disputas deportivas, que nos damos un garbeo por la población y lo primero que nos damos cuenta es que Pedro Crespo y Calderón de la Barca están omnipresentes en este lugar: escuelas, calles, monumentos, lápidas conmemorativas, bares, restaurantes, hoteles, tiendas, marcas de vino... Y en la fachada de su espléndido Ayuntamiento, donde el granito de Quintana sobresale en su factura, hay un hermoso panel de cerámica decorada --copiado hasta la saciedad en otros muchos lugares del pueblo--, como homenaje a su famosísimo alcalde calderoniano, que dice:

ZALAMEA, A PEDRO CRESPO
Al Rey, la hacienda y la vida
se ha de dar, pero el honor
es patrimonio del alma
y el alma sólo es de Dios.
En 13 de Sepbre. 1925
Y luego, tiempo para recorrer las plazas y calles del pueblo, en especial la céntrica y empinada vía de Feria, animadísima de personal a esas horas del mediodía, repleta de locales comerciales, bancos y cajas de ahorros, además de numerosos locales de quinielas y juegos de azar e, increíblemente..., ¡media docena de pubs, discotecas y similares en el mismísimo centro!, lo que quiere decir --que la policía no es tonta-- que este hermoso lugar, de unos 5000 habitantes, es un pueblo de posibles, con pasta para caer malo. Rico, vamos. Y al final de la calle Feria está la plaza de la Constitución, la antigua iglesia parroquial de Ntra. Sra. de los Milagros (s. XIII) y el sensacional dystilo romano, de carácter sepulcral, único en la península Ibérica, con dos enormes pilastras bastante bien conservadas. Sin olvidarnos de la Casa de Pedro Crespo, y, ya en las afueras, del importantísimo yacimiento protohistórico de Cancho Roano (ss. VI y V a. C.), de origen tartésico. Con que aprovechamos para hacer decenas de fotos en la plaza, mientras los del mercadillo ambulante recogen sus bártulos, que hoy ha sido día de mercata en el pueblo, por eso tanta animación en sus calles.

TIEMPO PARA PICAR Y COMER
Y antes de comer con la muchachada, tiempo para visitar algunos de sus populares bares, tascas y tabernas, para degustar los mejores productos del lugar, como La Parada, al lado del Ayuntamiento. Porque estamos, señoras y señores, en el pueblo donde confluyen cuatro denominaciones de origen, cuatro. Sus quesos, D. O. Queso de La Serena, sus jamones, D. O. Dehesa de Extremadura, sus vinos, D. O. Ribera del Guadiana, y sus aceites, D. O. Aceite de Monterrubio. Casi ná. Y en La Parada tienes tiempo, además de conocer e intimar con su dueño, un tipo abierto y peculiar, Pascasio Gil Blázquez, de probar una serie de exquisiteces como el bacalao rebozado, el cochinillo frito, los pajaritos en su salsa y, si tienes apetito,... ¡los "pascasines" de jamón, queso, lomo...! Porque un "pascasín" --de Pascasio, el titular-- es un gigantesco bocadillo de jamón, queso, etc., donde te ponen cuarto y mitad de lonchas de jamón, queso de la Serena o lo que sea menester, que te quedas comido, merendado y cenado. Indicado para la gente que viaja con prisa y tiene que salir a escape en el autobús.
Pero lo bueno es que, al hilo de los "pascasines", que entro en conversación con Pascasio, un tipo especial, elegantísimamente vestido con una camisa de seda, blanca con rayas azules, remangada sólo a la altura de las muñecas, todo un señor, y al decirle que veníamos de Badajoz, aquéllo fue el acabóse. Que me dice que Badajoz le gustaba mucho, que hizo la mili en Aviación, en Talavera, y que se pasaba por Badajoz muchas horas de ocio y entretenimiento. Que es primo hermano de José María Gil Tamayo, un cura muy conocido en Badajoz, responsable de los Medios de Comunicación de la Conferencia Episcopal Española, además de director de Iglesia en Camino, que es empresario de la construcción y se dedica a promover el ocio de los muchos madrileños que vienen por estas tierras a vivir, cazar, pasar las vacaciones, etc. Que su empresa de Fincas rústicas y urbanas se llama "A lo hecho pecho" --y no miento ni exagero, colegas, que me repasa su tarjeta, con su teléfono y todo--, que es un "gitano", me dice con sorna, pero dando el callo un montón de horas en este bar. Y que me pone una copa de vino de Tierra de Barros, A. R., naturalmente. Y yo que aprovecho para regalarle una de las bufandas del Club que llevo para los amigos.
Y él que vuelve a la carga --Bebe, que te llene-- y me dice que me regala unas rosquillas. ¿Cómo que unas rosquillas? ¡Unos roscones fritos de padre y muy señor mío!
--¿Y a qué se debe este nivel de vida en Zalamea? --pregunto por saber.
--Pues, muy sencillo, a los muchos emigrantes del pueblo que volvieron de Alemania con un montón de dinero ahorrado, a la construcción, a las empresas de los quesos y los jamones... ¿No te has dado cuenta de que hay ocho bancos? --me lo explica todo muy clarito el amigo Pascasio.
--Pues..., lo que sí veo es que aquí hay muchas ganas de juerga y cachondeo, con tantas discotecas, bares y restaurantes, que será porque hay pasta, que si no... --acierto a explicar.
Quedo en volver para tomar un café y despedirme de este tipo tan gentil y amable, por nombre Pascasio, de la Agencia de Fincas rústicas y urbanas "A lo hecho pecho", de Zalamea de la Serena.
La comida es en el cercano Hostal-Restaurante-Cafetería Calderón de la Barca --¿os suena?--, que la plaza de marras, con el Ayuntamiento enfrente, se llama de Calderón de la Barca --¿os sigue sonando?-- y allí el menú es acogido con ovaciones de gala por la chavalería: macarrones con carne picada y tomate, filetes de lomo y patatas fritas y de postre, yogures variados. Y, eso sí, agua por un tubo, muchos refrescos caseros y un bollo de pan "a la pascasiana", buenísimo, oiga, de la acreditada Panadería y bollería Hermanos Rodríguez, de Zalamea. Yo me pido un vino y me traen uno de la casa, un tintorro que se llama...¡Calderón de la Barca! ¿Qué hago, lo tomo o lo dejo? Pues lo tomé, aunque era manifiestamente mejorable, sólo apto para fabricar tintos de verano.
Después vino la despedida cordial de nuestro Pascasio--que el café invitaba la casa--, prometiendo volver y hacerle una visita. Que la segunda jornada, la final, se celebraba en la cercana Castuera, la tierra del turrón, los buenos quesos y... el avión de combate que se yergue soberbio a la entrada del pueblo --donación de un oficial de Aviación, piloto de combate, natural del pueblo-- que ha sembrado la discordia en el lugar y alrededores, con manchas de pintura roja en su fuselaje, señal de protesta de los vecinos enemigos de las guerras y de las armas. Acabado lo cual, fuimos invitados a un refrigerio en la piscina de la localidad, donde al principio nos pusieron un vino Palique, riberadelguadiana, de Castuera, Bodegas San Juan, cosecha 2004. Duro y fuerte como pocos, no apto para paladares delicados. Menos mal que al final lo cambiarían por un excelente payva, otro riberadelguadiana de las acreditadas bodegas de Martínez Payva, de Almendralejo --crianza, añada 2002, uva tempranillo y graciano--, que acaban de inaugurar unas modernísimas instalaciones cerca de Torremejías. Un Palacio del vino al borde mismo de la N-630, en el kilómetro 646, que habrá que visitar a su tiempo. ¡Como en el episodio bíblico de las bodas de Caná, que nos pusieron el vino bueno al final!
***
Y en este largo fin de semana, ¿qué libro vas a leer? ¿Qué cuál? ¡Eso no hay que preguntarlo, que la duda ofende! Pues El Alcalde de Zalamea, de Pedro Calderón de la Barca, que he localizado en mi biblioteca una vieja edición de Espasa Calpe, en su colección Austral, 12 ª edición, la de 1961 --que la primera salió en 1938-- y allí que me las veré , además de con nuestro ilustrísmo don Pedro, con el rey Felipe II, don Lope de Figueroa, el capitán don Álvaro de Ataide, el "malo", para entendernos, "La Chispa", el soldado Rebolledo, Juan e Isabel, hijos de Crespo, Inés, prima de Isabel, el hidalgo don Mendo, un criado llamado Nuño y el escribano que sale siempre en estas obras para dejar constancia de todo.

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