Por tierras del alcalde más famoso de Extremadura
Pues no me estoy refiriendo al de Olivenza, Ramón Rocha, ni al de
Mérida, Pedro Acedo. Como tampoco al de Cáceres, José María Saponi, ni
al de mi queridísimo pueblo, Peraleda de San Román, en la comarca
cacereña de La Jara, Evelio Carbonero, medio pariente mío, por cierto.
Que me estoy refiriendo a Pedro Crespo. ¿Y quién es Pedro Crespo? ¿Pero
no lo habéis cogido ya? Sí, hombre, sí, mujer, el famosísimo alcalde de
Zalamea de la Serena, el que inmortalizara para los restos Calderón de
la Barca en su inmortal drama El Alcalde de Zalamea.
Que ayer sábado, con ocasión de una interesante jornada balonmanística
por tierras de Zalamea y Castuera, con los mejores equipos juveniles de
Extremadura, allá que nos fuimos Pili, Laura, mi nieta mayor --la que
mantiene ahora la llama ardiente del balonmano en la familia-- y el
abajo firmante acompañando a la expedición del APB juvenil. Con el
consiguiente madrugón, pero eso no importaba. Por lo que cogimos
carretera y manta --autobús de A. Blanco-- y, tras recoger a otra
expedición de jóvenes y adolescentes de Tierra de Barros en
Almendralejo, la ciudad de la cordialidad --Julio Luengo dixit ad kalendas graecas--
cogimos la N-630 para, a la altura de Torremejías, girar a la derecha e
internarnos, ¡siguiendo la comarcal Olivenza-Don Benito!, por tierras
de Alange, Guareña, Mengabril, Don Benito, La Haba, Quintana y, por
fín, la Zalamea de don Pedro Crespo. ¡Oh, La Serena, tierra de
amplísimos espacios, cielos límpidos, horizontes lejanísimos, tierra de
pastos y rebaños de ovejas, con sus quesos, jamones, aceites y vinos
con denominación de origen, sus dulces deliciosos, el trato amable de
sus gentes...! Y, ya en Zalamea, tras las disputas deportivas, que
nos damos un garbeo por la población y lo primero que nos damos cuenta
es que Pedro Crespo y Calderón de la Barca están omnipresentes en este
lugar: escuelas, calles, monumentos, lápidas conmemorativas, bares,
restaurantes, hoteles, tiendas, marcas de vino... Y en la fachada de su
espléndido Ayuntamiento, donde el granito de Quintana sobresale en su
factura, hay un hermoso panel de cerámica decorada --copiado hasta la
saciedad en otros muchos lugares del pueblo--, como homenaje a su
famosísimo alcalde calderoniano, que dice:
ZALAMEA, A PEDRO CRESPO Al Rey, la hacienda y la vida se ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios. En 13 de Sepbre. 1925
Y
luego, tiempo para recorrer las plazas y calles del pueblo, en especial
la céntrica y empinada vía de Feria, animadísima de personal a esas
horas del mediodía, repleta de locales comerciales, bancos y cajas de
ahorros, además de numerosos locales de quinielas y juegos de azar e,
increíblemente..., ¡media docena de pubs, discotecas y similares en el
mismísimo centro!, lo que quiere decir --que la policía no es tonta--
que este hermoso lugar, de unos 5000 habitantes, es un pueblo de
posibles, con pasta para caer malo. Rico, vamos. Y al final de la calle
Feria está la plaza de la Constitución, la antigua iglesia parroquial
de Ntra. Sra. de los Milagros (s. XIII) y el sensacional dystilo
romano, de carácter sepulcral, único en la península Ibérica, con dos
enormes pilastras bastante bien conservadas. Sin olvidarnos de la Casa
de Pedro Crespo, y, ya en las afueras, del importantísimo yacimiento
protohistórico de Cancho Roano (ss. VI y V a. C.), de origen tartésico.
Con que aprovechamos para hacer decenas de fotos en la plaza, mientras
los del mercadillo ambulante recogen sus bártulos, que hoy ha sido día
de mercata en el pueblo, por eso tanta animación en sus calles.
TIEMPO PARA PICAR Y COMER Y
antes de comer con la muchachada, tiempo para visitar algunos de sus
populares bares, tascas y tabernas, para degustar los mejores productos
del lugar, como La Parada, al lado del Ayuntamiento. Porque estamos,
señoras y señores, en el pueblo donde confluyen cuatro denominaciones
de origen, cuatro. Sus quesos, D. O. Queso de La Serena, sus jamones,
D. O. Dehesa de Extremadura, sus vinos, D. O. Ribera del Guadiana, y
sus aceites, D. O. Aceite de Monterrubio. Casi ná. Y en La Parada
tienes tiempo, además de conocer e intimar con su dueño, un tipo
abierto y peculiar, Pascasio Gil Blázquez, de probar una serie de
exquisiteces como el bacalao rebozado, el cochinillo frito, los
pajaritos en su salsa y, si tienes apetito,... ¡los "pascasines" de
jamón, queso, lomo...! Porque un "pascasín" --de Pascasio, el titular--
es un gigantesco bocadillo de jamón, queso, etc., donde te ponen cuarto
y mitad de lonchas de jamón, queso de la Serena o lo que sea menester,
que te quedas comido, merendado y cenado. Indicado para la gente que
viaja con prisa y tiene que salir a escape en el autobús. Pero
lo bueno es que, al hilo de los "pascasines", que entro en conversación
con Pascasio, un tipo especial, elegantísimamente vestido con una
camisa de seda, blanca con rayas azules, remangada sólo a la altura de
las muñecas, todo un señor, y al decirle que veníamos de Badajoz,
aquéllo fue el acabóse. Que me dice que Badajoz le gustaba mucho, que
hizo la mili en Aviación, en Talavera, y que se pasaba por Badajoz
muchas horas de ocio y entretenimiento. Que es primo hermano de José
María Gil Tamayo, un cura muy conocido en Badajoz, responsable de los
Medios de Comunicación de la Conferencia Episcopal Española, además de
director de Iglesia en Camino, que es empresario de la construcción y
se dedica a promover el ocio de los muchos madrileños que vienen por
estas tierras a vivir, cazar, pasar las vacaciones, etc. Que su empresa
de Fincas rústicas y urbanas se llama "A lo hecho pecho" --y no miento
ni exagero, colegas, que me repasa su tarjeta, con su teléfono y
todo--, que es un "gitano", me dice con sorna, pero dando el callo un
montón de horas en este bar. Y que me pone una copa de vino de Tierra
de Barros, A. R., naturalmente. Y yo que aprovecho para regalarle una
de las bufandas del Club que llevo para los amigos. Y él que vuelve a la carga --Bebe, que te llene-- y me dice que me regala unas
rosquillas. ¿Cómo que unas rosquillas? ¡Unos roscones fritos de padre y muy señor mío! --¿Y a qué se debe este nivel de vida en Zalamea? --pregunto por saber. --Pues,
muy sencillo, a los muchos emigrantes del pueblo que volvieron de
Alemania con un montón de dinero ahorrado, a la construcción, a las
empresas de los quesos y los jamones... ¿No te has dado cuenta de que
hay ocho bancos? --me lo explica todo muy clarito el amigo Pascasio. --Pues...,
lo que sí veo es que aquí hay muchas ganas de juerga y cachondeo, con
tantas discotecas, bares y restaurantes, que será porque hay pasta, que
si no... --acierto a explicar. Quedo en volver para tomar un café y
despedirme de este tipo tan gentil y amable, por nombre Pascasio, de la
Agencia de Fincas rústicas y urbanas "A lo hecho pecho", de Zalamea de
la Serena. La comida es en el cercano Hostal-Restaurante-Cafetería
Calderón de la Barca --¿os suena?--, que la plaza de marras, con el
Ayuntamiento enfrente, se llama de Calderón de la Barca --¿os sigue
sonando?-- y allí el menú es acogido con ovaciones de gala por la
chavalería: macarrones con carne picada y tomate, filetes de lomo y
patatas fritas y de postre, yogures variados. Y, eso sí, agua por un
tubo, muchos refrescos caseros y un bollo de pan "a la pascasiana",
buenísimo, oiga, de la acreditada Panadería y bollería Hermanos
Rodríguez, de Zalamea. Yo me pido un vino y me traen uno de la casa, un
tintorro que se llama...¡Calderón de la Barca! ¿Qué hago, lo tomo o lo
dejo? Pues lo tomé, aunque era manifiestamente mejorable, sólo apto
para fabricar tintos de verano. Después
vino la despedida cordial de nuestro Pascasio--que el café invitaba la
casa--, prometiendo volver y hacerle una visita. Que la segunda
jornada, la final, se celebraba en la cercana Castuera, la tierra del
turrón, los buenos quesos y... el avión de combate que se yergue
soberbio a la entrada del pueblo --donación de un oficial de Aviación,
piloto de combate, natural del pueblo-- que ha sembrado la discordia en
el lugar y alrededores, con manchas de pintura roja en su fuselaje,
señal de protesta de los vecinos enemigos de las guerras y de las
armas. Acabado lo cual, fuimos invitados a un refrigerio en la piscina
de la localidad, donde al principio nos pusieron un vino Palique, riberadelguadiana,
de Castuera, Bodegas San Juan, cosecha 2004. Duro y fuerte como pocos,
no apto para paladares delicados. Menos mal que al final lo cambiarían
por un excelente payva, otro riberadelguadiana
de las acreditadas bodegas de Martínez Payva, de Almendralejo
--crianza, añada 2002, uva tempranillo y graciano--, que acaban de
inaugurar unas modernísimas instalaciones cerca de Torremejías. Un
Palacio del vino al borde mismo de la N-630, en el kilómetro 646, que
habrá que visitar a su tiempo. ¡Como en el episodio bíblico de las
bodas de Caná, que nos pusieron el vino bueno al final!
***
Y en este largo fin de semana, ¿qué libro vas a leer? ¿Qué cuál? ¡Eso no hay que preguntarlo, que la duda ofende! Pues El Alcalde de Zalamea,
de Pedro Calderón de la Barca, que he localizado en mi biblioteca una
vieja edición de Espasa Calpe, en su colección Austral, 12 ª edición,
la de 1961 --que la primera salió en 1938-- y allí que me las veré ,
además de con nuestro ilustrísmo don Pedro, con el rey Felipe II, don
Lope de Figueroa, el capitán don Álvaro de Ataide, el "malo", para
entendernos, "La Chispa", el soldado Rebolledo, Juan e Isabel, hijos de
Crespo, Inés, prima de Isabel, el hidalgo don Mendo, un criado llamado
Nuño y el escribano que sale siempre en estas obras para dejar
constancia de todo.
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