27-A. Un Palacio de Congresos para Badajoz

Por El Avisador - 28 de Abril, 2006, 16:49, Categoría: General

Ayer, día 27, fue un día histórico para Badajoz. Se inauguraba, tras una semana de agrios debates políticos y ciudadanos y con la opinión pública dividida, el modernísimo Palacio de Congresos de Badajoz. Que para unos --Partido Popular-- debería llamarse Ciudad de Badajoz, para otros --IU-- de la Concordia, pero para el que lo hizo y se gastó los cuartos, unos 10 millones de machacantes, los de todos, al fin y al cabo --Junta de Extremadura y Consejería de Cultura--, que fue el que se pondría al final, Manuel Rojas, alcalde socialista que fue de la ciudad (1983-1991), fallecido en plena madurez en el año 2000. Y de tiros largos, corbata incluída, y con las dos invitaciones en el bolsillo, mi macuto y la cámara, allá que nos fuimos Pili y yo, que la ocasión había que vivirla. Con que, andando, cogimos el camino señorial que pasa por Puerta del Pilar y los jardines de Los Cañones y en unos minutos avistamos el Palacio, en forma de gigantesco cilindro, enquistado sabiamente en el histórico baluarte de San Roque, asiento desde 1817 del emblemático coso de la Ronda del Pilar, nuestra recordada Plaza de Toros Vieja.
Eran justamente las 19,45 horas cuando nuestra entrada coincidió con la del presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que iba acompañado de una numerosísima corte de políticos y correligionarios de todos los ámbitos --regional, provincial y local-- y allá que nos fuimos, detrás de la comitiva a ver qué pasaba. Y nada de control de entradas ni supervisar bolsos, que, por lo que vi, pudo entrar cualquiera. ¡Con las peloteras que hubo en las taquillas del López para recoger las invitaciones! Bajando por la singular entrada subterránea, llegamos a uno de los sugestivos corredores o pasillos concéntricos del Palacio y allí la gente fue agolpándose, con la presencia de numerosos consejeros y ex-consejeros, directores generales, diputados, alcaldes y concejales de su partido. El Presidente, que va de la mano de los artífices del proyecto, los arquitectos José Selgás y Lucía Cano, fue recibiendo las explicaciones de rigor, mientras las filas de atrás se engrosaban con altos cargos y representaciones de todos los estamentos sociales de la ciudad: la Iglesia, con el arzobispo Santiago García Aracil, que iba con bastón, al frente, el empresariado, gentes de la Universidad, el Arte y la Cultura, jefazos de las Cajas de Ahorro, profesores de todos los ámbitos, académicos de pro, directores de Museos, Archivos y Bibliotecas, miembros de las Asociaciones de vecinos, profesionales liberales por un tubo, jubilatas y curiosos. Así como, en lugares destacados, el consejero de Cultura, Francisco Muñoz, el presidente de la Asamblea, Federico Suárez, la delegada del Gobierno, Camen Pereira, el subdelegado, Inocencio Ramos, el presidente de la Diputación de Badajoz, Juan María García, y el concejal del PSOE en el Ayuntamiento, José Ramón Suárez, quien, a falta del alcalde de la ciudad y de sus catorce concejales, fue "alcalde" por unas horas, saliendo en todas las fotos y en todos los reportajes. Todos ellos, bien trajeados, peripuestos y tal. Que descamisados también los hubo, como el ínclito representante de IU, Manuel Sosa, y algunos desocupados que no sabían bien a qué venían. Y hablando de fotos, hay que resaltar el extraordinario aparato mediático que se movilizó al efecto, con numerosísimos plumillas, alcachofas, fotógrafos y cámaras. Además de nuestros hermanísimos Vidarte, Manolo y Enrique, que batirían todas las marcas en darle al disparador. Lo nunca visto por estos pagos. Y, como se había anunciado, los grandes ausentes fueron el alcalde de la ciudad, Miguel Celdrán, y su equipo de Gobierno municipal, indignados por las decisiones de la Junta sobre el nombre del Palacio y el ninguneo a que fueron sometidos durante los cinco años que duraron las obras.
De forma discreta, el Presidente, a quien acompañaba Marisol Hinchado, la viuda de Rojas, procedió, en unión de ésta, a descorrer una cortinilla, apareciendo dos inscripciones circulares, en forma de cápsulas de metacrilato o cristal, entre los fuertes aplausos de la concurrencia. Los textos, que copié literalmente, decían:

"sobre el olvido no puede construirse una sociedad justa, libre, fraternal...
en memoria de quienes perdieron la vida en los terribles días de la guerra civil española"
y
"Palacio de Congresos de Badajoz Manuel Rojas.
Fue inaugurado por el Excmo. Sr. Presidente de la Junta de Extremadura
D. Juan Carlos Rodríguez Ibarra.

27 de Abril de 2006"

EL ACTO
Un poco después, la comitiva entró por uno de los vomitorios para seguir la visita guiada y nosotros, detrás, pero nos perdemos por saludar a unos y a otros, por lo que, después de algunas vueltas sin ton ni son, accedemos al Auditorio. Eché de menos una guía o cuadernillo del Palacio para movernos por su interior, además de conocer los datos técnicos, materiales, diseños, costes, plantas, ámbitos de actividades, etc. El Presidente, los arquitectos y demás irían subiendo por las plantas superiores, mientras que nosotros fuimos a buscar nuestras butacas, que eran numeradas. Entre tanto, los medios de comunicación preparaban sus cámaras, máquinas y dossieres --los periodistas sí que tuvieron la suerte de saberlo todo con antelación, no así el resto del mundo mundial-- y al entrar en el Auditorio lo hacemos con la boca abierta de admiración. ¡Extraordinario! ¡Colosal! ¡Soberbio! Y, así, otra retahila más de sinónimos. Y los detalles, cuidados al máximo, con algunas limpiadoras rematando su trabajo y una legión de voluntarias ayudando a situarse al personal. Que aquel Coliseo, que ha costado una pasta gansa --unos 10 millones de machacantes, que se dice pronto-- da albergue a más de 900 personas, según unos, y a cerca de mil, según otros. Y es a partir de las 20 horas cuando aquello comenzó a llenarse, viendo ya más de cerca a mucha gente conocida de la sociedad y la cultura locales. El escenario, bien visible, estaba ocupado por una amplia pantalla, donde las cámaras del interior iban proyectando las idas y venidas de la comitiva presidencial, además de diversos aspectos del Auditorio, con la gente en sus butacas. Por cierto, cómodas y de diseño modernísimo, traídas de Italia y en diferentes tonalidades azules. Entre tanto, José Luis, de Sonido Rubio --con apoyos de Ros Multimedia--, dirigía atentamente la evolución del sonido y de las imágenes. Y son las 20,15 cuando veo que aparece gente con tarjetas sin numerar, tarjetas a las que se les borró la fila y el número y cuyos poseedores deberán buscarse la vida para encontrar asiento.
Y mientras observamos la maravilla arquitectónica que nos rodea, con una luminosidad sorprendente, en tonos irisados, blancos y azules, con la luz cenital penetrando por las cubiertas superiores, aquello me hace recordar el interior de un gigantesco acuario bajo el mar, en este caso, bajo el histórico baluarte de San Roque.
Y en este punto, se me hace un nudo en la garganta, que estamos encima justo del albero, donde hace justo 70 años --agosto de 1936--, la sangre de muchos pacenses inocentes fue derramada brutalmente. Ahora, convertido en modernísimo Coliseo de ocio y cultura, de vida, en suma. Y veo que, 70 años después, seguimos divididos por nimiedades, por un quítame allá ese nombre. Por lo que se me turban los ojos al echar de menos a parte de "mi gente". La gente de Badajoz con la que me cruzo todos los días y con quienes comparto los afanes de la vida diaria. Como mi alcalde, amigo y convecino, Miguel Celdrán, el concejal de mi barrio, Nicasio Monterde, la concejala de Cultura, Consuelo Rodríguez, y Antonio Ávila, el de la Limpieza, entre otros. Gente con la que comparto la ciudad, los amigos y la cultura.
Son las 20,25 y aquello está a punto de llenarse hasta la bandera, cosa que ocurre cuando, un cuarto de hora después, arranca el acto inaugural. Con la profesora Carmen Araya y el cantante de Inlavables, Gene García, tocado con una gorrilla, de presentadores. Aquélla, en tono didáctico y documentado, y éste, en un tono informal y ligero que chirriaba del momento y del lugar. Que esto no era la presentación de un festival de canciones o películas ni una verbena. Y lo incomprensible es que Carmen soslayó en todo momento lo "de Badajoz", refiriéndose al Palacio de Congresos, añadiendo siempre "Manuel Rojas". ¿Cómo es posible tanta amnesia? ¡Con la cantidad de periodistas de todos los medios que hay en Badajoz, que lo hubieran hecho infinitamente mejor! Y cuando Gene hizo por primera vez alusión a Manuel Rojas, como "el mejor alcalde que ha tenido Badajoz", los aplausos arreciaron. Inmediatamente después se procedió a la proyección de un reportaje audiovisual sobre Arquitectura contemporánea en Extremadura, dando un repaso a una veintena de construcciones singulares, entre ellas, claro está, el Puente Real, el MEIAC, la Facultad de Biblioteconomía y Documentación, con la anexa Biblioteca General de Extremadura, y, naturalmente, este señorial Palacio de Congresos, todos en nuestra ciudad.
Poco después subirían al escenario el presidente de la Junta, los dos arquitectos y el consejero de Cultura. La intervención sobria de José Selgás, con su Lucía a su vera y premiada con enormes aplausos, estuvo plagada de agradecimientos, especialmente a la Junta, "porque tuvimos total libertad de actuación", a los ingenieros del proyecto, a los constructores --Joca y Placonsa--, a los operarios... Y le siguió la intervención más esperada de la noche, la de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, intervención que gustaría más o menos, pero que no dejó indiferente a nadie. Y me gustó su tono conciliatorio y de concordia, empezando con una frase lapidaria: "Este Palacio lleva el nombre de un alcalde, Manolo Rojas, y está a disposición de otro, Miguel Celdrán". Los aplausos se oirían en todo Badajoz. A renglón seguido expuso en voz alta las preocupaciones que le albergaron cuando se debatía entre hacer el Palacio aquí, en la Plaza de toros vieja, con su carga de recuerdos, o en otro lugar bien distinto. Y que se alegró al coincidir con la opinión de muchos expertos; "Después de oir a unos y a otros en estos cinco años, creo que hemos acertado". Y habló y se extendió en término elogiosos de esta obra, por su simbología: "Queríamos un Edificio que no fuera un simple recuerdo de lo que había, sino que entrando aquí la gente sabe lo que había". Y se quejó de que todo lo que viene haciendo la Junta aquí, en Badajoz, concretamente, en los últimos cinco años, "siempre aparece rodeado de polémica". "Pequeños celos, que mañana ya se olvidan", dijo literalmente. Y, a continuación, comenzaría a lanzar piropos a la ciudad de Badajoz, a la que consideró como "un hecho diferente en toda Extremadura". Y expuso su deseo de que "este Palacio sea el gran foco que va a iluminar a la ciudad y a todos los extremeños", "faro de la inteligencia, de la cultura, del buen saber estar y del buen hacer". Y que --remataría con otro titular para los periódicos-- "esta ha sido una idea de Extremadura y para Extremadura, y desde Badajoz". Eran las 21,10 horas y los aplausos premiarían con generosidad el discurso conciliador del Presidente.

EPÍLOGO
El acto tendría un remate musical de altura con la intervención extraordinaria de la Orquesta de Extremadura, bajo la dirección del titular, Jesús Amigo. Eran las 21,16 horas y el miniconcierto arrancó con la Obertura festiva, de Cristóbal Halffter, como "aperitivo", para concluir con la clásica Sinfonía nº 3 en Mi bemol Mayor "Heroica" Op. 55, del genial L. V. Beethoven. Y el público, entregado, aplaudiendo al final en pie, con ¡bravos! continuos, haciendo que saliera dos veces a saludar el maestro. Eran exactamente las 22 horas cuando el acto de la inauguración del Palacio de Congresos de Badajoz había concluído.
Al finalizar, todos los presentes fueron obsequiados con un vino de honor en uno de los pasillos circulares del Palacio, al aire libre, con la fresca, estando servido por el simpar Gonzalo Guijarro, el de Catering 31, de Badajoz, que se multiplicó para atender a tanto personal. Nosotros llegamos retrasados y, así y todo, tuvimos tiempo de saborear unos exquisitos aperitivos de queso de La Serena y jamón ibérico, regados con un vino más que notable, un tinto riberadelguadiana Marqués de Montevirgen, reserva 2002, uva tempranillo, de Villalba de los Barros. A. R., naturalmente.
Rematado todo, y a discreción, con bandejas de dulces fríos, que estaban que daban gloria. Eran las 12 de la noche --cuatro horas justas después de nuestra llegada-- cuando recogíamos el hato y regresábamos a casa, después de mantener una agradabilísima tertulia con gentes como el académico y canónigo Paco Tejada, el impresor Isidro Álvarez, marqués apócrifo de Tecnigraf, el arquitecto Paco Hipólito --que me dice que para cualquier duda sobre la construcción del Palacio, los arquitectos y demás, que le mande un correo-- y su cuñada, que iba de "carabina", los hermanos Vidarte y un tal Fernando Plaza Montero, de la UNICEF, un tipo genial, cacereño él, que se conoce medio mundo como observador de la ONU y de la UNICEF, además de ilustre rotario, con quien intercambiamos direcciones, teléfonos y tarjetas. Un tipo con el que habrá hablar despacio en el futuro, pues, además de dar conferencias en medio mundo, es de los que sostienen que "los extremeños no sabemos construir naves, barcos, sólo quemarlos". ¡Como Hernán Cortés, el conquistador extremeño y sus 13 de la fama,
que, ante la situación de rebeldía e insubordinación de sus tropas, decidió prender fuego a sus propias naves ancladas en el puerto de Veracruz, para así impedirles que regresaran a España, abandonando la empresa de la conquista de México! Habrá que oirle y organizarle alguna conferencia por estos pagos, porque yo creo que los extremeños sí sabemos construir cosas, casas y ...¡Palacios de Congresos! ¡Y, si no, que se lo digan a los barandas de Joca y Placonsa!
Y, ya con el pie en el estribo, que pasa Paco Muñoz y nos saluda, al tiempo que me dice que lee todo lo que publico en mi blog, que está al loro de las cosas del Avisador, aunque no está de acuerdo con un par de cosas que dije en mi croniquilla sobre el Palacio de la Discordia, y que, a partir del 3, habrá una semana de puertas abiertas, con visitas guiadas por arquitectos y tal. Y que el HOY va a sacar un cuadernillo con todo lo relacionado con el Palacio.
--Una pena todo lo que ha habido esta semana. ¿Y cómo va a funcionar, quién lo va a gestionar, un Consorcio, tipo López de Ayala? --pregunto.
--No, será una empresa que gestionará todos los Palacios de Congresos de Extremadura, el de Mérida, el de Plasencia y el que se va a hacer en Cáceres --me contesta sin dudarlo un instante.
--Pues esto, el mantenimiento, costará un pastón --sigo.
--Pues seis millones de pesetas al año --me replica el baranda del Palacio por ahora.
--Y ahora retornará al Ayuntamiento, ¿no? --vuelvo a la carga.
--Esperaremos un año, período de garantía, y cuando el Ayuntamiento quiera, se lo entregamos. Lo mismo que el López, cuando ellos quieran, sólo tienen que decírnoslo.
Decimos adiós y, después de atravesar las filas de los agentes privados de seguridad, regresamos a casa cargados de impresiones y vivencias que no se nos olvidarán en largo tiempo.

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