28 de Abril, 2006
Vista nocturna del Palacio de Congresos de Badajoz
Espléndida vista nocturna del Palacio de Congresos de Badajoz, tomada
de prestado de la página de la Consejería de Cultura:
www.culturaextremadura.com.

Que
uno, que no es profesional ni lo pretende, tiene sus limitaciones y las
fotos que saca, las nocturnas, son de personas y grupos. A más no
llega. Espero os guste. Y a ver cuando lo abren para el gran público,
que hay que visitarlo. Obligatorio. Y, como será de día, llevarse la
cámara y un cuarto y mitad de tarjetas de memoria, además del cargador,
por si las moscas y los moscardones.
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Concierto en la iglesia de San Agustín, el 30
El próximo domingo, digo bien, el domingo 30, tendrá lugar un
concierto-homenaje, en su 5ª edición, al que fuera director del Coro
del Conservatorio de Badajoz, destacado investigador del Arte religioso
y canónigo de la Catedral metropolitana de Badajoz, don Carmelo Solís
Rodríguez, fallecido hace ahora en abril justo los cinco años. Estará a
cargo del Coro de la Universidad de Extremadura, con sede en Cáceres, y
está organizado por la recientemente creada Asociación Cultural
"Carmelo Solís Rodríguez" y el Grupo de música vocal Kalenda Maya. El
acto, que comenzará a las 9 de la noche, tendrá lugar en la iglesia
parroquial de Santa María la Real (San Agustín). Se ruega puntualidad. Para mayor información y conocer más de cerca la citada Asociación, así como al grupo Kalenda Maya, cuya alma mater
es Carmen Solís, sobrina de don Carmelo, os repaso su nueva web
(http://www.audio.ya.com/kalendamaya) y su dirección de correo
electrónico (kalendamaya02@hotmail.com). De nada. A mandar.
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27-A. Un Palacio de Congresos para Badajoz
Ayer, día 27, fue un día histórico para Badajoz. Se inauguraba, tras
una semana de agrios debates políticos y ciudadanos y con la opinión
pública dividida, el modernísimo Palacio de Congresos de Badajoz. Que
para unos --Partido Popular-- debería llamarse Ciudad de Badajoz, para
otros --IU-- de la Concordia, pero para el que lo hizo y se gastó los
cuartos, unos 10 millones de machacantes, los de todos, al fin y al
cabo --Junta de Extremadura y Consejería de Cultura--, que fue el que
se pondría al final, Manuel Rojas, alcalde socialista que fue de la
ciudad (1983-1991), fallecido en plena madurez en el año 2000. Y de
tiros largos, corbata incluída, y con las dos invitaciones en el
bolsillo, mi macuto y la cámara, allá que nos fuimos Pili y yo, que la
ocasión había que vivirla. Con que, andando, cogimos el camino señorial
que pasa por Puerta del Pilar y los jardines de Los Cañones y en unos
minutos avistamos el Palacio, en forma de gigantesco cilindro,
enquistado sabiamente en el histórico baluarte de San Roque, asiento
desde 1817 del emblemático coso de la Ronda del Pilar, nuestra
recordada Plaza de Toros Vieja. Eran
justamente las 19,45 horas cuando nuestra entrada coincidió con la del
presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra,
que iba acompañado de una numerosísima corte de políticos y
correligionarios de todos los ámbitos --regional, provincial y local--
y allá que nos fuimos, detrás de la comitiva a ver qué pasaba. Y nada
de control de entradas ni supervisar bolsos, que, por lo que vi, pudo
entrar cualquiera. ¡Con las peloteras que hubo en las taquillas del
López para recoger las invitaciones! Bajando por la singular entrada
subterránea, llegamos a uno de los sugestivos corredores o pasillos
concéntricos del Palacio y allí la gente fue agolpándose, con la
presencia de numerosos consejeros y ex-consejeros, directores
generales, diputados, alcaldes y concejales de su partido. El
Presidente, que va de la mano de los artífices del proyecto, los
arquitectos José Selgás y Lucía Cano, fue recibiendo las explicaciones
de rigor, mientras las filas de atrás se engrosaban con altos cargos y
representaciones de todos los estamentos sociales de la ciudad: la
Iglesia, con el arzobispo Santiago García Aracil, que iba con bastón,
al frente, el empresariado, gentes de la Universidad, el Arte y la
Cultura, jefazos de las Cajas de Ahorro, profesores de todos los
ámbitos, académicos de pro, directores de Museos, Archivos y
Bibliotecas, miembros de las Asociaciones de vecinos, profesionales
liberales por un tubo, jubilatas y curiosos. Así como, en lugares
destacados, el consejero de Cultura, Francisco Muñoz, el presidente de
la Asamblea, Federico Suárez, la delegada del Gobierno, Camen Pereira,
el subdelegado, Inocencio Ramos, el presidente de la Diputación de
Badajoz, Juan María García, y el concejal del PSOE en el Ayuntamiento,
José Ramón Suárez, quien, a falta del alcalde de la ciudad y de sus
catorce concejales, fue "alcalde" por unas horas, saliendo en todas las
fotos y en todos los reportajes. Todos ellos, bien trajeados,
peripuestos y tal. Que descamisados también los hubo, como el ínclito
representante de IU, Manuel Sosa, y algunos desocupados que no sabían
bien a qué venían. Y hablando de fotos, hay que resaltar el
extraordinario aparato mediático que se movilizó al efecto, con
numerosísimos plumillas, alcachofas, fotógrafos y cámaras. Además de
nuestros hermanísimos Vidarte, Manolo y Enrique, que batirían todas las
marcas en darle al disparador. Lo nunca visto por estos pagos. Y, como
se había anunciado, los grandes ausentes fueron el alcalde de la
ciudad, Miguel Celdrán, y su equipo de Gobierno municipal, indignados
por las decisiones de la Junta sobre el nombre del Palacio y el
ninguneo a que fueron sometidos durante los cinco años que duraron las
obras. De
forma discreta, el Presidente, a quien acompañaba Marisol Hinchado, la
viuda de Rojas, procedió, en unión de ésta, a descorrer una cortinilla,
apareciendo dos inscripciones circulares, en forma de cápsulas de
metacrilato o cristal, entre los fuertes aplausos de la concurrencia.
Los textos, que copié literalmente, decían:
"sobre el olvido no puede construirse una sociedad justa, libre, fraternal... en memoria de quienes perdieron la vida en los terribles días de la guerra civil española" y "Palacio de Congresos de Badajoz Manuel Rojas. Fue inaugurado por el Excmo. Sr. Presidente de la Junta de Extremadura D. Juan Carlos Rodríguez Ibarra. 27 de Abril de 2006"
EL ACTO Un
poco después, la comitiva entró por uno de los vomitorios para seguir
la visita guiada y nosotros, detrás, pero nos perdemos por saludar a
unos y a otros, por lo que, después de algunas vueltas sin ton ni son,
accedemos al Auditorio. Eché de menos una guía o cuadernillo del
Palacio para movernos por su interior, además de conocer los datos
técnicos, materiales, diseños, costes, plantas, ámbitos de actividades,
etc. El Presidente, los arquitectos y demás irían subiendo por las
plantas superiores, mientras que nosotros fuimos a buscar nuestras
butacas, que eran numeradas. Entre tanto, los medios de comunicación
preparaban sus cámaras, máquinas y dossieres --los periodistas sí que
tuvieron la suerte de saberlo todo con antelación, no así el resto del
mundo mundial-- y al entrar en el Auditorio lo hacemos con la boca
abierta de admiración. ¡Extraordinario! ¡Colosal! ¡Soberbio! Y, así,
otra retahila más de sinónimos. Y los detalles, cuidados al máximo, con
algunas limpiadoras rematando su trabajo y una legión de voluntarias
ayudando a situarse al personal. Que aquel Coliseo, que ha costado una
pasta gansa --unos 10 millones de machacantes, que se dice pronto-- da
albergue a más de 900 personas, según unos, y a cerca de mil, según
otros. Y es a partir de las 20 horas cuando aquello comenzó a llenarse,
viendo ya más de cerca a mucha gente conocida de la sociedad y la
cultura locales. El escenario, bien visible, estaba ocupado por una
amplia pantalla, donde las cámaras del interior iban proyectando las
idas y venidas de la comitiva presidencial, además de diversos aspectos
del Auditorio, con la gente en sus butacas. Por cierto, cómodas y de
diseño modernísimo, traídas de Italia y en diferentes tonalidades
azules. Entre tanto, José Luis, de Sonido Rubio --con apoyos de Ros
Multimedia--, dirigía atentamente la evolución del sonido y de las
imágenes. Y son las 20,15 cuando veo que aparece gente con tarjetas sin
numerar, tarjetas a las que se les borró la fila y el número y cuyos
poseedores deberán buscarse la vida para encontrar asiento. Y
mientras observamos la maravilla arquitectónica que nos rodea, con una
luminosidad sorprendente, en tonos irisados, blancos y azules, con la
luz cenital penetrando por las cubiertas superiores, aquello me hace
recordar el interior de un gigantesco acuario bajo el mar, en este
caso, bajo el histórico baluarte de San Roque. Y en este punto, se
me hace un nudo en la garganta, que estamos encima justo del albero,
donde hace justo 70 años --agosto de 1936--, la sangre de muchos
pacenses inocentes fue derramada brutalmente. Ahora, convertido en
modernísimo Coliseo de ocio y cultura, de vida, en suma. Y veo que, 70
años después, seguimos divididos por nimiedades, por un quítame allá
ese nombre. Por lo que se me turban los ojos al echar de menos a parte
de "mi gente". La gente de Badajoz con la que me cruzo todos los días y
con quienes comparto los afanes de la vida diaria. Como mi alcalde,
amigo y convecino, Miguel Celdrán, el concejal de mi barrio, Nicasio
Monterde, la concejala de Cultura, Consuelo Rodríguez, y Antonio Ávila,
el de la Limpieza, entre otros. Gente con la que comparto la ciudad,
los amigos y la cultura. Son
las 20,25 y aquello está a punto de llenarse hasta la bandera, cosa que
ocurre cuando, un cuarto de hora después, arranca el acto inaugural.
Con la profesora Carmen Araya y el cantante de Inlavables, Gene García,
tocado con una gorrilla, de presentadores. Aquélla, en tono didáctico y
documentado, y éste, en un tono informal y ligero que chirriaba del
momento y del lugar. Que esto no era la presentación de un festival de
canciones o películas ni una verbena. Y lo incomprensible es que Carmen
soslayó en todo momento lo "de Badajoz", refiriéndose al Palacio de
Congresos, añadiendo siempre "Manuel Rojas". ¿Cómo es posible tanta
amnesia? ¡Con la cantidad de periodistas de todos los medios que hay en
Badajoz, que lo hubieran hecho infinitamente mejor! Y cuando Gene hizo
por primera vez alusión a Manuel Rojas, como "el mejor alcalde que ha
tenido Badajoz", los aplausos arreciaron. Inmediatamente después se
procedió a la proyección de un reportaje audiovisual sobre Arquitectura
contemporánea en Extremadura, dando un repaso a una veintena de
construcciones singulares, entre ellas, claro está, el Puente Real, el
MEIAC, la Facultad de Biblioteconomía y Documentación, con la anexa
Biblioteca General de Extremadura, y, naturalmente, este señorial
Palacio de Congresos, todos en nuestra ciudad. Poco
después subirían al escenario el presidente de la Junta, los dos
arquitectos y el consejero de Cultura. La intervención sobria de José
Selgás, con su Lucía a su vera y premiada con enormes aplausos, estuvo
plagada de agradecimientos, especialmente a la Junta, "porque tuvimos
total libertad de actuación", a los ingenieros del proyecto, a los
constructores --Joca y Placonsa--, a los operarios... Y le siguió la
intervención más esperada de la noche, la de Juan Carlos Rodríguez
Ibarra, intervención que gustaría más o menos, pero que no dejó
indiferente a nadie. Y me gustó su tono conciliatorio y de concordia,
empezando con una frase lapidaria: "Este Palacio lleva el nombre de un
alcalde, Manolo Rojas, y está a disposición de otro, Miguel Celdrán".
Los aplausos se oirían en todo Badajoz. A renglón seguido expuso en voz
alta las preocupaciones que le albergaron cuando se debatía entre hacer
el Palacio aquí, en la Plaza de toros vieja, con su carga de recuerdos,
o en otro lugar bien distinto. Y que se alegró al coincidir con la
opinión de muchos expertos; "Después de oir a unos y a otros en estos
cinco años, creo que hemos acertado". Y habló y se extendió en término
elogiosos de esta obra, por su simbología: "Queríamos un Edificio que
no fuera un simple recuerdo de lo que había, sino que entrando aquí la
gente sabe lo que había". Y se quejó de que todo lo que viene haciendo
la Junta aquí, en Badajoz, concretamente, en los últimos cinco años,
"siempre aparece rodeado de polémica". "Pequeños celos, que mañana ya
se olvidan", dijo literalmente. Y, a continuación, comenzaría a lanzar
piropos a la ciudad de Badajoz, a la que consideró como "un hecho
diferente en toda Extremadura". Y expuso su deseo de que "este Palacio
sea el gran foco que va a iluminar a la ciudad y a todos los
extremeños", "faro de la inteligencia, de la cultura, del buen saber
estar y del buen hacer". Y que --remataría con otro titular para los
periódicos-- "esta ha sido una idea de Extremadura y para Extremadura,
y desde Badajoz". Eran las 21,10 horas y los aplausos premiarían con
generosidad el discurso conciliador del Presidente.
EPÍLOGO El
acto tendría un remate musical de altura con la intervención
extraordinaria de la Orquesta de Extremadura, bajo la dirección del
titular, Jesús Amigo. Eran las 21,16 horas y el miniconcierto arrancó
con la Obertura festiva, de Cristóbal Halffter, como "aperitivo", para
concluir con la clásica Sinfonía nº 3 en Mi bemol Mayor "Heroica" Op.
55, del genial L. V. Beethoven. Y el público, entregado, aplaudiendo al
final en pie, con ¡bravos! continuos, haciendo que saliera dos veces a
saludar el maestro. Eran exactamente las 22 horas cuando el acto de la
inauguración del Palacio de Congresos de Badajoz había concluído. Al
finalizar, todos los presentes fueron obsequiados con un vino de honor
en uno de los pasillos circulares del Palacio, al aire libre, con la
fresca, estando servido por el simpar Gonzalo Guijarro, el de Catering
31, de Badajoz, que se multiplicó para atender a tanto personal.
Nosotros llegamos retrasados y, así y todo, tuvimos tiempo de saborear
unos exquisitos aperitivos de queso de La Serena y jamón ibérico,
regados con un vino más que notable, un tinto riberadelguadiana Marqués de Montevirgen, reserva 2002, uva tempranillo, de Villalba de los Barros. A. R.,
naturalmente. Rematado
todo, y a discreción, con bandejas de dulces fríos, que estaban que
daban gloria. Eran las 12 de la noche --cuatro horas justas después de
nuestra llegada-- cuando recogíamos el hato y regresábamos a casa,
después de mantener una agradabilísima tertulia con gentes como el
académico y canónigo Paco Tejada, el impresor Isidro Álvarez, marqués
apócrifo de Tecnigraf, el arquitecto Paco Hipólito --que me dice que
para cualquier duda sobre la construcción del Palacio, los arquitectos
y demás, que le mande un correo-- y su cuñada, que iba de "carabina",
los hermanos Vidarte y un tal Fernando Plaza Montero, de la UNICEF, un
tipo genial, cacereño él, que se conoce medio mundo como observador de
la ONU y de la UNICEF, además de ilustre rotario, con quien
intercambiamos direcciones, teléfonos y tarjetas. Un tipo con el que
habrá hablar despacio en el futuro, pues, además de dar conferencias en
medio mundo, es de los que sostienen que "los extremeños no sabemos
construir naves, barcos, sólo quemarlos". ¡Como Hernán Cortés, el
conquistador extremeño y sus 13 de la fama, que,
ante la situación de rebeldía e insubordinación de sus tropas, decidió
prender fuego a sus propias naves ancladas en el puerto de Veracruz,
para así impedirles que regresaran a España, abandonando la empresa de
la conquista de México! Habrá que oirle y organizarle
alguna conferencia por estos pagos, porque yo creo que los extremeños
sí sabemos construir cosas, casas y ...¡Palacios de Congresos! ¡Y, si
no, que se lo digan a los barandas de Joca y Placonsa! Y, ya con el
pie en el estribo, que pasa Paco Muñoz y nos saluda, al tiempo que me
dice que lee todo lo que publico en mi blog, que está al loro de las
cosas del Avisador, aunque no está de acuerdo con un par de cosas que
dije en mi croniquilla sobre el Palacio de la Discordia, y que, a
partir del 3, habrá una semana de puertas abiertas, con visitas guiadas
por arquitectos y tal. Y que el HOY va a sacar un cuadernillo con todo
lo relacionado con el Palacio. --Una
pena todo lo que ha habido esta semana. ¿Y cómo va a funcionar, quién
lo va a gestionar, un Consorcio, tipo López de Ayala? --pregunto. --No,
será una empresa que gestionará todos los Palacios de Congresos de
Extremadura, el de Mérida, el de Plasencia y el que se va a hacer en
Cáceres --me contesta sin dudarlo un instante. --Pues esto, el mantenimiento, costará un pastón --sigo. --Pues seis millones de pesetas al año --me replica el baranda del Palacio por ahora. --Y ahora retornará al Ayuntamiento, ¿no? --vuelvo a la carga. --Esperaremos
un año, período de garantía, y cuando el Ayuntamiento quiera, se lo
entregamos. Lo mismo que el López, cuando ellos quieran, sólo tienen
que decírnoslo. Decimos adiós y, después de atravesar las filas de los agentes privados de seguridad, regresamos a casa cargados de
impresiones y vivencias que no se nos olvidarán en largo tiempo.
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