El pasado martes, 25 de Abril, aniversario de la incruenta Revolución
de los claveles en el país hermano, Badajoz se vio invadida,
pacíficamente, claro, por miles de portugueses que vinieron a pasar el
día, hacer sus compras, pasear por nuestras calles y plazas y,
lógicamente, a comer y tomarse sus "bicas" de postre, cafelitos puros y
duros que saben divinamente después de una copiosa comida. Y, como es
natural, parte de la "invasión" se concentró a la vera del Guadiana y
del Puente Real, donde en sus proximidades se levantaba el mercadillo
de entre semana. Que Badajoz cuenta con otro, los domingos, en pleno
corazón de la barriada de Suerte de Saavedra, popularmente conocido
como "Las Malvinas". Bueno, pues a eso de mediodía que cogimos el toli
la patronal y yo y nos plantamos en el mercata, que había que hacer
unas compras. Y lo primero que había que reseñar era el calor reinante,
25º, y lo segundo, que aquello estaba a tope, con cientos de personas
curioseando y comprando en los atiborrados puestos del lugar. Y
enseguida, que la policía no es tonta, allí estaban ellos, los portus:
el dulce habla de Camoens, Pessoa y Saramago escuchándose por todas
partes. Nada más entrar, era necesario pasarse por el singular puesto
de Eugenio Servén, un avispado comerciante de Don Benito, conocidísimo
en la Extremadura de los mercatas. Y lo de avispado es que vendía
calcetines, sólo calcetines. En especial, negros.
--Queríamos ver unos de color --le decimos.
--Pues nada, que aquí sólo los hay negros, que son los que se llevan.
--¿Y si los quiero blancos?
--Pues a comprarlos a otro sitio --te dice el tío con aplomo y con una amplia sonrisa.
Pues,
nada. Que nos encandiló el tal Eugenio y al final salimos con tres
pares de calcetines negros. No sin antes preguntar por los portugueses:
--¿Muchos portugueses hoy, maestro?
--Mucho portugués y poco "turroné" --te dice haciendo con los dedos la señal de pasta, dinero.
Con que damos un rodeo
y preguntamos a un dependiente mayor, pelo blanco y desdentado, pero sonriente siempre:
--Vienen sólo a enreá, y eso que aquí se vende "más barato que la mierda un gato".
Me
cae bien y le pregunto cosas y resulta que se llama Antonio García, que
viene a ayudar a Eugenio, que nació en Aceuchal un 22 de Mayo de 1936 a
las 7 y media de la mañana y que desde los 7 años vive en Badajoz,
primero en la calle Abril y ahora cerca del Paseo fluvial...
--¿En la calle Abril? ¡Pero si yo me crié allí de chiquinino! --salto al oirle.
Y
resulta que vivía frente por frente de donde mis padres tenían una
Abacería, que se casó con Paca La Bigota, que si ésto, que si lo otro...
--¿Y sigue usted con el balonmano?
--¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
--Sí, es que a mí me gusta mucho el deporte --te dice con total seguridad.
Nos
vamos, que de aquí no salgo hoy. Quedamos para otra ocasión, que hay
que comprar algunas cosas. Sigue haciendo calor y la gente pasa
rezongando. En otro puesto de artículos textiles, que ha abierto a las
7,30 de la mañana, lo mismo:
--¿Qué tal los portugueses?
--Psss... Poca cosa.
Llegamos
al puesto de las aceitunas y me paro a comprar cuarto y mitad de tres
sabores, al tiempo de seguir con mi encuesta avisadoriana:
--Oiga, ¿los portugueses han venido a por aceitunas?
--¡Uy, sí, mucho, les encanta!
En
esto que pasa el hombre del carrito-nevera de los refrescos. Un gitano,
morenazo, dentadura profidén, luciendo unos cordones y un reloj de oro
macizo de impresión, con estampa de un play-boy de los 50. Hay que
pedir un refresco, que el calor sigue haciendo de las suyas. Y veo que
le quedan cuatro o cinco latas nada más.
--Maestro, deme una cerveza sin alcohol.
--No me queda, se han vendido todas.
--Pues deme una de coca cola "laig", que habrá hecho usted el negocio del siglo hoy.
La sonrisa le llega de oreja a oreja, lo que aprovecho para meter baza.
--¿Y los portugueses?
--Pues muchos, que
se dejan mucho dinero, sobre todo en los "caprichos" y en las fresas.
--¿Cuánto es? --pregunto para pagar y salir pitando.
--Un "bicho".
--¿Qué?
--Sí, hombre, un "bicho", un euro.
Es
la una y media de la tarde y los puestos están iniciando los
movimientos previos para recoger las mercancías. Desde las 7 de la
mañana, ya son muchas horas trabajando fuera de casa. Y este calor...
Que
veo un matrimonio de gitanos, enlutados al máximo, con unas cajas de
fresas, como para retirarse. Y le pido una. Son fresones de Huelva,
marca Noelia.
--De Lepe, a un euro y medio, pero llévese las dos, que no tengo más --te dicen.
Con que cojo una y aprovecho de nuevo:
--¿Y qué tal los portugueses hoy?
--Pues muy bien, que se han llevado muchas cajas, ¡cómo les gustará tanto!
--¡Y
tanto, déme esa caja que queda a mí! --dice una portuguesa detrás mía
en un portuñol delicioso, dedicándome una amplia sonrisa.
En esto
que pasamos por un tenderete de complementos y artículos de regalo. Y
me acuerdo de lo que me dijo el del carrito, de que los portugueses se
pirran por los "caprichos" y pregunto, erre que erre:
--¿Han comprado mucho los portugueses esta mañana?
--Pues sí, que se ha notado, que ha habido más portuguesas que españolas --te contestan.
Era un puesto de collares, pendientes, pulseras, abalorios y demás artículos de adorno.
Camino
del regreso, son ya las dos de la tarde y el calor acobarda lo suyo,
cuando veo un puesto, con una oferta que me llama la atención.
BOXER Y BRAGAS, 3 x 5 EUROS
--¿Y eso de boxer qué es, una camiseta de entrenamiento, como la de los boxeadores? --pregunto por saber.
--No, qué va, es un calzoncillo de hombre, tipo calzón, el culotte de los ciclistas.
--¿Y tiene de mi talla?
--¡Hombreeeeee...! Esto son cosas para jovencitos y jovencitas --me responde.
Y me quedo con las ganas, vaya por Dios.
Y
ya casi al final, Pili que saluda efusivamente a una joven familia
gitana de un puesto de collares y demás. Que la conocen de sus tiempos
de maestra del San Pedro de Alcántara.
--¡Mi
señorita! La mejón y la más buena --me dice con arrobo al oido
Ezequiel, quince añitos, antiguo alumno de mi parienta, hijo de la
dueña del puesto.
Y, ya saliendo, con el termómetro a 30º, el
propietario de una furgoneta de cajas de fresas que andaba recogiendo
para irse, que me dice que hoy ha vendido cerca de 500 cajas, la
mayoría a portugueses.
Y así fue el día en el mercadillo de los
martes en Badajoz el 25 de Abril, un día caluroso de fresas y
"caprichos" para nuestros amigos de Portugal.