--¿Y eso, también tiene usted su parcela y casita en el campo, como
casi todo el mundo? --me dice con retintín un jubilata canoso, que está
tomando el sol como los lagartos al lado del kiosco de prensa de
Manolo, junto a la farmacia de la esquina, la de don Julián Castaño
hijo, cuando salgo a los recados de cerca.
--No, verás...
--¡Ah,
sí! Que eres de la Cofradía del Huerto, la de la Concepción, la que
lleva el veterano Pepe Salas, que se quiere retirar y que lo quiere
dejar a su nieta, ¿no?
--No, hombre, no, el huerto de Santa Marina...
--¿Pero
en Santa Marina hay huertos, con todo el cemento y hormigón armado que
tienen los rascacielos y las plazuelas de la barriada? --vuelve el
susodicho a darse tono.
--No seas porro, que yo quería hablarte de un precioso huerto o jardincillo que hay en la avenida de Villanueva...
--¡Pero
qué huerto ni qué gaitas, que de las muchas huertas que tenía antes
Santa Marina me acuerdo todavía de la de Medina, donde hoy está el
llano de la parroquia de San José, y la de Sánchez Barriga, la que
ocupa ahora la plaza de Santa Marta, la del Pirulí, pero ahora no hay
nada de nada... --vuelve a machacar el listorro de marras.
***
Pues
así fue, más o menos, la parrafada que tuve ayer a media mañana con el
pesado del jubilata sabihondo, de pelo canoso, que toma el sol todas
las mañanas junto al kiosco de Manolo. Que hay un hermoso huerto o
jardín situado en la zona de la avenida de Villanueva, frente por
frente del edificio Estela, entre Sonido Rubio y la Panadería Ipanexsa,
la de Bermejo, ya fallecido. Y que, por estas fechas, está cuajadito de
vegetación, de un verde lujuriante, destacando sus cinco olivos
centenarios y leñosos y sus ocho abetos, los árboles de Navidad, todos
con sus ramas cargadísimas de hojas. Que sólo falta ver correr a las
ardillas de árbol en árbol. Y, entre ellos, un sinfín de plantas y
arbustos decorativos y aromáticos, sobresaliendo la hiedra y la
lavanda, que lo cubren y aromatizan todo. Impresionante estampa de este
"huerto de los olivos" de Santa Marina, pulmoncillo de la barriada, que
se encuentra en perfectísimo estado de revista y que da gloria verlo
cada vez que pasamos por allí, que es casi a todas horas.