--¿Qué tal, padre, cómo estás?
Así saluda cuando nos vemos
Casimiro. Porque Casimiro es uno de tantos prejubilados de Santa Marina
que alterna sus escogidas horas de trabajo con las tareas directivas en
la Asociación de Vecinos del barrio, una de las más emprendedoras y
activas de la ciudad. Casimiro no es presidente, ni vecipresidente, ni
secretario, ni tesorero. Ni ocupa puestos de alta responsabilidad, pero
siempre está disponible en los segundos escalones en casi todas las
actividades que se organizan al cabo del año. Casimiro es uno de esos
todoterrenos prodigiosos que forman parte de los colectivos sociales de
Badajoz. Casimiro, con sus 62 tacos, 6 hijos y 10 nietos, es un tipo
encantador, educadísimo y siempre dispuesto para lo que se le pida. A
Casimiro nunca lo he visto enfadado o molesto por algo o por alguien. Y
conserva el buen gusto por el vestir como Dios manda, que sus chaquetas
y corbatas son de lo mejor que se ven por Badajoz. Pero no va de
señorito por la vida, que siempre está arrimando el hombro, sea en la
gestión que sea. En sus tiempos mozos fue regente del HOY, responsable
del afamado Club EDICA --el organizador, entre otras actividades, de la
famosísima Caseta de la Prensa en las Ferias de San Juan de los años 70
y 80--, fundador de la Asociación de Vecinos de Santa Marina (1974), a
la que ha vuelto hace tres años, y, en la actualidad y por si fuera
poco, alma mater
de la Sociedad de Pesca Santa Marina, creada en el 2004 y con... ¡100
pescadores de tierra adentro! A Casimiro, que vive en la plaza de Santa
María la Cabeza, en sus "ratos libres" le gusta estar con su familia en
el campo, donde tiene un cortijo. O irse de pesca con los amigos. O
comer una liebre con arroz con sus compañeros de la Asociación vecinal.
Casimiro, mi amigo, nunca dice no a nadie ni a nada. Casimiro y muchos
como él, siempre en segundo plano, donde no hay brillo ni oropeles, son
los que en Badajoz hacen posible que los colectivos marchen, que las
cosas funcionen y que las actividades salgan.
Casimiro es... ¡Casimiro Urteaga Rodríguez, todo un señor!