A dos días de la inauguración del flamante Palacio de Congresos de Badajoz,
la temperatura política en la capital extremeña se ha disparado. Parece
como si saltaran chispas. Por un lado, la Consejería de Cultura de la
Junta de Extremadura, encargada de levantar, edificar y poner a punto
el singular edificio, al que quiere darle como nombre "Manuel Rojas",
alcalde socialista que fue de la ciudad, y, por otro, el Ayuntamiento,
propietario de los terrenos donde se levantaba la histórica y malhadada
Plaza de Toros vieja, en la Ronda del Pilar --que tanta sangre inocente
vio derramarse en agosto del 36, al inicio de la guerra civil española
--, al que deberá revertir la edificación una vez construída, que se
opone a un nombre tan partidario y sin consistencia histórica, al
tiempo que retiró uno en principio --Manuel Godoy-- y ahora va a
proponer otro --Ciudad de Badajoz--, se lamenta del ninguneo a que le
tiene sometido la Junta.
Y, a todo esto, el pueblo llano, atónito por el
espectáculo que le ofrecen sus responsables políticos, y que tanto daño
está haciendo a la imagen de la ciudad. Y alguno, letrado, que,
recordando la décima de Gregorio de Salas, en el XVIII --"Espíritu desunido anima a los extremeños..."-- dirá eso tan lacerante: "¡Ah, esos extremeños, como siempre...!"
En
mi opnión, no es de recibo que un Edificio tan singular lleve el nombre
de un alcalde, por muy grata que resulte su figura para sus
correligionarios y amigos, entre los que me encuentro, del que guardo
gratísimo recuerdo como padre de dos alumnos en mi querido colegio
Juventud, constándome siempre su aprecio personal y el cariñoso trato
hacia los míos. Para mí se trata de una imposición localista, un
"trágala" de quienes, dentro de su partido, quieren quedar bien con su
figura y con su familia. Cosa que les honra como amigos pero no como
ciudadanos, que debieran tener la mirada puesta en un horizonte más
allá de las casas de enfrente a las suyas. Como tampoco me parece
razonable que el Ayuntamiento pacense haya dejado pasar tanto tiempo
desde que se conocieran las intenciones del presidente de la Junta y de
la Consejería de Cultura de dar el citado nombre, para reaccionar
airadamente en los días previos a su inauguración.
DOS PODERES A LA GREÑA
Sabemos
que la relación entre los poderes que afectan al Palacio, el local y el
regional, son manifiestamente mejorables, por no decir que viven de
espaldas uno del otro, que es decir, de espaldas a la realidad, a la
ciudadanía, que lo que quiere es que la sirvan, que estén a su
disposición, que para eso los votaron en su momento. Y no a que estén a
la greña, un día por este asunto y otro, por otro. Que ejemplos hay
para dar y tomar. Y eso que, por el bien de todos, están condenados a
entenderse. Por eso, sigo sin comprender por qué Miguel Celdrán y Juan
Carlos Rodríguez Ibarra, dos "monstruos" de la política que se
entienden cuando quieren --que de tontos no tienen un pelo--, no han
firmado la "Concordia de Badajoz" para los restos, que la ocasión del
Palacio les venía pintiparada.
Los
ciudadanos, los vecinos de Badajoz y, por ende, los paisanos de
Extremadura y los foráneos que nos visitan temporalmente, no nos
merecemos este tipo de actitudes, que se me antojan viscerales. Porque,
y mira que han pasado días, pues todavía no conozco lo realmente
importante de un Palacio de Congresos: quién lo va a gestionar, de qué
manera, cómo se financiará, con qué personal, qué planes y objetivos de
actuación tendrá, cuáles serán las líneas de sus programas y
actividades, cómo va a incardinarse en los colectivos y en la cultura
locales... Esto es lo que de verdad nos interesa a los ciudadanos, que
lo otro me suena a pulsos de tetosterona para ver quién puede más.
Porque, en el fondo, queda poco para las municipales próximas y hay que
irse apuntando tantos de cara al electorado que, perplejo, asiste a un
debate en los medios de comunicación que le sobrepasa y le irrita.
El
27 yo sí pienso ir a la inauguración del Palacio de Congresos, que para
eso me han mandado una invitación. El momento, histórico, no quiero
perdérmelo. Para después, si tenéis aguante, contarlo en este blog como
mejor pueda y sepa.