25 de Abril, 2006
Mi amigo Casimiro
--¿Qué tal, padre, cómo estás? Así saluda cuando nos vemos
Casimiro. Porque Casimiro es uno de tantos prejubilados de Santa Marina
que alterna sus escogidas horas de trabajo con las tareas directivas en
la Asociación de Vecinos del barrio, una de las más emprendedoras y
activas de la ciudad. Casimiro no es presidente, ni vecipresidente, ni
secretario, ni tesorero. Ni ocupa puestos de alta responsabilidad, pero
siempre está disponible en los segundos escalones en casi todas las
actividades que se organizan al cabo del año. Casimiro es uno de esos
todoterrenos prodigiosos que forman parte de los colectivos sociales de
Badajoz. Casimiro, con sus 62 tacos, 6 hijos y 10 nietos, es un tipo
encantador, educadísimo y siempre dispuesto para lo que se le pida. A
Casimiro nunca lo he visto enfadado o molesto por algo o por alguien. Y
conserva el buen gusto por el vestir como Dios manda, que sus chaquetas
y corbatas son de lo mejor que se ven por Badajoz. Pero no va de
señorito por la vida, que siempre está arrimando el hombro, sea en la
gestión que sea. En sus tiempos mozos fue regente del HOY, responsable
del afamado Club EDICA --el organizador, entre otras actividades, de la
famosísima Caseta de la Prensa en las Ferias de San Juan de los años 70
y 80--, fundador de la Asociación de Vecinos de Santa Marina (1974), a
la que ha vuelto hace tres años, y, en la actualidad y por si fuera
poco, alma mater
de la Sociedad de Pesca Santa Marina, creada en el 2004 y con... ¡100
pescadores de tierra adentro! A Casimiro, que vive en la plaza de Santa
María la Cabeza, en sus "ratos libres" le gusta estar con su familia en
el campo, donde tiene un cortijo. O irse de pesca con los amigos. O
comer una liebre con arroz con sus compañeros de la Asociación vecinal.
Casimiro, mi amigo, nunca dice no a nadie ni a nada. Casimiro y muchos
como él, siempre en segundo plano, donde no hay brillo ni oropeles, son
los que en Badajoz hacen posible que los colectivos marchen, que las
cosas funcionen y que las actividades salgan. Casimiro es... ¡Casimiro Urteaga Rodríguez, todo un señor!
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¡El Palacio de la Discordia!
A dos días de la inauguración del flamante Palacio de Congresos de Badajoz,
la temperatura política en la capital extremeña se ha disparado. Parece
como si saltaran chispas. Por un lado, la Consejería de Cultura de la
Junta de Extremadura, encargada de levantar, edificar y poner a punto
el singular edificio, al que quiere darle como nombre "Manuel Rojas",
alcalde socialista que fue de la ciudad, y, por otro, el Ayuntamiento,
propietario de los terrenos donde se levantaba la histórica y malhadada
Plaza de Toros vieja, en la Ronda del Pilar --que tanta sangre inocente
vio derramarse en agosto del 36, al inicio de la guerra civil española
--, al que deberá revertir la edificación una vez construída, que se
opone a un nombre tan partidario y sin consistencia histórica, al
tiempo que retiró uno en principio --Manuel Godoy-- y ahora va a
proponer otro --Ciudad de Badajoz--, se lamenta del ninguneo a que le
tiene sometido la Junta. Y, a todo esto, el pueblo llano, atónito por el
espectáculo que le ofrecen sus responsables políticos, y que tanto daño
está haciendo a la imagen de la ciudad. Y alguno, letrado, que,
recordando la décima de Gregorio de Salas, en el XVIII --"Espíritu desunido anima a los extremeños..."-- dirá eso tan lacerante: "¡Ah, esos extremeños, como siempre...!" En
mi opnión, no es de recibo que un Edificio tan singular lleve el nombre
de un alcalde, por muy grata que resulte su figura para sus
correligionarios y amigos, entre los que me encuentro, del que guardo
gratísimo recuerdo como padre de dos alumnos en mi querido colegio
Juventud, constándome siempre su aprecio personal y el cariñoso trato
hacia los míos. Para mí se trata de una imposición localista, un
"trágala" de quienes, dentro de su partido, quieren quedar bien con su
figura y con su familia. Cosa que les honra como amigos pero no como
ciudadanos, que debieran tener la mirada puesta en un horizonte más
allá de las casas de enfrente a las suyas. Como tampoco me parece
razonable que el Ayuntamiento pacense haya dejado pasar tanto tiempo
desde que se conocieran las intenciones del presidente de la Junta y de
la Consejería de Cultura de dar el citado nombre, para reaccionar
airadamente en los días previos a su inauguración.
DOS PODERES A LA GREÑA Sabemos
que la relación entre los poderes que afectan al Palacio, el local y el
regional, son manifiestamente mejorables, por no decir que viven de
espaldas uno del otro, que es decir, de espaldas a la realidad, a la
ciudadanía, que lo que quiere es que la sirvan, que estén a su
disposición, que para eso los votaron en su momento. Y no a que estén a
la greña, un día por este asunto y otro, por otro. Que ejemplos hay
para dar y tomar. Y eso que, por el bien de todos, están condenados a
entenderse. Por eso, sigo sin comprender por qué Miguel Celdrán y Juan
Carlos Rodríguez Ibarra, dos "monstruos" de la política que se
entienden cuando quieren --que de tontos no tienen un pelo--, no han
firmado la "Concordia de Badajoz" para los restos, que la ocasión del
Palacio les venía pintiparada. Los
ciudadanos, los vecinos de Badajoz y, por ende, los paisanos de
Extremadura y los foráneos que nos visitan temporalmente, no nos
merecemos este tipo de actitudes, que se me antojan viscerales. Porque,
y mira que han pasado días, pues todavía no conozco lo realmente
importante de un Palacio de Congresos: quién lo va a gestionar, de qué
manera, cómo se financiará, con qué personal, qué planes y objetivos de
actuación tendrá, cuáles serán las líneas de sus programas y
actividades, cómo va a incardinarse en los colectivos y en la cultura
locales... Esto es lo que de verdad nos interesa a los ciudadanos, que
lo otro me suena a pulsos de tetosterona para ver quién puede más.
Porque, en el fondo, queda poco para las municipales próximas y hay que
irse apuntando tantos de cara al electorado que, perplejo, asiste a un
debate en los medios de comunicación que le sobrepasa y le irrita. El
27 yo sí pienso ir a la inauguración del Palacio de Congresos, que para
eso me han mandado una invitación. El momento, histórico, no quiero
perdérmelo. Para después, si tenéis aguante, contarlo en este blog como
mejor pueda y sepa.
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¡Bom dia, amigos!
Hoy, 25 de Abril, día de la mítica Revolución de los claveles de 1974,
la que puso fin de forma pacífica al régimen dictatorial de la época,
es una de las fiestas nacionales de Portugal y, como de costumbre,
serán miles los visitantes que acudan a Badajoz a pasar el día, a hacer
sus compras, a comer en nuestros restaurantes, a pasear por sus calles,
plazas y rincones, a disfrutar, en suma, de una jornada de ocio y
asueto. Esperemos que, también como de costumbre, se sientan en su
propia casa. ¡Bom dia, amigos!
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De libros y claveles
¡Qué acto más sencillo y más bonito el de ayer, en La Económica,
celebrando el Día del Libro! Que se trataba de reunir al mayor número
de socios, amigos y amantes de los libros en general para hablar de
libros, libros y libros. Y, al final, intercambio y sorteo de libros
entre los asistentes. A la entrada, todo un florido detalle, muy a la
catalana: las féminas recibían un clavel. Y los caballeros, ¿qué? Pues
eso, las buenas noches. Un detalle muy a la española. La entrada,
sorprendentemente, escasa, un tercio más o menos del aforo. --Pues en el HOY no viene nada --se lamentaba Augusto Rebollo, distinguido socio. --Me
parece que estamos fallando en la comunicación --decía Antonio García
Salas, vicepresidente, con su proverbial sentido de la realidad. El
caso es que ellos se lo perdieron. Que la mesa estaba compuesta esta
vez por cuatro socios --y ninguna mujer, ¡qué raro!--, Juan Luis
Cordero Carrasco, Francisco Lamoneda Díaz, Carlos Mª Sánchez Rubio y el
propio Antonio García, Noni
para los amigos. Y moderaba la cosa libresca Carlos Fajardo, el actual
tesorero-secretario de La Económica, que lo hace mejor que el
presidente de las Cortes, el Senado y la Asamblea de Extremadura
juntos. ¡Qué calidad y saber llevar las intervenciones, oiga! Y cada
uno de los presentes, libro en ristre, durante unos minutillos, con
brevedad, como si fueran estudiantes en un examen, teníam la obligación
de exponer las bondades de los libros que recomendaban. Así que el
doctor Cordero hizo virguerías en un plis-plás con La España Imperial,
de Henry Kamen, Lamoneda, con La Rebelión de las masas, de José Ortega
y Gasset, Carlos, con La batalla. Historia de Waterloo, y Antonio, con
El viaje a la felicidad, de su admirado Eduardo Punset. Y a fe que
encandilaron a la audiencia, especialmente cuando llegó el breve pero
animadísimo coloquio final, que algunos de los presentes, con trazas de
conferenciantes y de sabérselo todo, también quisieron demostrar que
leen libros, y de los gordos. Pero hubo uno de los ponentes que no pudo
contentarse con un sólo libro a recomendar y... ¡sacando una chuleta,
nos leyó una lista de 15 libros más, de todas las clases, estilos y
autores, destacando sus bondades, especialmente para nuestros jóvenes
estudiantes! Y fue el ilustre y letrado doctor Cordero, que dio la nota
simpática y humanísima de la sesión. Y,
al final, lo bueno, con intercambio y sorteo de libros, donados por
particulares, Instituciones, librerías y empresas editoras. Y como
había menos asistentes de los esperados, que nos dan dos paquetes por
barba. Y como yo iba con Pili, pues que al final, conseguimos reunir...
¡once libros! ¡He dicho bien, once, entre libros, librillos y libretos,
con sus ISBN y todo! ¡Y sobraron libros! Así, que más contentos que
unas pascuas la patronal y el arriba firmante. Con lo que tengo que
felicitar a los organizadores por su amabilidad, generosidad y buen
hacer.
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