18 de Abril, 2006
Un premio más que merecido
Me llaman de la Asociación de Vecinos de Santa Marina y me dicen que
han elegido Vecino del Año 2005 a nuestro común amigo Álvaro Meléndez
Teodoro, un santamarinense que vive en la calle Adelardo Covarsí. Premio
más que merecido, por cuanto en su figura se resumen muchos de los
principios y valores que debemos resaltar como ejemplo de ciudadanos
ejemplares y altruistas al servicio de la comunidad donde viven o
trabajan. Álvaro, del que muchos no saben que, además de oficial del
Ejército en la reserva, es maestro de escuela, es ese colaborador
siempre dispuesto, incansable y altruista de cuantas Asociaciones y
colectivos le solicitan sobre el pasado histórico, militar,
urbanístico, arquitectónico y artístico de Badajoz. Muchos colegios,
asociaciones vecinales y culturales y otros colectivos que trabajan en
Badajoz sin ánimo de lucro, entre ellos la de Santa Marina, lo conocen
bien por sus amenas y documentadas charlas, además de por sus visitas
guiadas por el casco histórico de la ciudad. Persona
sencilla y abierta, siempre dispuesto, con una generosidad sin límite,
ha conseguido transmitir a los demás su gran pasión, la ciudad de
Badajoz. ¡Enhorabuena!
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El Principito cumple 60 años
Se cumplen 60 años de la primera edición francesa de El Principito
(Le Petit Prince, Abril 1946-Abril 2006), de Antoine de Saint-Exupery
(1900-1944), que tres años antes vería su edición en inglés. Libro
superconocido, de una fantasía desbordante para su época, aunque no se
trata de una obra dedicada exclusivamente a los niños, vende cada año
300.000 ejemplares en Francia, su país natal, está traducido a 180
idiomas y cuenta con 80.000.000 de ejemplares vendidos en todo el
planeta desde su primera edición. El autor, periodista, dibujante y
piloto de profesión, fallecería en un accidente de aviación, atacado
por cazas alemanes, cuando sobrevolaba los cielos de la Costa Azul
francesa en la II Guerra Mundial. Así que lo mejor es enviaros su
texto, recogido de http://www.bibliotecavirtual.com/biblioteca/LiteraturaFrancesa/Saint%Dexupery/ElPrincipito/.
Que lo disfrutéis.
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Antoine de Saint- Exupèry "El Principito" Con ilustraciones del Autor
A LEÓN WERTH
Pido
perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona grande.
Tengo una seria excusa: esta persona grande es el mejor amigo que tengo
en el mundo. Tengo otra excusa: esta persona grande vive en Francia,
donde tiene hambre y frío. Tiene verdadera necesidad de consuelo. Si
todas estas excusas no fueron suficientes, quiero dedicar este libro al
niño que esta persona grande fue en otro tiempo. Todas las personas
grandes han sido niños antes (Pero pocas lo recuerdan). Corrijo, pues,
mi dedicatoria: A LEON WERTH CUANDO ERA NIÑO
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Actos culturales a pares
Pues bien reanudamos el curso tras las vacaciones de Semana Santa.
Badajoz, que hace tiempo ha dejado de ser un pueblo, con 143.019
habitantes en el padrón actual, da para ésto y para mucho más. A lo que iba,
que me enrollo, que para hoy, martes, están anunciados dos actos de
distinto signo signo y en distintas ubicaciones. Por un lado, en la
Sala de exposiciones del Gran Hotel Casino de Extremadura (Avda. Adolfo
Díaz Ambrona, 11, junto al Hotel Río, con aparcamientos espaciosos en
las dos plantas-sótano), el artista don José de Paula expone, creo, una
muestra de sus pinturas. No lo dice expresamente la invitación que
recibo, que viene firmada por el mismísimo De Paula, con una apostilla
que dice "No faltes. Te gustará. J. P.". Será a las 20 horas. Y
a las 20,30, en el Museo de la Ciudad Luis de Morales (Plaza de Santa
María, s/n), conferencia de doña Antonia Luna Pérez de Villar sobre "El
tópico del "mundo al revés" en la iconografía de los siglos XVI al
XIX". La invitación me viene del alcalde, Miguel Celdrán, y los
agobiados por el coche tienen el aparcamiento subterráneo justo pegando
al Museo.
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De vacaciones por La Antilla Beach
¡Al fin, en casa! ¡Hogar, dulce hogar! Que ayer, Lunes de Pascua,
aterricé con mi familia después de diez estupendos días pasados en las
playas atlánticas de La Antilla (Lepe, Huelva), el "barrio" marinero de
Badajoz, a sólo 275 kilómetros por la N-435. Días en que, con el tiempo
cambiante, que hubo de todo --soleado y espléndido, en su mayoría, pero
también lluvioso, frío, con viento...--, nos dedicamos a tomar el sol,
bañarnos, pasear y hacer alguna que otra visita por los "alrededores",
llegando incluso al pueblecito portugués de Vila Real de Santo Antonio,
pasada la desembocadura de nuestro Guadiana, que por estos pagos parece
un señor río, navegable incluso, hecho un brazo de mar, y nunca mejor
dicho. Y, como no podía ser menos, estando donde estábamos, a
"sumergirnos" gastronómicamente en un lugar tan privilegiado como éste,
de las "tres culturas": la andaluza, con su enorme potencial de
pescaítos de todos los estilos -- chocos (fritos, a la plancha...), el
atún en todas sus especialidades (encebollado, a la plancha, con
tomate, al ajillo...), sardinas, boquerones, gambas, camarones,
almejas, coquinas...-- regados con vinos afrutados del Condado de
Huelva, la portuguesa, con su proverbial habilidad para unir los
productos del campo y de la granja con los del mar --arroz con mariscos
hasta las asas, bacalao a la portuguesa, carne de porco, dulces,
etc.--, a los que hay que agregar la idiosincrasia propia de la
familia, o séase, la extremeña, castellano-leonesa o "de interior"
--con algunos guisos y platos de toda la vida..., ¡gazpacho y sopa de
ajos incluida, para "desengrasar"!--, que tiempo hubo para todo. Por lo
que los "homenajes" se sucedieron, ante el contento y el alboroto de
las dos benjamines de la familia, que se apuntaban siempre a un
bombardeo. La
semana transcurrió con normalidad hasta el Jueves Santo, en que, a
partir de las cuatro o cinco de la tarde aquello comenzó a llenarse de
turistas, visitantes de fin de semana y domingueros trajeados, que no
cabía un alfiler. Y en la playa, gente del común por todas partes,
menos un tal Chaves --don Manuel le llaman en Andalucía, presidente de
la Junta andaluza y del PSOE, mismamente-- que, rodeado de media docena
de guardaespaldas, alguno de ellos con el coche a la puerta del
cercanísimo chalé, en primera línea de playa de verdad --propiedad de
un amigo, te dicen las comadres--, con el motor en marcha, se lo pasaba
tan ricamente leyendo casi al lado de donde nos situábamos. Nada de
pasear ni darse un chapuzón, eso sí que no. Y así, hasta el domingo.
Que al mediodía presentaba un aspecto deprimente: ni un alma, sólo
cuatro gatos, LDS (los de siempre). Habían cogido el toli y se habían
vuelto. Que el lunes había que trabajar y en la carretera les esperaba
una infernal caravana. Y
los precios, por las nubes, oiga. Que cada vez que uno viene a La
Antilla --donde se pasa todo el día saludando a diestro y siniestro,
que gentes de Badajoz y de la provincia las hay por un tubo-- hay que
venir con el certificado de buena salud cardíaca por delante, además de
dos o tres "visas" y mil eurillos para el suelto. O hacer lo que hacían
unos recién llegados en la nueva pescadería de la calle Castilla: --Deme cinco sardinas, que somos cinco en casa --decía uno. --Y a mí, un par de cigalitas para el arroz --decía otro. --Pues a mí, cien gramos de gambas, pero bien despachadas, en ese papel de estraza, no --decía una de al lado. --Y a mí, un par de doradas grandes y buenas, pero que pesen poco --saltaba el de más allá. ¿Y
de la Semana Santa, qué? Pues..., la andaluza y a través de Canal Sur
TV, donde pudimos admirar la riqueza, el barroquismo y la pasión
popular que despertaban sus procesiones. Por lo que hubo tiempo para
viajar a la cercana Ayamonte, ver su remozada zona portuaria, lo bien
aprovechada que está para el turismo, especialmente el gastronómico y
el comercial --aprovechando, divinamente restaurados, los antiguos
almacenes e industrias de salazón y conservas del lugar, con sus techos
artesonados en madera--, y coger uno de los ferrys que unían esta
ciudad con la cercana Villa Real de San Antonio, puerta del Algarve, la
región turística por excelencia de Portugal. Visita que recomendamos,
especialmente si se lleva gente menuda, que es una experiencia
gratificante y económica. Que el precio del billete no llega a los dos
euros. Y
ya en Villa Real, la magnífica ciudad construida en 1774 con
tiralíneas, escuadra y cartabón por el Marqués de Pombal, a deambular
por su magnífica plaza empedrada --lugar de abigarrados mercados, y que
lleva su nombre, precisamente-- y admirar su notable iglesia matriz,
edificio de la Cámara Municipal y pasear por las calles adyacentes, con
sus numerosas tiendas, comercios, cafeterías y restaurantes populares.
Cogiendo la arteria principal, la que lleva por nombre Teófilo Braga,
donde en su parte central se levanta la peculiar Casa de la Cultura
--antes, Cuartel y, luego, Mercado de verduras--, nadie tiene por qué
perderse, con ese sentido de serenidad que dan los portugueses al paso
del tiempo. O dejarse llevar por la amplia avenida que da al
modernísimo puerto allí levantado, repleto de espléndidos yates y otras
embarcaciones de recreo con banderas de los países más poderosos de
Europa. Y
a la hora del almuerzo, nada mejor que un bacalao a la portuguesa y un
arroz con mariscos, hasta las trancas, excelente todo, aunque se
pasaran en el precio. ¿Nos verían con cara de turistas caros? Mientras
las mujeres del clan Montero hacen sus compras --toallas, sábanas,
colchas, joyas, artículos de regalo..., lo que nos recuerda totalmente
a Elvas--, tengo tiempo para darme un garbeo por la Feria del Libro que
hay montada en la Casa de la Cultura. Amplísimo lugar, donde, además de
los puestos expositores, hay espacios para los cuentacuentos, una
exposición fotográfica, otra etnográfica, sobre juegos y juguetes
populares infantiles y, la última, una de grabados del maestro Manuel
Cabanas, nacido en la propia Villa Real y ya fallecido. Impresionante
contemplar una exposición de 380 piezas de grabados a la antigua
usanza, hechos con maestría en madera de boj, naranjo y encina. De
museo. Con lo que aprovecho y me hago del Catálogo y de un hermoso
libro de fotografías antiguas de la ciudad, sus monumentos, sus
industrias, sus lugares típicos, sus gentes y personajes populares, sus
fiestas y celebraciones, etc., todas en b/n, de Villa Real. De
impresión también, y por sólo 5 machacantes. ¡Regalado! Cuatro
horas después, tras haber fotografiado sus más diversos lugares y
rincones, incluyendo su hermoso puerto deportivo, cogemos de nuevo el
ferry y regresamos a Ayamonte, donde hay un gran bullicio en las
calles. Los veladores de los restaurantes populares empiezan a llenarse
de gentes de todas las procedencias y hay uno que quiero recomendar,
porque ya lo conozco de otras ocasiones: el Ayamar y Sierra, de los
hermanos Montes, en la céntrica calle Trajano. Tienen de todo --mar y
sierra, ibéricos de Jabugo incluidos--, buen servicio --preguntad por
Electra, una camarera con desparpajo--, precios aceptables y, como seña
de identidad estética, sus paredes están decoradas con numerosísimos
cuadros de actores del Hollywood de su época dorada. La de Rita
Hayword, Charles Chaplin, Gregory Peck, Marilyn Monroe, Marlon Brando,
John Wayne, Montgomery Clift, James Dean, Robert Taylor y Peter
Ustinov, entre otros monstruos cinematográficos de nuestra infancia.
VUELTA A CASA Todo
muy bonito, pero en La Antilla todavía hay servicios que se echan en
falta en Semana Santa. Todo lo dejan para el verano. Y es que, a pesar
de encontrarnos en los inicios del siglo XXI, allí no hay un mal
ciber-café donde restablecer tu conexión a Internet y estar al loro de
tu correo electrónico. El único que había, el Odyssey, en un pasaje
comercial de la calle Castilla, estaba cerrado a cal y canto. Y la
única librería, la Quevedo, en la plaza de las Carabelas, idem de idem.
Y, el colmo de los colmos, los extremeños en general y los badajocenses
en particular, sin ningún periódico --HOY, Extremadura-- que llevarnos
a los ojos. Incomunicados. O casi. Sólo dependiendo de las cadenas
nacionales de radio, TV y prensa y de los medios andaluces. Pero de
Extremadura, nada de nada. Ni de cómo va la vida en Badajoz, de su
Semana Santa, del C. D. Badajoz, del precio de los tomates, del
Avisador y de cosas así. Pero
lo peor de todo es que, al regreso, tienes que recorrer... ¡175
kilómetros!, que se dice pronto, hasta llegar, a pie mismo de la N-435,
a Fort La Chácara --quiero decir, Gasolinera, Aparcamiento,
Restaurante, Piscina, Campo de fútbol y Bar La Chácara--, en la
acogedora Higuera la Real, donde allí puedes consultar la prensa
regional y nacional, además de ponerte tupío con los ibéricos del
lugar. Sin necesidad de entrar y meterte en localidades como Fregenal y
Jerez de los Caballeros, que están antes, pero que hay que hacer unas
cuantas maniobras para llegar allí. Tiempo que aprovechamos para hacer
un descanso en el camino, el almuerzo a base de ibéricos y la lectura
obligada del HOY --incluido el impagable artículo "Tres cucharadas de
Correa después de comer", ¿o no?-- y el Marca, diciendo adiós a los
pescaítos y volviendo a la "normalidad", ya tierra adentro. ¡Higuera la
Real, reina de la sierra SO extremeña, tierra de dehesas y del mejor
ibérico de las Españas!
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