Ayer por la noche asistíamos mi parienta y yo en uno de los amplios
salones del Hotel Zurbarán, junto a Castelar, a un acto aparentemente
más de estos prolegómenos de la Semana Santa badajocense: un concierto de la banda de
música del maestro Gabi, que interpretaría diez bellas marchas
procesionales. Pero se había corrido la voz por toda la ciudad de que
la banda y el maestro Gabi se despedían profesionalmente de todos los
ciudadanos de Badajoz, ya que les espera una muerte anunciada y
próxima. Increíblemente, toda una institución cultural y popular, como
es esta Banda de música --fundada en 2001, pero con antecedentes que se
remontan a 1997--, tiene sus días contados. Parece que nadie quiere
hacerse cargo de ella y el bueno de Gabi y sus cuarenta jovencísimos
músicos se estaban despidiendo a su manera, como mejor saben:
interpretando música popular, en este caso, marchas procesionales de
corte andaluz. Pero con un detalle que habla de su humildad y
sencillez: ¡sin batuta alguna, haciendo el compás con las manos!
Con la sala llena a reventar, con gente
de lo más variopinta, incluidos sus incondicionales, muchos de ellos de
pie, la banda del maestro Gabi ofreció a los asistentes un magnífico
concierto, a pesar del calor que hacía en el interior del salón, con
calefacción y todo, cuando en la calle hacía 24 grados.
Desde la
pasada Feria de San Juan, Gabi y sus muchachos vienen anunciando el
final, que ya no tienen quien les escuche; nadie, salvo casos
puntuales, les apoya. Ni el Ayuntamiento de Badajoz, su ciudad, que
echamos de menos la presencia del Alcalde o de la concejala de Cultura.
Sólo la Diputación, que les ha ayudado en la edición de un CD, con
diversas interpretaciones de la propia banda.
Gabriel García García,
Gabi para los cientos de amigos que tiene en Badajoz, ha sido el hombre
que, hecho a sí mismo, sin estudios en Conservatorios y Academias, un
autodidacta de lujo, ha sido el líder que supo reconvertir las bandas
militares donde actuaba --Policía Armada y Cruz Roja-- en otras de
carácter civil, como la propia Cruz Roja, cuando se desmilitarizó, la
de la Asociación de Capataces y Costaleros San José y, por último, la
de la Asociación Cultural Maestro Gabi.
¿Cómo
es posible en una ciudad con Conservatorio Superior de Música y
Escuelas Municipales, sobre una banda? ¿En dónde se ha visto eso?
Me
cuesta creer que vayamos a quedarnos sin su presencia en nuestras
fiestas y celebraciones populares: en la Feria de San Juan, con sus
tardes de toros, desfilando hasta la plaza en compañía de las mulillas
galanas y cientos de aficionados enfervorizados al ritmo del himno
festivo-taurino de moda, "Paquito el Chocolatero", en las romerías de
Bótoa y de San Isidro, en las procesiones de la Semana Santa y el
Corpus Christi, en los traslados urbanos de las Patronas, etc., etc.
Por
lo que tiene explicación que durante el concierto de ayer la gente
aplaudiera emocionada durante muchos momentos y que, al final,
corrieran de mano en mano decenas de folios recogiendo de forma
espontánea las firmas de todos los presentes, pidiendo que la banda del
maestro Gabi no desaparezca.
El
himno nacional puso broche de oro a su actuación, con el público puesto
en pie. Gabi, finalmente, recibiría una Puerta de Palmas en miniatura,
obsequio del Aula Hoy, organizadora del evento, de manos de Alberto
González. Además del calor de todos los presentes, esta vez de forma
personal, que el simpar maestro Gabi agradeció con los ojos enrojecidos
y la voz entrecortada.
¡Esa banda, esa banda, es, es! ¡Esa banda, esa banda, es, es! ¡Esa banda, esa banda, es, es!