Pues sí, que con las calores primaverales la gente está empezando a
quitarse prendas de abrigo, jerseles, refajos y tal, y mirándose mucho
al espejo. Que de tanto mirarse, algunos de estos cristales opacos se
han resquebrajado del susto y otros no dan imagen alguna. Se niegan. Y
es que más de uno y más de una se están llevando las manos a la cabeza
porque les salen michelines por todas partes. Ya se sabe, la vida
moderna, sedentaria y tal, trae estos problemas. Las consecuencias no
deseadas de la sociedad opulenta que nos sermonea el Dr. Enrique
Campillo, que lleva tiempo empeñado con su cruzada sobre la "dieta de
la dehesa" para ver si comemos lo que hay que comer y no tanta
comida-basura como nos meten por los ojos. Pero no hay manera, colegas.
Así que son muchos los que están yendo a los gimnasios modernos de
Badajoz. Los ya famosos Fitness Gym,
centros para mantener la forma física, que están proliferando como
hongos en la ciudad. Los hay por todas partes y en todos los barrios.
Lo nunca visto en Badajoz. Que antes había mucho cocido con presas,
muchas judías con chorizo, muchas tortillas de patatas y mucho jamón
ibérico, mucha fruta, mucha ensalada, mucho paseo, mucha bicicleta y
mucho parque de Tres Arroyos. Pero que ahora hay comidas rápidas por un
tubo, hamburguesas, pizzas y esas cosas raras al microondas, que no se
sabe bien lo que llevan dentro, y la gente no quiere bajarse del coche
ni para ir al servicio. Y de San Isidro, que no le hablen, si no es en
coche. Así que hay quien tiene michelines hasta en el carné de
identidad. Y pasa lo que pasa, que hay que fichar todas las tardes en
uno de estos Gimnasios con aparatos para que te queden un poco más
liviano. Pero, eso sí, pasando antes por caja.