Por segundo año consecutivo, el orondo, inquieto y atípico Vicente
García Estop, otro de los jubilatas de oro que pueblan Badajoz, ha
sacado en estas vísperas de Semana Santa su peculiar visión de La Pasión de Jesucristo en el siglo XXI,
en su segunda parte. Se trata de un librillo --Badajoz, Indugrafic,
2006, 36 páginas, con fotografías en portada y contraportada de dos
imágenes de la Cofradía pacense de Santo Domingo, el Cristo del Amparo
y Ntra. Sra. de la Piedad-- donde el autor, seminarista en sus tiempos
mozos, se afana en descifrar los últimos momentos de Jesús
(crucifixión, muerte y resurrección), además de otros colaterales, como
los distintos caminos que siguieron los apóstoles tras su muerte y los
episodios y vivencias, hasta ahora ocultos o desconocidos, de la Virgen
María, su Madre, su vida posterior, su muerte, lugar de enterramiento,
Asunción a los cielos, etc., etc. Para ello se ha valido tanto de los
textos canónicos --evangelios, principalmente-- como de otros
apócrifos, hagiográficos y legendarios.
Vicente
García Estop hasta ahora había dedicado su tiempo a tratar de un arte y
afición que le son muy queridos --la tauromaquia en Badajoz y en
Extremadura--, con la publicación, a sus expensas, de diversos libros:
Badajoz, cien años de alternativas (1897-1999), Vivir en Badajoz: El
Club Taurino Extremeño, Extremadura: Plazas de Toros y Ellos lo
dijeron, sobre los conferenciantes que pasaron por Badajoz
realacionados con el mundo taurino. Pero ahora lo vemos convertido en
un gran divulgador de los misterios de la Pasión del Señor. Y lo hace
buscándose la vida --con el patrocinio de una empresa privada, este
año, Palicrisa, Limpieza y Jardines, y el pasado, El Corte Inglés-- y
regalando la mayor parte de la tirada a las propias Cofradías o a los
conventos e iglesias de Badajoz necesitados de ayuda. Y, por si fuera
poco, lo acompaña con un inmenso plano-sábana de Jerusalén, obra del
sacerdote o religioso holandés Adrichem (Adricomio o Cristián) en 1584,
y editado en facsímil en Barcelona en 1874.
Y
lo que yo digo --a pesar de que algunas de sus páginas, sin numerar,
vayan salteadas y su sistema de citas y bibliografía final sean
manifiestamente mejorables--, San Vicente..., digo, mi amigo Vicente,
tiene ya ganado un sitio en el Cielo. ¿O no?