Este mediodía, ordenando la botillería de la "bodega" de casa Montero,
me encuentro con una botella de aguadiente casero, de entrañable
recuerdo en esta casa, pero del año de la pera. Se trata de una botella
de aguardiente de pepino que la abuela de Pili, la señá Filomena (q. e.
p. d.) le regaló a su nieta hace... ¡35 años! Se trata de una botella
de cristal labrado, de anís La Asturiana, que, en su tiempo, fue
llevada a la huerta de algún familiar para que el pepino recién salido
de la mata, del tamaño de un dedo o casi, fuera introducido dentro.
Que, con el tiempo, al ir creciendo, quedaría perfectamente alojado en
su interior, para pasmo de los modernos que no entienden de los usos y
costumbres de antaño. ¿Cómo diantres se puede meter el pepino dentro de
la botella?, se siguen preguntando una y mil veces. Y, ya dentro y
limpio, se le ponía aguardiente a granel de las afamadas bodegas El
Rincón, de la calle De Gabriel, acompañado de yerbaluisa. Y hoy, tras
el almuerzo, nos hemos puesto unos "culitos" del aguardiente de la
abuela Filomena, con su peñasco de hielo, que tienen fama de ser unos
excelentes digestivos. Y nos han sentado divinamente... ¡35 años
después! ¡Y es que lo bueno a los paladares y a los estómagos, si es
con las recetas de la abuela, mejor! ¡A vuestra salud, colegas!