26 de Marzo, 2006
Exposición de fotografías de Rafael Sendín
Aunque con un pelín de retraso, tengo que comentar que el pasado 22
fuimos mi parienta y yo a la inauguración de la Exposición de
fotografías de Rafael Sendín Gutiérrez (n. Salamanca, 1971, pero
avecindado en la extremeñísima Coria) en la coqueta Sala Europa, que la
Consejería de Cultura tiene abierta en la pacense avenida de Europa, 2.
Bajo el título de "Derivas", allí pudimos contemplar 20 enormes
fotografías a color, a modo de introducción, de la colección que, sobre
el mismo tema --unas 180--, ha obtenido el autor pateándose los ámbitos
urbanos de ciudades como Madrid, Valencia, París, Nueva York, Miami y
Badajoz. "Una visión de la sociedad urbana a través de ciudades
cosmopolitas y multiculturales", como él las llama. Trabajo que le
llevaría --me remataría después-- dos años y medio. No
se trata de fotos realistas o tradicionales, al estilo de las que hacen
--o han venido haciendo-- en Badajoz fotógrafos conocidos como los
Garrorena, los Vidarte, Óscar Alonso, Vicente Novillo, María José
Montero, José Vicente "Pachi" y tantos otros conocidos, donde un
paisaje es un paisaje, un personaje, un personaje, una escena de calle,
una escena de calle, y un ramo de flores, un ramo de flores. Se trata
de 20 vistas, al detalle, primeros planos casi siempre, otros
distorsionados o reflejados, de aspectos y detalles insólitos de la
vida urbana, que, vistos a través del objetivo de Rafael, se nos
escapan a la mayoría de los mortales. Realmente, hay mucho de subjetivo
en esta muestra, de retrato del artista, que ha sido becado por la
Consejería de Cultura, dentro de las ayudas a artistas plásticos
Francisco de Zurbarán. Ayuda que le ha permitido, además de darse un
garbeo por las ciudades antes citadas, editar sus trabajos, montar
estas exposiciones y hacerse el imprescindible Catálogo. A
la Exposición, que, cosa insólita, se inauguró a sí misma, no estando
presente autoridad alguna para decir el discursito de siempre y salir
en las fotos, asistimos medio centenar largo de personas, entre ellas,
algunos conocidos fotógrafos de la ciudad, además del autor y gente de
su entorno. Lo que aproveché, al calor de unas copichuelas de Viña
Romale --excelente tinto riberadelguadiana,
uva tempranillo, de las acreditadas Bodegas de doña Antonia Ciprián, de
Almendralejo, A. R., naturalmente-- y unos buenos aperitivos, conocer,
primero, e intimar, después, con el jovencísimo fotógrafo, de 34 años
sólo, para hablar de su trabajo, de sus proyectos, de su Catálogo...
Con que nos intercambiamos direcciones, tarjetas y tal y me dice que me
manda el Catálogo de inmediato, que no tiene ejemplares en ese momento,
pero que cuente con él, así como de otros antiguos que tiene. Pues que
así sea. Y por si alguien quiere saber su caché --que uno lo pregunta
todo--, me dice que los cuadros, en series de 3 copias, salen a 900
machacantes cada una. Y, en sus palabras, textualmente, "que no lo
considera caro". Pues esto es lo que hay, colegas. Para finalizar, decir que la muestra estará abierta hasta el 5 de Abril, en horarios de 11 a 14 horas y de 17 a 20,30 horas.
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¿Estáis en hora?
Sí, que esta madrugada pasada había que pasar de las DOS a las TRES,
con lo que hemos tenido una hora menos para dormir, trasnochar, ir de
pendoleo y demás. No sé si os habéis dado cuenta, pero siempre cogen
para los cambios de hora un sábado, sabadete. Pero, a lo que iba,
¿habéis cambiado la hora de todos vuestros relojes? He dicho bien, de
TODOS, que vaya coñazo, colegas. Yo ya he cambiado media docena de
ellos y estoy rebuscando por si se me ha quedado olvidado alguno.
¿Estáis todos en hora? ¿Sí? ¡EnHORAbuena!
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¡Doña Dolores, una dama de Badajoz!
Pues sí, es de Badajoz, pero no es duquesa ni marquesa ni corre sangre
azul por sus venas. Ni tampoco vive en un palacio de lujo ni en una
residencia principesca. Ni se la ve con gente de alta alcurnia y baja
cama, esa de apellidos raros y compuestos. Que se llama simplemente
Dolores y se apellida como todo el mundo, Díaz y García. Y es de
Badajoz. Que el sábado por la tarde, después de darnos un garbeo por
Valdepasillas y comer pescaítos en La Mar, que cogíamos Pili y yo el camino de
regreso por Tomás Romero de Castilla, donde está el bulevar con la
estatua ecuestre de Hernando de Soto, cuando vemos venir por la acera a
una anciana, pequeña de estatura y vestida de luto, ojos claros y
dulces, sin dentadura y pelo blanquísimo. Y con un bolso, también
negro, entre sus manos. Y que al llegar a su altura vamos y le decimos: --Abuela, ¿qué hace usted sola por aquí? --Pues dando un paseo, que vivo por aquí cerca, ahí, en los grupos de la Soledad --y señala con la mano. --Pues está usted
muy bien, ¿qué edad tiene, si puede saberser? --le preguntamos con curiosidad. --Pues 90 años. --¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ --Pues no lo parece, ¿y es usted de aquí? --Pues sí, que nací en la plaza Alta. --¿En la plaza Alta? --ya nos picó la curiosidad, por lo que seguimos preguntando. --Sí, en la calle San Lorenzo, la única que tenía balcón, pero trabajaba de modista en la calle Concepción. --¿Ha tenido hijos, abuela? --Sí,
siete, cinco varones y dos hembras, que me han dado 22 nietos y cinco
bisnietos --nos dice sin cortarse y con plena lucidez. --¿Y cómo se llama usted? --Dolores
Díaz García y mi marido, Fernando Rodríguez Gallego, que en paz
descanse, que estuvo de botones en El Águila y fue camarero muchos
años. Sí, el que le ponía los cafés al Rey y el que le atendía para
comer cuando vino a Badajoz --nos dice con todo lujo de detalles,
recordando la visita de don Juan Carlos y doña Sofía a Badajoz un 10 de
marzo de 1977, fecha a la que he tenido que acudir indagando en los
libros de mi biblioteca. --Y que el Rey hizo
amistad con mi marido y no quería que nadie le sirviera na más que él.
Y que luego nos mandó una foto de su boda, que la tenía yo en casa
hasta que una de mis nietas se la llevó a su casa... --Pues entonces a su marido le tenía que conocer todo el mundo en Badajoz -- volvemos a preguntar. --Sí,
uno mu limpio y mu bien plantao, un señorito, que no me puso la mano
nunca encima ni me dijo "guarra". Que un día estaba yo fregando el
portal de mi casa, cuando una vecina me dice que ha entrao un hombre en
mi casa. Y yo le dije que no, que era mi Fernando, que iba vestío como
un señorito. Y llega otro día y me dice una vecina que mi marido estaba
en una casa de la calle Encarnación. Con que me voy p'allá y llego y
pregunto por él. Y me dicen que allí no está. Con que la agarro y la
quito de delante y en ésto que sale Fernando, tó avergonzao... --¿Y qué le dijo a usted, le pidió perdón? --No,
qué va, que me cogió por los hombros y nos vivimos a casa. Que si me
llega a decir algo le doy así... --y hace un gesto cortante con la mano
derecha. --¿Y qué tal se vivía por aquella época? --Pos
trabajando to'l día, que yo no iba a ninguna feria ni a ninguna fiesta,
al único sitio donde me llevaba mi marido era a casa de mi suegra y a
la de mi cuñado. --¿Y dónde vive usted ahora? --Pos ahí, en los
grupos de la Soledad, en una casa que se la dieron a mi marido. Y vivo
sola, pero una hija que vive cerca me trae todos los días la comida.
Que cuando quieran, preguntando por Lola, la modista, ahí estoy... ¡Pues
encantado de haberla conocido, doña Dolores! ¡Ha sido un placer!
¡Descuide, que un día de estos iremos a verla! ¡Y preguntaremos por
Lola, la modista! ¡Y que Dios le coserve la vida muchos años! ¡Hasta
siempre, doña Dolores Díaz García, una mujer del común, toda una dama
de Badajoz!
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