¡El día que vino Rajoy a Badajoz a recoger firmas!

Por El Avisador - 18 de Marzo, 2006, 0:23, Categoría: General

Esta tarde llegó a Badajoz, procedente de Fregenal de la Sierra, el líder nacional del PP, Mariano Rajoy. El motivo era apoyar la recogida de firmas para celebrar un referéndum en todo el Estado sobre el Estatuto catalán bajo el lema "Todos tenemos derecho a opinar". Eran los minutos previos a las cinco y media de la tarde, con el cielo amenazando lluvia, cuando los "fontaneros" del PP local procedían a instalar unas mesas y un panel en la acera de El Corte Inglés que da a la avenida de Enrique Segura Otaño. La amenaza de lluvia había obligado a los organizadores a buscar refugio en esa zona, abandonando la idea primitiva de hacerlo al final de la avenida de Huelva, en su bulevar central. El panel decía: "Todos tenemos derecho a opinar. 3.000.000 de firmas". A la espera de la llega del líder, decenas de personas nos fuimos congregando en sus proximidades, especialmente concejales, diputados y cargos del PP en Extremadura y, más concretamente, en Badajoz, con el alcalde de la ciudad a la cabeza, además de numerosos afiliados, simpatizantes, periodistas, cámaras de TV y fotógrafos. Sin que faltaran también los curiosos, entre los que me encontraba. Las fuerzas de seguridad, discretamente situadas, acordonaban la zona. Según pasaban los minutos, los nervios empezaban a atenazar a los responsables y los móviles echaban humo. Mira por dónde, a las cinco y media en punto comenzó a llover, un sirimiri, pero lluvia al fin y al cabo, por lo que hicieron acto de presencia los paraguas. En ese momento, con la acera prácticamente colapsada de gente, comenzó el ritual de las firmas. Y ya se empezaban a formar algunos atascos de coches, con sus claxons y demás, que los guardias locales supieron canalizar. Los firmantes de la cosa, después de estampar sus firmas..., ¡seguían en su sitio!, con lo que el atasco era cada vez mayor. Todos querían quedarse para ver y saludar a Mariano. Y eso que hubo auxiliares que, carpeta en ristre, ofrecían hojas con las firmas al personal alejado de las mesas. Pasan los minutos y detecto más nerviosismo y miradas continuas al tráfico de las avenidas cercanas. Rajoy estaba al llegar y los móviles subían de temperatura. Hasta que a las 17,41 horas, según marcaba el reloj urbano, un imponente Skoda negro Super 3, rodeado de varios coches de seguridad y de gentes del partido, llegaba a su lugar de destino, procedente de Fregenal de la Sierra. Venía acompañado de altos dirigentes de su formación, entre ellos Carlos Floriano, el presidente regional. La llegada del líder fue recibida con aplausos generalizados de la concurrencia, besos, saludos a diestro y siniestro y fotos, miles de fotos. Los móviles, con sus cámaras integradas, fueron los grandes protagonistas de la jornada. Y, mientras intenta acceder a la mesa --a unos 5 metros de distancia--, los achuchones, abrazos, besos y saludos se suceden y le impiden alcanzar su sitio. Y, como no podía ser menos, los gritos de ¡Presidente!, ¡Presidente! atruenan el momento. Y ese otro de ¡Oa, oa, oa, Rajoy a La Moncloa! Mientras el líder atendía a sus admiradores y admiradoras, que eran legión estas últimas, que vemos a gente recogiendo firmas pero que no eran de la "casa": se trataba de un puñado de integrantes de la Plataforma refinería NO que, inasequibles al desaliento, recogían también firmas a diestro y siniestro. La gente que salía o entraba a El Corte Inglés, sorprendida, aprovechaba para interesarse por lo que allí se cocía, intentando todo lo posible por ver en carne y hueso a Mariano Rajoy, que seguía impertérrito en su puesto, lanzando miles de sonrisas y saludos a sus decenas de admiradores.
DESPEDIDA
Un par de minutos antes de las seis, alguien manda guardar silencio, que Rajoy va a decir unas palabras antes de marcharse. Imposible oirle desde donde estaba --justo por fuera del seto--, además del regular barullo de la circulación y la gente de cháchara todavía. Con que se repiten los aplausos, los gritos de ¡Presidente!, ¡Presidente! y vuelven los besos y los saludos, éstos de despedida. Y las fotos, cientos de fotos, que los móviles lanzaban destellos a cada paso del líder. Y que llega uno de la organización y que aprovecha para lanzar otro nuevo, ¡Carlos Floriano, a la Junta!, ¡Carlos Floriano, a la Junta!, que decae enseguida.
Eran las 18,10 horas, según el mismo reloj callejero, cuando Mariano Rajoy, fuertemente escoltado por fornidos miembros de NNGG, la organización juvenil del partido --ataviados con con camisetas naranjas--, y siempre saludando y sonriendo, se despedía de sus fieles y cogía su coche camino de regreso a sus lares. Eso sí, con una legión de seguidores y entusiastas a su vera que querían darle el último saludo o hacerse con él la última foto.
Despejada la situación, la zona tardaría en recobrar la normalidad, pues las mesas seguirían recogiendo firmas un buen tiempo después. Momento que aproveché para coger el toli y marcharme a casa, muy cerca, por cierto, del lugar céntrico de Badajoz donde, en una tarde de marzo con sirimiri, paraguas y móviles, vino Mariano Rajoy, el líder del PP, a recoger firmas para su referéndum.

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