¡Los patos de Castelar, sin novedad!

Por El Avisador - 13 de Marzo, 2006, 6:59, Categoría: General

Ayer domingo hizo un tiempo espléndido, con los termómetros marcando a mediodía más de 20 grados, lo que invitaba a salir al campo o a visitar nuestros magníficos parques urbanos. Tras la comida y la amplia sobremesa en la venta Jaraque, en la carretera del Rincón de Caya, de regreso paramos en el parque de Castelar. Había que darse una vueltecita, estirar las piernas, hacer fotos y, ¡cómo no!, visitar a los patos de Castelar. Que con esto de la gripe aviar no sabe uno qué van a hacer con ellos, si recogerlos, vacunarlos o, simplemente, dejarlos donde están. Como la tarde era agradable, el parque presentaba un aspecto magnífico, con numerosas personas disfrutando del lugar. Muchos padres con sus niños pequeños, parejas y gente mayor tomando el sol, paseando o, simplemente, viendo las evoluciones de los animalillos del estanque. Además de los tres guardas de verde dándose sus garbeos reglamentarios. Y allí estaban, al cuidado de doña Carolina Coronado, la permanente guardesa de patos y palomas castelarianos. Conté una cincuentena de patus castelarianus pacensis, que estaban gordos y lustrosos que daba gloria verlos. Y sin inmutarse ante las maniobras que hacía para hacerles fotos. Se ve que son patos amaestrados por la institutriz municipal de Parques y Jardines, la concejalense Cristina Suárez-Bárcenas, que los tiene acostumbrados al turismo, a que les hagan fotos y a que les den de comer casi en la mano. También es verdad que con la reja metálica que tienen de vallado protector, a ver quién es el guapo-a que le hace algo a mis patos. Sin embargo, las inquietas palomas, que había decenas de ellas, no dejaban de molestar y encaramarse a la figura sedente de doña Carolina, que veía cómo se le subían hasta la cabeza, y ella, paciente como pocas, sin queja alguna, con un libro abierto en su mano derecha, esperando a que la dejaran tranquila para leerse algunas páginas. Pero ni por ésas, Teresa. Además de las revoltosas palomas, blancas, grises y azuladas, había también otros usuarios en el estanque, los perezosos y tranquilos galápagos, pero a ésos les daba igual que les pasaran por encima patos y palomas.
Y en uno de los laterales, la clásica escena infantil: dos chavalines de 2-3 años, con un paquete de gusanitos en las manos, dando de comer a uno de nuestros más corpulentos patos. Y poniendo en práctica la contabilidad propia en estas edades:
--Uno pa tí, otro pa mí... Uno pa tí, dos pa mí... Uno pa tí, cinco pa mí... Uno pa tí, este puñao pa mí...
Y el pato, que no entendía nada de este sistema de reparto infantil, a la expectativa siempre. Que los patos de Castelar están bien educados, tienen pedigrée, y nunca protestan a la hora del reparto. Se conforman con lo que les echen.
Resumiento, los patos de Castelar, en perfecto estado de revista.

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