Un domingo en la venta Jaraque

Por El Avisador - 9 de Marzo, 2006, 20:46, Categoría: General

Una costumbre muy española y, por supuesto, de nuestra tierra, es irse a comer a las ventas del extrarradio de cualquier ciudad o pueblo que se precie. Máxime ahora, cuando la vida en las ciudades, incluyendo las comidas, se ha homogeneizado tanto, que, como válvula de escape, hay que darse una escapada al mundo rural próximo, con su cocina tradicional y servicio cuasifamiliar, que suponen todavía nuestras ventas. Tradicionales lugares donde, además de comer, servían para dar alojamiento a los viajeros y a sus caballerías, de camino por los abruptos y, a veces, intransitables caminos y carreteras de España. La literatura de viajes está llena de estos lugares obligatorios de parada, fonda y descanso, y no hace falta recordar sólo las famosas ventas por donde discurrían sus pasos nuestros inmortales Alonso Quijano y Sancho Panza.
Badajoz, en la actualidad, posee un buen número de ventas, ubicadas en el extrarradio o a la salida de la ciudad. Aunque con el tiempo han ido transformándose en bares-restaurantes también, siguen poseyendo el espíritu de las ventas de toda la vida, con su comida casera --cocina mediterránea, no lo olvidemos--, trato familiar, ambiente popular (decoración tipo museo etnográfico), precios muy por debajo de otros locales hosteleros, etc. Traigo aquí los nombres de algunas ventas badajocenses, muy populares todas ellas y, entre ellas, destaco la de Don José, en la carretera de Madrid, Guerrero, en la de Olivenza, La Masía, en la de La Corte, Marchivirito, en la de Cáceres, Las Tinajas, en la de Sevilla, Montecarlo, en la de Valverde y, objeto hoy de nuestra atención, Jaraque, en el camino-carretera del Rincón de Caya, a un palmo de la frontera.
VENTA JARAQUE
Como se aproxima el fin de semana, bueno será daros noticias de la venta Jaraque (carretera del Rincón de Caya, nº 13, km. 4,800, pasado el fatídico "punto T", T de Tanatorio), donde estuvimos comiendo el pasado domingo. Cuando llegamos, las tres de la tarde, aquello estaba abarrotado. La planta baja del edificio comprendía la cocina y los fogones --fuera de la vista--, el interior, con su barra y varias mesas, ocupadas todas ellas, el cobertizo, cubierto, también repleto de comensales y, ya en el exterior, una zona de juegos infantiles y un "aparcamiento", lleno de coches también. Como la gente que esperaba estaba acodada en la barra, nos quedamos dentro tomando unos copas y refrescos, mientras los tres camareros, comandados por el servicial Alejandro, nos daban cuenta del movimiento que se producía: grupos que acaban de comer y gentes que, en la espera, tienen preferencia. Así, media hora larga, aunque el tal Alejandro, por cierto, antiguo alumno de la señá Pili, ante nuestras preguntas acuciantes, nos daba la explicación conveniente:
--Aquí aplicamos la regla de tres.
--¿Y qué regla de tres, si puede saberse?
--Pues salen unos y entran otros...
En esta espera tiene uno tiempo de entretenerse echando un vistazo al improvisado "museo" de cachivaches, herramientas y aperos de otras épocas, con decenas de piezas del mundo rural y campesino decorando las paredes. Una muestra abigarrada y barroca, propia de lo que se entiende por decoración popular. Y tiempo también, antes de llenar la andorga, para deleitarse con algunas muestras del refranero popular español, recogidas en piezas de cerámica cuadradas. Que había un montón, por cierto, como éstas:
Con vino viejo y jamón, no se padece del corazón.
Como el vino, los amores, cuanto más viejos, mejores.
Quien tiene arte va a todas partes.
Olla cada día, aún siendo buena, hastía.
El que no es para estudiar, aplíquese a arar.
Aunque seas sabio y vuejo, no desdeñes un consejo.
Según come el mulo, así caga el culo.
Si quieres criarte fino y hermoso, buen vino y mucho reposo.
Y este otro, colocado, precisamente, junto a la caja:
Ley del bar:
Ángel de la guarda, que guardas los pecadores,
aparta de esta casa a los malos pagadores.
La venta, que lleva en el lugar la friolera de 22 años, la llevan la familia Flores González, compuesta por el popular matrimonio formado por Augusto Flores y Carmen González, junto con sus hijas Mónica y Almudena, las tres mujeres en los fogones. El patriarca, que anda estos días convaleciente en el piso de arriba, donde viven, de una complicada operación de corazón, se apoda Jaraque de sus tiempos mozos, por su carácter informal en el vestir, con la camisa siempre fuera del pantalón, de ahí lo de "jaraque", sinónimo de voces tan extremeñas como  "jarraguas" o "jarramanta".
La venta es muy conocida por ser punto de referencia en Badajoz de las carnes a la brasa, especialmente el pollo, receta aprendida originariamente de la cocina portuguesa por la señá Carmen en su lugar de origen, Oliva de la Frontera. Pero que le da un gusto peculiar, muy personal, que le hace ser el plato estrella del lugar. Y a fé que lo pudimos comprobar. Porque nuestra cocinera mayor fue, entre otros atributos, la primera en Extremadura que se atrevió a poner en sus menús el pollo a la brasa. La carta, sabiendo que estamos a un palmo de distancia de Caya, la romántica frontera hispano-lusa, está en español y en portugués, y por allí son corrientes expresiones tan castizas como frango (pollo), costelas (costillas), entrecosto (panceta), caldeirada (caldereta), vitela (ternera), presunto (jamón), etc. El pollo y la panceta a la brasa, con sus inmensas fuentes de patatas fritas, se llevan la palma. Y las ensaladas mixtas, de impresión. Lo que hacen un buen aceite y un mejor vinagre.
La bodega tiene muchas marcas de vinos riberadelguadiana. Veamos: en blancos, Viña Canchal y Blasón del Turra; en tintos, Tentudía, Castelar, Corte Real, Lar de Barros, Blasón del Turra y Peñascal; y en rosados, Peñascal y Lar de Barros. Ahora, si lo que prefieres es el tinto de la casa, pues no está mal, especialmente si quieres hacerte un calambuco. El cobertizo, con vistas estupendas de los campos de regadíos cercanos, estaba materialmente cubierto con platos de todos los diseños y colores, incluidos los de origen portugués.
Al final, intimamos con la señá Carmen y Alejandro, que nos invitan a café, a los que, después de felicitarlos por la comida y el servicio, hacemos algunas preguntas y nos contestan amablemente a todas. Que llevan 22 años en el lugar --el 22 de septiembre poasado lo cumplieron--, que por aquella zona viven unas 30 familias, que atienden unas 50-60 grandes parcelas de regadío (tomate, maíz...), que quien manda en los cultivos ahora es la Unión Europea, que hay ganado vacuno estabulado también, que aquello cobra mucha animación los fines de semana, que allí vienen matrimonios y familias enteras a comer... ¡todos los domingos y desde hace años! --pasando a los sábados en verano--, que allí vienen haciendo los guateques de primera comunión los hijos de los colonos, que cuando el señor Augusto se recupere, piensan hacer un comedor para 200 personas en la parte de atrás, que este negocio se lo quedarán a sus hijas --que viven en el mismo edificio, junto a sus padres, en la planta de arriba--, que ella tiene una grandísima devoción por la Virgen de Gracia, la patrona de su pueblo, y nos enseña la medalla de oro que lleva al cuello y el gran cuadro mariano que hay justo a la entrada de la cocina, que la venta abre todos los días, excepto lunes y martes, que encantado de conocernos y a ver cuándo volvemos, que ahí va nuestra tarjeta... Y nos damos unos besos de despedida, como si fuéramos de familia...
¡Doña Carmen, ha sido un placer comer en su venta! ¡Que se recupere pronto el baranda, el señor Augusto! ¡Y que la Virgen de Gracia les acompañe siempre! ¡Volveremos!

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