Ayer
se inauguró, después de bastante tiempo en obras --ocho años, que se
dice pronto--, el Nuevo Tanatorio de Badajoz. Que tanatorio viene del
griego tánatos,
muerte. Ya era hora, porque nuestra ciudad era, entre las más pobladas
de Extremadura, la única que faltaba por sumarse a la modernidad y a
los nuevos tiempos a
la hora de hacer los últimos preparativos para despedir a nuestros
muertos. Hemos pasado de hacerlo en familia, en casa, a las pequeñas,
incómodas e inadecuadas morgues de nuestros Hospitales. No había otras.
Quién no va a recordarlo ahora cuando hemos
tenido que despedir a un familiar o a un amigo en los tanatorios del
antiguo Hospital Provincial --ya desparecido--, o en los actuales de
los Hospitales Perpetuo Socorro, Materno-Infantil e Infanta Cristina.
Ahora llegan los Tanatorios, que te prestan todos los
servicios funerarios sin tener que estar con el alma en vilo haciendo
las gestiones necesarias. De morir en casa, rodeado de los tuyos --qué
muerte más humana-- a
morir en los hospitales, en salas asépticas, rodeados de tubos y
máquinas, a hacer el velatorio en salas modernísimas --tanatosalas--,
decoradas con colores y elementos que invitan al sosiego y a la
tranquilidad, pero dotadas de todos los adelantos, refrigeradores,
capillas, servicios religiosos, de floristería, incineradora, catálogo
de ataúdes ad hoc, etc. Son los nuevos avances del sector y no podemos
quejarnos. Una muerte que está en consonancia con la vida que llevamos.
Una manera más de despersonalización de la muerte, en beneficio de su
socialización, en una gran urbe de servicios, como es Badajoz. Son los
tiempos
que nos ha tocado vivir, hermanos. Y es lo que hay. El Tanatorio de
Badajoz se encuentra ubicado en la Carretera del Rincón de Caya, s/n,
muy cerca de la cabeza del Puente Real y del Hospìtal Universitario
Infanta Cristina.