Hoy, jueves, se cierra el brillante ciclo que, sobre El Bodegón, ha organizado el Museo de Bellas Artes de Badajoz. La última conferencia, "Los bodegones de Felipe Checa", será dada por Román Hernández, el Director de nuestro Museo Provincial de Bellas Artes y biógrafo del pintor pacense. El acto será, como de costumbre, en la sede del Museo, calle Duque de San Germán, 3, comenzando a las 20,30 horas.
***
De atípica, rara, pero interesante, tengo que calificar la conferencia que ayer pronunció en este mismo lugar doña Carmen Garrido, responsable del Gabinete Técnico del madrileño Museo del Prado, sobre "Los bodegones de Luis Meléndez". Luis Meléndez (1716-1780) fue un extraordinario "bodegonista" del siglo XVIII --todavía considerado como género menor--, formado en Madrid, en la Academia de San Fernando, empezando como miniaturista para acabar dedicándose a las naturalezas muertas. Dotado de una técnica extraordinariamente minuciosa, sus composiciones destacan, además de por su sobriedad y pocos elementos, por su gran realismo y luminosidad, habiendo pasado a la Historia de la Pintura española por una serie de 44 bodegones que pintara a finales del XVIII, en tiempos de Carlos III, para su hijo, el Príncipe de Asturias, el que sería Carlos IV, una colección de cuadros destinados en su origen a representar los distintos alimentos característicos de la gente común en la España de la época, con los que se pretendía formar un Gabinete de Ciencias Naturales. Cuadros que, procedentes del Palacio de Aranjuez, se encuentran depositados en su gran mayoría en el Museo del Prado. A pesar de sus encargos para el Príncipe, Luis Meléndez, autor que sería copiado hasta la saciedad en el siglo XIX, no conseguiría el privilegio de ser nombrado Pintor Real. Sufriendo la última decepción al cansarse el futuro Carlos IV de tanto bodegón y pedirle que dejara de pintarle más cuadros. No sabemos si fue por esta causa, lo cierto es que Luis Meléndez, desengañado, moriría pocos años más tarde, en 1780.
***
¿Pero dónde está lo atípico y raro de esta conferencia? Pues, sencillamente, en que Carmen Garrido, experta número uno en la trastienda de las pinturas, nos abrió los ojos dándole la vuelta a los cuadros para conocer mejor lo que nunca se ve cuando admiramos una obra pictórica: las telas y sus clases, los bastidores y sus ajustes, los marcos y sus soportes, las pinturas y los materiales en su composición, los escritos que vienen por detrás sobre colocación de los cuadros, orden, etc. Por cierto, todos los cuadros de Luis Meléndez venían con una dedicatoria por detrás: Pe. Nro. Sor. (Para el Príncipe, Nuestro Señor).
Con esto y mucho más nos dejó la boca abierta la Garrido, quien, ya en el colmo de las nuevas tecnologías aplicadas a la pintura, ¡nos presentó los cuadros a través de rayos infrarrojos! Y, claro, pudimos apreciar, en primerísimo lugar, que Meléndez pintaba de delante hacia atrás. Que las frutas, la pesca, la caza y los diferentes objetos y recipientes que pinta son los que consumía o usaba en su propia casa, porque se repiten mucho. Y viendo tanto cuadro también sabemos que los gazpachos de Meléndez tenían... ¡mucho pepino! También pudimos conocer la diversidad de elementos (otras frutas, recipientes varios, pequeños muebles, etc.) y figuras humanas que, al fondo, el autor eliminó sobre la marcha, superponiendo otras capas de pintura, pero que los infrarrojos delataron su presencia. ¡El chivato de la Historia de la pintura! ¡El CSI en los Museos! Y que, por descubrir, descubrimos, tapado por varios tipos de frutas de la época, ¡hasta la inconfundible figura de Carlos III! ¡Un cuadro con la real figura del mejor Alcalde de Madrid, sepultado por melones, uvas, manzanas, melocotones y peras! ¡Inenarrable! ¿Una venganza de Luis Meléndez por no habérsele concedido el título de Pintor del Rey? ¡Pues aquí habría que investigar, doña Carmen, porque parece el argumento de un novelón histórico-pictórico!
Para terminar y, a la vista de lo visto, una pregunta al señor Director de nuestro Museo: ¿para cuándo un Gabinete técnico con infrarrojos en el Bellas Artes? ¿Qué podremos encontrar en el fondo de los cuadros de nuestros grandes pintores allí expuestos? ¿No sería apasionante? ¡Cuente conmigo, don Román, aunque sea de asesor jubilata honorífico, sin sueldo ni canongías, que esto no me lo puedo perder!