12 de Enero, 2006
¡Quítate las arrugas!
Uno de estos días de rebajas, que llega mi tía Federica, la del pueblo, a casa, cargada de bolsas hasta las cejas. Desencajada, con greñas en los pelos y la ropa dada de sí de tantos restregones y codazos como se dan y reciben en nuestras abarrotadas tiendas.
--Mira, tía, una cosa que puede interesarte, un prospecto que me ha llegado contra las arrugas --le suelto a bocajarro.
--¡Ah!, será de alguna clínica de belleza, ahora en enero, con las rebajas, ¿no?
--Pues, no, que es una cosa especial...
--¡Ah!, bueno, entonces será de alguna estheticiene, masajista o experta en tratamientos de belleza del barrio...
--Pues, tampoco, es que, mira...
--¡Ya!, un nuevo tratamiento antiarrugas que están dando en el Hogar del Pensionista de aquí cerca, que la Cristina Herrera quiere tenernos a todas como reinas...
--¡Pues, tampoco, tía!
--¿Entonces, dónde te lo dan? --pregunta frunciendo el ceño, algo mosca la doña.
--¡Pues en el Colegio de Abogados de Badajoz!
--¿En el Colegio de qué...?
--Sí, tía, sí, en el Colegio de Abogados de Badajoz.
--¿Pero qué tienen que ver los abogados, esos señores serios y bien plantaos, con cartera en mano, que te sacan de apuros de vez en cuando en el Juzgao, con las arrugas? --me dice, haciendo una señal como que no estoy bien del tarro.
--Pues que se trata --y aquí me explayo-- de una campaña informativa del Consejo General de la Abogacía española dirigida al común de los mortales y que en uno de los folletos explicativos dice: "Si cada preocupación es una arruga, quítate arrugas. Consulta a tu abogado".
--¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
--Que luego, leyendo dentro, te dicen cosas muy serias como éstas: Ejerce tus derechos a la salud, a la vivienda, a una pensión digna, a la cultura y al ocio, a la independencia económica, a la libertad, a la dignidad y a la autonomía.
--Y cuando tenga un problema de esos, ¿dónde tengo que ir?
--Pues a un abogado que tú conozcas, que en Badajoz de siempre los ha habido (y los sigue habiendo) muy buenos y competentes.
--¿Y si no conozco a ninguno?
--Pues éso es raro, tía, pero, de todas maneras, puedes ir a la sede del Colegio en Badajoz, en el número 1 de la calle Martín Cansado, juntito a la plaza de Minayo, en lo que fue antiguo Garaje Pla, que hace esquina con Zurbarán.
--¿Y se me quitarán todas las arrugas, sobrino?
--Tía Fede, las que tienes, no sé, se lo preguntaré a Antonio G. Lena, mi abogado de cabecera, que a lo mejor te consigue algún tratamiento especial, pero que no te saldrá ninguna más..., ¡¡seguro!!
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¡Un Ángel de la guarda!
Desde pequeñines, muchos de nosotros nos hemos acostado, arrullados por nuestras, madres, tías o abuelas con algunas ingenuas oraciones infantiles, como la del Jesusito de mi vida y la del Ángel de la guarda. Como esta que decía:
Ángel de la guarda,
dulce compañía,
no me dejes solo
ni de noche ni de día,
que, si no, me perdería.
Pues bien, forma parte del universo de la fe cristiana la existencia de estos seres benéficos, con innumerables testimonios de su presencia salvífica en la Biblia, especialmente en el Nuevo Testamento. Y que uno cree que siguen actuando, ya seas niño, joven o adulto, la vida te da infinidad de ocasiones para comprobarlo. Como la que tuve ocasión de presenciar ayer a mediodía, cuando iba a los recados de cerca de casa, entre ellos recoger una carta certificada en Correos. Pues bien, con los semáforos en rojo, los peatones esperábamos pacientemente, apiñados a ambos lados de la espaciosa avenida de Ramón y Cajal, en su paso de peatones --unos 15 metros de ancho--, en las traseras del edificio de Correos, a que pasaran los vehículos. Y en esto que, inopinadamente, una señora mayor --de unos 60 años, abrigo grande color ocre, las manos en el bolsillo y la cabeza gacha-- se adentra en el paso de peatones, mientras nos llevamos las manos a la cabeza porque un coche viene lanzado por nuestra mano izquierda. El conductor, desesperado, tiene que hacer una frenada de película mientras la señora, sin mirar a los lados, sin hacer gesto alguno de disculpa, ya en la mitad de la calzada, que sigue impertérrita su camino, en tanto otro coche que viene por la derecha a toda pastilla parece que va a atropellarla de forma irremediable. Pero un sexto sentido de este conductor y una maniobra desesperada en el último segundo --en tanto se oían unos gritos como en arameo--, hacen frenar su vehículo, justo a un palmo de la anónima y ensimismada señora, que, erre que erre, continuó su camino. Y nada de mirar atrás, a los lados o, simplemente, pedir disculpas a los malhumorados conductores. Los que estábamos viendo la escena nos hacíamos cruces porque unos minutos antes de las dos de la tarde del 11 de Enero del año del Señor de 2006, hora en que salían los chiquillos del colegio cercano, habíamos presenciado un milagro en Badajoz. Milagro donde el ángel de la guarda de la señora del abrigo color ocre, las manos en los bolsillos y la cabeza gacha, la había librado de una muerte segura. Había vuelto a nacer.
Día para recordar cómo este ángel anónimo se había ganado una vez más el título y "el sueldo" en ese trance. Día también para recordar que, mientras existan hombres, mujeres y niños que van así por la vida, puede ocurrir que su ángel respectivo, con tantos "sofocones" y "trabajos extras", se "distraiga" mirando a todos lados en un momento determinado y se produzca lo irremediable. ¿Es o no es?
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Sigue el ciclo sobre El bodegón en Bellas Artes
Con éxito total de asistencia, con el salón de actos abarrotado de público --más de cien personas, muchas de ellas de pie, o sentadas en sillas supletorias-- arrancó la primera jornada del Ciclo de conferencias que el Museo de Bellas Artes ha organizado en Badajoz sobre El Bodegón. En el acto de ayer noche intervino la profesora doña Trinidad de Antonio, que nos deleitó con su pausada disertación sobre "Zurbarán y la pintura de los bodegones". Charla que, apoyada con diapositivas, siguió el público atentísimamente y donde tuvimos ocasión de conocer algunos pormenores de la vida y milagros de Zurbarán (principalmente por tierras de Sevilla y Madrid, los dos centros artísticos y económicos de la España de la época), su obra esencial (cuadros eminentemente religiosos, sus escenas, sus santos, sus monjes...), la sencillez de su estilo, el contexto religioso-artístico en que se desenvolvió el siglo XVII, el Siglo de Oro español, los autores coetáneos del pintor de Fuente de Cantos, sus bodegones, los estilos y sus simbolismos. Con especial referencia a un género menor en esa época como era el bodegón (donde la religiosidad propia de la Contrarreforma católica lo impregnaba todo), entre los que se encuentra Zurbarán como uno de los pioneros en la Historia de la pintura española en este género artístico (esas vasijas, esos limones, esas naranjas, esa luz vivísima que desprendían, esas flores de azahar, símbolo de la pureza, ese cordero listo para el sacrificio...). Muy documentado todo, aunque algo repetitivo.
Mañana jueves, día 12, habrá segunda intervención, esta vez de Don Juan Luna, Conservador y Jefe del Departamento de Pintura del siglo XVIII del Museo del Prado, que hablará sobre Los bodegones del Siglo de Oro.
Como de costumbre, la conferencia se celebra en el Salón de actos del Museo badajocense (Duque de San Germán, 3) y da comienzo a las 20,30 horas. Se ruega puntualidad. Aunque, por la asistencia multitudinaria de ayer, yo aconsejaría ir media hora antes para coger sitio. Y es que, al paso que vamos, habrá que pedir al director del Museo, nuestro buen amigo Román Hernández, que nos amplien el salón, que se ha quedado pequeño hace tiempo. Así y todo...
¡ ...nos vemos en el Bellas Artes!
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