Con el todo Badajoz en las calles, con la grey infantil expectante, SS. MM. los Reyes Magos Melchor, Gaspar y Baltasar, acompañado de un variopinto y espectacular cortejo, llegaron a Badajoz ayer noche en medio de la expectación general y una tormenta... ¡de caramelos! Desde antes de las 18,30, con un frío y una humedad que helaban los huesos, la zona de paso de la Cabalgata --avenida de Santa Marina, Enrique Segura, avenida de Europa, Pedro de Valdivia, plaza de Minayo, hasta el paseo de San Francisco-- estaba tomada por familias enteras, convenientemente abrigadas y con los pequeñuelos en lugar preferente. Muchos de ellos portando toda clase de bolsas para la ocasión. No era para menos, había que estar atentos con los caramelos, que esa noche se iban a tirar... ¡cinco mil kilos! Numerosísimos acompañantes, a pie, a caballo, en moto, en tren (turístico), en burro (San José, la Virgen y el Niño), en zancos y bañeras rodantes y, claro es, en espectaculares carrozas decoradas con motivos que nos recordaron las películas de Disneylandia. Y, por el medio, una banda de cornetas y tambores, la de la Cofradía de La Borriquita, de San Roque, que se estrenaba en la cabalgata de Reyes y que, por sus indumentarias, no se sabía muy bien si aquello era Navidad o... ¡Carnaval!
Durante el trayecto, que se hizo deprisa, con puntualidad espartana, los tres Reyes repartieron saludos, sonrisas y puñados de caramelos a diestro y siniestro, especialmente los niños de su corte, que se hincharon de tirar en todas direcciones. Abajo, los pequeñuelos, en la gloria, cogiendo casi a puñados los caramelos, en medio de la satisfacción de sus familiares y allegados, que también se llevaban lo suyo. Un cordón de seguridad de Protección Civil, los manolomonago boys, protegía la marcha de posibles contingencias.
El abajo firmante, que estaba pendiente de hacer sus fotos, muy a pie de cabalgata, recibió numerosos caramelazos por todo el cuerpo, pero son los golpes que con más satisfacción se lleva uno al cabo del año.
Después del recorrido triunfal, los Reyes Magos llegaron al paseo de San Francisco antes de las ocho, y ya estaba tomado por la muchedumbre. Este año me puse en la entrada para ver más de cerca y fotografiar a Sus Majestades, y allí estuvieron cogiendo y besando a los niños, haciéndose fotos con ellos, dedicándoles la mejor de sus sonrisas, etc., etc. Muy en su papel. Una delicia, mientras yo no me cansaba de darle a la máquina, que allí estaban mis nietas y había que aprovechar la ocasión.
Con que los Reyes llegaron a duras penas al templete, donde les esperaba el Alcalde, Miguel Celdrán, y el introductor oficioso de embajadores y visitantes ilustres de Badajoz, nuestro ínclito Emilio González Barroso, dando paso a las intervenciones del Alcalde, que dió la bienvenida a Sus Majestades, y a las de los tres Reyes, que fueron cortas pero emotivas. Melchor (Jesús Villalba) fue el más corto, que tenía la voz cascada de tanto saludar a los niños pacenses durante el recorrido, Gaspar (Alejandro R. del Molino), el más pedagógico y Baltasar (el morenito lusopacense, Jorge Mendoza), el más directo.
Así que terminaron y se marcharon por donde habían venido, entre los aplausos de la concurrencia, hasta el próximo año, no sin antes prometer que volverían cargados de juguetes si, como hasta ahora, los niños pacenses seguían portándose como Dios manda.
Fuera, la gente desprevenida, la que había dejado sus compras para última hora, se afanaba por toda la ciudad en comprar los últimos regalos. Tiempo había, pues esa noche, noche de Reyes, las tiendas cerrarían más tarde que nunca, a las 12. Y había prisa, mucha prisa, que los niños tenían la consigna de acostarse temprano, que venían los Reyes con sus regalos y había que quedar los zapatitos junto al balcón o la ventana.