30 de Diciembre, 2005

¡Una noche a villancicos!

Por El Avisador - 30 de Diciembre, 2005, 10:02, Categoría: General

Anoche, después de las compras en la bulliciosa calle Menacho, Pili y yo, convenientemente abrigados con bufandas para la ocasión, cogimos el hato y nos fuimos derechito al Real Monasterio de Santa Ana. Allí daría comienzo uno de los recitales de villancicos más entrañables y populares que uno ha conocido en esta ciudad. Los chicos del coro..., digo, Las voces corales de Badajoz, nueva agrupación músico-coral que nace en la ciudad, había congregado a más de cincuenta personas, destacando las familias enteras, los niños, incluidos los del chupete, y la gente de edad. Y de la mano del incansable y contagioso Emilio González Barroso, con su inseparable acordeón, entramos en su histórica y recoleta iglesia, donde tenían expuesto un monumental, a la vez que ingenuo, belén. Repleto de figuras enormes --maniquíes--, vestidas al estilo hebreo. Donde, por cierto, la Virgen María era la mismísima Virgen de la Aurora, la titular de la Cofradía que allí radica y que sale el Domingo de Resurrección. Y allí que le cantamos media docena de villancicos, en tanto la comunidad de franciscanas descalzas --una veintena de monjas de todas las edades-- asistía complacida al improvisado recital. Acabada la función, el grupo cogió la calle de Santa Ana y, sin dejar de cantar por el camino, giró a la derecha por Duque de San Germán, llegando a la plazuela de la Soledad, a esas horas con la capilla de la Patrona atestada de fieles y devotos. Un poco más allá, torcimos a la izquierda por José Lanot, para llegar a la parroquia de Santa María la Real (San Agustín), donde otro gran número de personas nos esperaba. Gentes del barrio, de su Hermandad, la del Cristo Yacernte y Ntra. Sra. de las Lágrimas. ¡Cuánta animación al recibirnos! Con que subimos las escalinatas y entramos para contemplar el espléndido y espectacular belén agustiniano, con figuras en movimiento y diversas estampas y cuadros muy bien elaborados. Allí nos apretujamos y seguimos cantando las letras de unos villancicos, cuyos textos nos los habían repartido previamente a la entrada. Así como unas pegatinas que ponía "Villancicos por los Belenes. Navidad 2005".
Acabada la función aquí, el gentío --unas cien personas, cantando sin cesar-- cogió el camino de vuelta hasta llegar a la bocacalle con San Pedro de Alcántara, para subir, siempre sin dejar de cantar, en dirección al Museo de la Ciudad Luis de Morales, en la plaza de Santa María, donde nos esperaba otro monumental belén. Y a los sones del acordeón emilianense, una guitarra, castañuelas, panderetas y botellas de anís, la gente salía de los bares a ver qué pasaba por la calle. Como los hermanos Tabares, de Los Navegantes, que nos saludaban con simpatía, ningún mal modo, ningún petardo, muchas sonrisas y paciencia en los conductores de vehículos con los que nos cruzábamos. Girando a la derecha por la estrechísima vía de Soto Mancera, llegamos a nuestro destino, donde pudimos admirar los bellos dioramas allí expuestos, para bajar a continuación al hermoso claustro del edificio, donde nos dispusimos a cantar, en medio del entusiasmo de la gente, otra media docena de piezas navideñas. Y todas, a cual más populares y conocidas: En el portal de Belén, El Tamborilero, La Virgen y San José, Dale que dale, La marimorena, Los peces en el río, Manolito chiquito, etc., etc. Tras la actuación en el Museo, cogimos el camino de regreso por Soto Mancera, la del arco, y nos metimos en la mismísima iglesia de la Concepción, que está a un tiro de piedra. Con más familias y gentes de la parroquia, de su histórica Hermandad, la del Huerto. Y vuelta a cantar villancicos, con el hermosísimo belén parroquial de fondo.
A falta de un cuarto de hora para las nueve, nos fuimos con la música y los villancicos a otra parte, bien cercana, por cierto: el campo de San Juan. El camino, a pesar de su estrechez, fue una gozada, cantando siempre en grupo, con la gente de aquí y allá saliendo de sus garitos. Y los instrumentistas, con nuestro inefable Emilio destacado, siempre por delante. El viejo Campo de San Juan, la plaza de España, nos ofrecía un escenario magnífico, espléndidamente iluminado para la Navidad. Y allá que fuimos a instalarnos a los pies de la majestuosa Catedral, donde sobresalía su novísimo reloj, iluminado que daba gloria. Con algo más de frío que a la salida y con la gente abrigándose hasta las cejas, hubo tiempo para cantar otros villancicos, concluyendo con el Adestes fideles, el himno oficioso de la Navidad.
Pero cuando íbamos tan plácidamente por el venite adoremus Dominum, cuando parecía que estábamos en la mismísima Gloria, que unas sirenas atronadoras nos hacen dar un respingo y volver la cabeza mientras no dejamos de cantar, eso sí, cada uno a lo suyo. Eran varios coches de la policía local, los del 092, que, a velocidad de vértigo y despidiendo oleadas de centellas --uno, subiendo por Zurbarán y bajando por la del Obispo, y otro entrando en la plaza por López Prudencio--, perseguían "a lo Hollywood" a algún individuo o vehículo sospechoso. De película, pero que no impediría que se rematara como Dios manda y que el renombrado Emilio nos deseara a toda la concurrencia un ¡Feliz Año Nuevo!
¡Qué extraordinario! ¡Cuánta sencillez, espontaneidad, improvisación y buen hacer de esta gente! ¡Un grupo que no tiene director, ni patronos, ni uniforme, ni puñetera falta que le hacen! ¡Un grupo que nace "gracias" a la incompetencia del actual director del Coro del Coservatorio, a quien Dios le conserve la vista! ¡Un acto, en fin, al que no vino nadie a hacerse la foto!
Después de lo vivido ayer, no tengo más remedio que rendir pleitesía a los promotores de esta nueva entidad coral --que, como primera providencia, debería buscarse un nombrecito más idóneo--, entre los que quiero destacar a gente tan emprendedora y entusiasta como Emilio G. Barroso, Demetrio Muñoz, Manolo Torrado, Diego Corrales, Manolo Gallardo, Gloria Mª Salete, Fernando Domínguez, María Luisa Escobar y Eduardo Fernández, entre otros que siento no recordar.

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Refranero del mes de Diciembre

Por El Avisador - 30 de Diciembre, 2005, 10:02, Categoría: General

Cuando está a punto de expirar el mes de Diciembre y el año 2005, bueno será recordar el Refranero, el saber popular sobre el tiempo, el trabajo, la salud, la alimentación, etc., de nuestros abuelos, de la gente del campo, de los recios campesinos y lugareños en nuestro país, en nuestra Extremadura. Consejos que muchos de ellos, además de archisabidos y transmitidos oralmente por los más viejos del lugar, todavía tienen vigencia.
Diciembre es un viejo que arruga el pellejo.
En diciembre, echa la leña y duerme.
De los Santos a Navidad, es invierno de verdad.
Si llueve en la Purísima Concepción, llueve en Carnaval, Semana Santa y Resurrección.
Cuando en Diciembre mucho llueve, buen año el que viene.
Diciembre tiritando, buen enero y mejor año.
Cuando en Diciembre veas nevar, ensancha el granero y el pajar.
En no lloviendo en Nochebuena, no hay sementera buena.
En Diciembre, se hielan las cañas y se asan las castañas.
En Diciembre, no hay valiente que no tiemble.
En Diciembre sale el sol con tardura y poco dura.
Días de Diciembre, es noche oscura, apenas amanece.
En Diciembre, leche y duerme.
El mes de la Pascua, pásalo junto al ascua.
En Diciembre se hielan las cañas y se asan las castañas
Días de Diciembre, días de amargura; apenas amanece, ya es noche oscura
Diciembre tiritando, buen Enero y mejor año.
En Diciembre, el pastor y el labriego descuidan las ovejas y atizan el fuego.
Hasta el día de Navidad no es invierno de verdad.
Por Diciembre, el trueno anuncia Año nuevo.
Por Santa Lucía (día 13), menguan las noches y crecen los días.
En Diciembre, hielos y nieve si quieres que sea buen año el que viene. 
Cuando en Diciembre veas nevar, ensancha el granero y el pajar.
Cuando Diciembre se va tiritando, año bueno viene anunciado.
Buena es la nieve que en su tiempo viene.
Cuando el buho en Diciembre canta, lluvia o templanza.
En Diciembre, heladas y migas almorzadas.
Días de Diciembre, días de amargura; apenas amanece, ya es noche oscura.
En Diciembre, hielos y nieves; lebrillos de matanza y roscos de aguardiente.
Diciembre decembrina, hiere como culebrina.
En Diciembre, siete galgos a una liebre, y ella váse por donde quiere.
Por sol que en Diciembre haga, no sueltes la capa.
El invierno, a veintiuno de Diciembre entra con lluvias y nieves.
En Navidad al balcón; en la Pascua, al tizón.
Horno por Navidad, no tiene descanso.
Hasta que llegue Navidad, no eches mano a podar.
Que bien que mal, mantecados y polvorones por Navidad.
Tras Diciembre nebuloso viene Enero polvoroso.
En principio y fin de Año, crece el día paso a paso.
Cuando el buho en Diciembre canta, lluvia o templanza.
En Diciembre, heladas y migas almorzadas.
Días de Diciembre, días de amargura; apenas amanece, ya es noche oscura.
En Diciembre, hielos y nieves; lebrillos de matanza y roscos de aguardiente.
Diciembre decembrina, hiere como culebrina.
En Diciembre, siete galgos a una liebre, y ella váse por donde quiere.
Por sol que en Diciembre haga, no sueltes la capa.
El invierno, a veintiuno de Diciembre entra con lluvias y nieves.
En Navidad al balcón; en la Pascua, al tizón.
Horno por Navidad, no tiene descanso.
Hasta que llegue Navidad, no eches mano a podar.
Que bien que mal, mantecados y polvorones por Navidad.
Tras Diciembre nebuloso viene Enero polvoroso.
En principio y fin de Año, crece el día paso a paso.

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