Esta mañana tuvimos la suerte de asistir a un acontecimiento histórico
para Extremadura, y, más concretamente, para la ciudad de Badajoz. Se
presentaba y recepcionaba, a un tiempo, el extraordinario Fondo
bibliográfico Clot-Manzanares, que, a partir de ahora, estará a
disposición de todos los extremeños en la Biblioteca General de
Extremadura. La Junta de Extremadura, a través de su Consejería de
Cultura y de Paco Muñoz, su máximo responsable, ha conseguido que este
Fondo, netamente extremeño, con 13.000 signaturas referidas exclusivamente a Extremadura,
10.500 impresas (efímeros, grabados, fotografías, periódicos, revistas,
libros y separatas) y... ¡2.500 manuscritos! Y desde el siglo XV en
adelante. Indescriptible, hermanos. Más que ningún otro fondo
depositado en la Región (Rodríguez Moñino, en Cáceres; Vicente
Barrantes, en Guadalupe), se queda en casa y, más concretamente, en la
capital pacense, cuna de Joaquín González Manzanares, propietario, con
su familia, de este soberbio patrimonio.
El
acto fue sencillo y emotivo y a Joaquín estuvieron a punto de irsele
unas lágrimas. Muy natural, cuando se habla de un patrimonio acumulado,
pieza a pieza, día a día,con el amor de un bibliófilo de pro, durante
más de treinta años. Bien es verdad que ha habido una contraprestación
económica, sus buenos millones, pero sabemos que ha estado muy por
debajo de su coste real en el mercado.
Intervinieron el consejero,
Paco Muñoz, que expuso a grandes rasgos la naturaleza y el contenido
del Fondo, haciendo notar que "ya forma parte de la Biblioteca General
de Extremadura, cabecera funcional y técnica del sistema bibliotecario
en la Región" y "a disposición de todos los extremeños". Día histórico,
el segundo en esta Casa (fundada un 23 de abril de 2002), este 29 de
noviembre. Datos que pasarán, seguro, a los anales de la Cultura en
Extremadura. Le replicó nuestro Joaquín, que, al final, emocionado,
tuvo que leer una mínima parte de lo que llevaba escrito. Un hombre
feliz, sin duda, que tuvo el acierto de ceder su patrimonio a sus
paisanos en vida, viviendo para contarlo, y no como sucede con la
mayoría de las donaciones, que las hacen cuando el prócer está difunto.
Una fecha, 29 de noviembre de 2005, que el bueno de J. G. Manzanares
seguro que ya habrá anotado en el Libro familiar de festividades y
ocasiones, junto con el de la fecha de su nacimiento, su onomástica, su
boda, el nacimiento de los hijos y tal.
Después
de los saludos y parabienes de rigor, tiempo para tomar un cafelito en
el bar de la Facultad, pared con pared con la biblioteca, que te ponen
unos capuchinos excelentes. Y allí, la gente se arremolinó en grupos y
se nos fue la hora. Pagó J. G. M., ¡qué menos, después de la pasta
gansa que se ha llevado!
Y ahora, a esperar el Catálogo, que este Fondo se merece todos los honores.
LAS MIGAS
Pasadas
las doce y media cogimos el hato y nos fuimos por donde vinimos, pero
en dirección a la plazuela de San José, al pie de las murallas, la
primera plaza que tuvo Badajoz. Y allí dejamos el coche, junto a la
ermita de San José, primer Patrón que tuvo la ciudad. Dirección, el bar
Los Navegantes, en la calle San Pedro de Alcántara, la antigua Mesones.
Aunque un pelín tarde, no podíamos perdonarnos unas migas como Dios
manda. Y en el camino, tiempo para saludar a Manolo Salvatierra, el de
la taberna de la plazuela, que lleva allí la intemerata, desde 1961,
concretamente, uno de los últimos "resistentes" del Casco Antiguo, muy
amigo, por cierto de mi santa esposa, que se crió en este barrio
emblemático de Badajoz. Y ya en Los Navegantes, cómo no saludar y hacer
buenas migas con los popularísimos hermanos José y Ángel Tabares, sus
dueños, que siguen al pie del cañón desde los 40, por lo menos. Otros
dos "resistentes" más. Mientras vienen esas dos bandejas de migas,
tiempo para recordar las vivencias de la niñez y la infancia de José,
Ángel y Pili, que fueron juntos ...¡a la escuela de los cagones, con 3
y 4 añitos! Escuela particular de una tal señora Gaspala, que tenía su
casa en la plazuela, por encima del bar de Salvatierra, en el
principal. ¡Y los pequeñuelos, llevando y trayendo sus sillitas de
madera! ¡Pobrecillos! ¡Qué tiempos, Señor! ¡Hace casi 60 años!
Las
migas se comían solas y allí dimos buena cuenta de unas migas al estilo
"navegante", con ajos y pimientos fritos de guarnición. Mientras
rematamos, seguimos dale que te pego y nos enteramos que este conocido
bar fue fundado en 1933 por el abuelo de la familia, don Casimiro
Tabares, al que le siguió en el negocio su padre, Ángel Tabares,
continuando sus hijos, José y Ángel, tanto monta, monta tanto. Nos
despedimos hasta pronto y les deseamos lo mejor para ellos y sus
familias, que son buena gente, del Badajoz de toda la vida, como
decimos por estos pagos. Era casi la una, la hora del aperitivo, con la
gente entrando para tomarse unos chatos, cuando salíamos del lugar. Las
migas, de impresión. Pero es que el prólogo, los libros y manuscritos
de Manzanares y Cía., depositados para los restos en la Biblioteca de
la Alcazaba, en el mismísimo cerro de La Muela, cuna del Badajoz
actual, a disposición de los ciudadanos, había sido memorable. Como
para no celebrarlo.