Ayer sábado a mediodía, con un frío polar que te cruzaba la cara,
aprovechamos para irnos de fiesta al Polígono Industrial El Nevero.
Había movida carnavalera por todo lo alto, organizada esta vez por
cuatro comparsas badajocenses, Balumba, Cambalada, Infectos Acelerados
y Yakaré. Con lo que se denominaría utilizando un acrónimo con sus
iniciales: BA-CA-IN-YA. ¿Clarito, no? Pues allí que nos fuimos la
patronal y el abajo firmante, que tenemos amigos en todas ellas,
especialmente en las agrupaciones de más tronío, Infectos Acelerados y
Cambalada. Que las otras dos son más recientes y hay que ir conociendo
poco a poco al personal. Allí, en el complejo Enbasa, justito al lado
del café-bar Martínez, estaban reunidas centenares de personas, muy
jóvenes todas ellas, especialmente en el interior de una amplísima
nave, sede de los Infectos. Fuera, a las puertas, se estaba sirviendo
el plato-estrella del día: una extraordinaria fabada a la extremeña,
calentita, con tropezones y pan de pueblo, que te quitaba el hambre y
el frío a partes iguales. Después de los saludos a muchos de los allí
presentes, a pesar de la hora, las cuatro de la tarde, hay tiempo para
saludar al personal que está detrás de la barra, los cocineros y sus
auxiliares, entre ellos Abdón Guisado, presidente de los Infectos y
autor de la monumental fabada. Pedimos unos vinos --la bebida y el
resto de consumiciones había que pagarlo-- y nos metimos entre pecho y
espalda una fabada como hacía tiempo no probábamos. De impresión, amigos. Como sería la cosa que yo repetí el plato. Abdón, el cocinero
mayor, y que es el propietario del bar El Boche, en la calle Zurbarán,
tiene unas manos de oro en los guisos. Y me dice que están allí desde
las diez de la mañana y que han utilizado 100 kilos de judías grandes,
8 kilos de chorizo, 8 de morcilla y 8 de beicon. Sin contar con el pan
de pueblo, que estaba buenísimo también y las populares machás, que uno
de los pinches había preparado en casa.
Después de la fabada había tiempo para continuar la fiesta
gastronómica con las ricas pancetas, las longanizas y los pinchos
morunos --todo a 1 euro--, que los hornillos y asadores no pararon en
todo el día. Completado con las bebidas de costumbre --cervezas,
refrescos, calimochos--, todo a un machacante también. Sólo un fallo:
el vino que sirvieron era un tal Duque, de tetrabrik, aguachirri total,
colegas. Pero hoy se perdonaba todo, que estaba uno invitado. Una hora
después nos metimos en la amplísima nave, con sus paredes repletas de
estandartes, banderas, fotografías, placas, trofeos y recuerdos de Los
Infectos, que estaba abarrotada, con cientos de jóvenes bailando y
bebiendo. ¡Discotequeo del bueno! Los organizadores habían montado una
discoteca de impresión y allí no cabía un alfiler. Quisimos llegar
hasta el final, pero a la mitad tuvimos que volver sobre nuestros
pasos. Había peligro de aplastamiento. Saludamos a una prima de Pili a
gritos, porque allí la música estaba puesta a un millón de watios. O
más. Los cubatas y los combinados más o menos exóticos corrían como la
espuma entre las manos del gentío y decidimos salir para no morir en el
intento. Nuevos saludos a gente conocida, de comparsas, murgas y otros
grupos, como Paco, el de Bamboleo, y Fernando, el de Los Infectos. Como
tengo unos ejemplares de mi libro sobre el Carnaval en el coche, que
agarro uno y se lo regalo a Abdón, que fue un anfitrión magnífico.
También hubo tiempo de saludar a dos jóvenes antropólogas, a Rosa
Holgado, la que está haciendo el trabajo de campo para el futuro Museo
del Carnaval de Badajoz, quien ya tiene abundante información mía sobre
el particular, y otra que no conocía, pero que está trabajando en el
Museo del Vino, en Almendralejo. Y, como les decía, que en toda fiesta
que se precie hay que seguir dos máximas etnográficas de cajón: observa
lo más que puedas y participa en todo lo que te dejen. Y allí había que
estar, sumergido entre los grupos festivos, observando y participando,
en esta ocasión comiendo y bebiendo lo que ellos comen y beben.
¡Vivirlo para contarlo después! ¡Viva la Bacainya! ¡Vivan las fabadas
del Abdón! ¡Viva la madre que me parió!