Ayer, viernes, nos dimos la parienta y yo un voltio por la plaza del
pueblo, que había llegado de sopetón el frío a Badajoz y había que
aprovechar el sol por plazas y rincones soleados. Y, ya puestos, a
mediodía entramos en el bar-restaurante Cacenebo, en el número 1 de la
angosta calle de Muñoz Torrero. Estrecha todo lo que queráis, pero
repleta de santuarios gastronómicos para no perderse. Así que pedimos
un buen vino extremeño de crianza --Payva, de Almendralejo-- y, de
paso, la tapa estrella del lugar: muslitos de pollo escabechados a la
extremeña. Muy original y sabrosa, oiga. El bar, uno de los más
solicitados por los badajocenses a la hora del tapeo en esta zona, fue
abierto por don Gabriel Cacenebo en los años posteriores a la guerra
civil, una vez que dejara el popularísimo bar Ideal, en la calle de
Bravo Murillo. Y actualmente lo lleva don Salvador Domínguez, sobrino
del ya fallecido don Gabriel. Mejor dicho, el hijo, Antonio Domínguez.
Él y otro servicial camarero, Manolo Meléndez, yerno de don Salvador,
son los que atienden a la clientela. Entre copa y copa, hay tiempo para
echar un vistazo a sus paredes, donde cuelgan fotos y recortes del
antiguo Bar Ideal, de cuando los años 30, grupos de amigos, etc. Y en
el frontal, junto a la botillería, llama la atención una ristra de
veinte estampas religiosas de cristos, vírgenes y santos de especial
devoción, destacando los que reciben culto en Badajoz. Como de
costumbre, lo religioso y lo profano, de la mano, especialmente en
estos locales de mucha tradición y solera. Y otra cosa de interés: los
que andéis buscando un HOY atrasado, de la semana pasada, aquí lo
encontraréis. Si tenéis una urgencia, como completar el crucigrama y el
sudoku del día, ver las esquelas, etc., no hace falta que vayáis a la
hemeroteca de La Económica, que siempre la tendréis a mano (San Juan,
6). Aquí, en Casa Cacenebo, podéis encontrar el periódico buscado al
tiempo de que os tomáis una copa con los amigos. Lo que pasa es que hay
una pega: si quieres el periódico del día debes ir tempranito, porque
si no, tendrás que esperar la intemerata, que hay clientes que cogen el
diario y se quedan apalancados, se leen hasta la letra chiquinina.